Marc-André ter Stegen ha explicado que su padre abandonó a la familia cuando él tenía diez años y que nunca volvió a verlo. El guardameta alemán, que atraviesa una etapa deportiva condicionada por las lesiones y por la falta de protagonismo en el Barcelona, abordó esa experiencia durante una entrevista en el pódcast Café de Finca.
“No se puede extrañar lo que nunca se tuvo”
Lejos de presentar aquella ausencia como una herida permanente, Ter Stegen aseguró que no siente el vacío que podría esperarse: “No se puede extrañar lo que nunca se tuvo”. Su reflexión no elimina la dureza del abandono, pero muestra cómo ha construido su identidad alrededor de los vínculos que sí permanecieron, especialmente el de su madre.

El futbolista también destacó el papel de su abuelo, quien lo acompañaba a los entrenamientos sin importar el clima ni las dificultades cotidianas. Con el tiempo, Ter Stegen entendió que esa dedicación no era una obligación, sino una forma de compromiso afectivo. Por eso lo definió como su verdadera figura paterna: discreta, constante y cariñosa.
La prioridad después del fútbol
La confesión adquiere mayor relevancia por el momento profesional que vive el portero. Tras recuperarse de una lesión y comprobar que tendría pocas oportunidades en el Barcelona, salió cedido al Girona y posteriormente al Ajax, aunque los problemas físicos volvieron a limitar su continuidad. En ese contexto, su discurso revela una perspectiva que va más allá del rendimiento deportivo.
Ter Stegen situó su principal aspiración en su vida familiar: ver crecer a sus hijos y permitirles elegir quiénes quieren ser. El deseo conecta directamente con su propia infancia: frente a la ausencia de su padre, pretende ofrecer a sus hijos una presencia estable, afectuosa y libre de imposiciones. Su mayor legado, según sus propias palabras, no estaría en los títulos, sino en la seguridad emocional que pueda transmitirles.
