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Ainhoa Brea se instala en Iten para convertir su apuesta por el atletismo en un camino olímpico

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Ainhoa Brea ha cambiado Soto de Llanera por Iten, en Kenia, para intentar llevar su carrera atlética hasta el límite. La asturiana, nacida en 2001 y con 24 años, abandonó el pasado febrero su casa, su empleo y buena parte de las seguridades de su vida anterior para instalarse de manera indefinida en una localidad situada a más de 9.000 kilómetros y 2.500 metros de altitud. Su objetivo no admite demasiadas ambigüedades: vivir del atletismo y alcanzar algún día los Juegos Olímpicos, ya sea en 2028 o en 2032.

“Solo saqué billete de ida porque mi sueño es ir a los Juegos Olímpicos”, explica. La frase resume tanto la dimensión deportiva de su decisión como el riesgo personal que implica. Antes de viajar trabajaba en Amazon y sabía que, si quería concederle una oportunidad real al atletismo, debía hacerlo ahora. En España, sostiene, resulta complicado compatibilizar un entrenamiento exigente con un empleo convencional, especialmente en una disciplina con escasa remuneración fuera de la élite.

Una apuesta sin red de seguridad

La decisión sorprendió incluso a su entorno más cercano. Brea había pasado seis años estudiando en Estados Unidos y regresó a Asturias el verano anterior, pero aquella vuelta no significó renunciar a sus aspiraciones. Durante meses preparó el traslado con su novio, Elyas Ayyoub, y con su amigo Nicolas Anema, ambos sudafricanos. Cuando comunicó que realmente se marcharía a África, familiares y amigos no terminaban de creer que el plan fuese a materializarse.

El viaje no responde, por tanto, a una estancia deportiva puntual ni a una concentración de pocas semanas. La atleta ha reorganizado su vida alrededor de una posibilidad incierta: transformar una práctica que hasta ahora debía compartir con otras obligaciones en su actividad principal. Esa elección refleja una tensión habitual en el atletismo: la exigencia necesaria para progresar suele crecer más deprisa que los ingresos que genera, de modo que muchos deportistas deben decidir entre proteger su estabilidad económica o asumir el riesgo de buscar un salto competitivo.

Por qué Iten concentra tantas expectativas

La localidad keniana es conocida como “The Home of Champions” y se ha convertido en una referencia mundial para los corredores de fondo. Allí establecieron o establecen su base numerosos atletas de alto nivel, entre ellos Eliud Kipchoge, una de las grandes figuras de la historia del maratón. La elección de Brea se apoya en tres factores concretos: la altitud, la concentración de corredores de primer nivel y un coste de vida inferior al de muchos centros europeos de entrenamiento.

La altura no garantiza por sí sola una mejora, pero sí forma parte de una combinación que puede favorecer el rendimiento cuando se acompaña de planificación, descanso y adaptación. Brea ha comprobado que el modelo de trabajo local es especialmente intenso. Los atletas kenianos recorren grandes volúmenes de kilómetros y, en algunos casos, llegan a completar tres sesiones en un mismo día. También le ha llamado la atención la importancia que conceden a la recuperación: en las jornadas suaves reducen al mínimo la actividad y, después de entrenar, dedican el resto del día al descanso.

La llanerense realiza a veces dobles sesiones y describe Iten como un pueblo tranquilo, social y estrechamente conectado. Todo gira alrededor de correr, desde las rutinas diarias hasta las relaciones entre quienes viven allí. La adaptación, sin embargo, también tiene una dimensión cotidiana: echa de menos la comida asturiana y debe acostumbrarse a un entorno muy distinto del de Soto de Llanera.

Entrenar mejor no basta si las marcas no cuentan

El traslado a Kenia ofrece condiciones de preparación difíciles de reproducir, pero también presenta una limitación decisiva para cualquier atleta que aspire a competir internacionalmente. Brea advierte de que las pruebas celebradas allí no siempre están oficializadas, por lo que sus marcas pueden no ser reconocidas a nivel internacional. El problema no es menor: el rendimiento necesita después un escenario reglamentario que certifique los tiempos y permita utilizarlos para acceder a campeonatos y procesos de selección.

Por ese motivo, su plan contempla viajar a Europa para competir y registrar sus resultados. La estrategia combina así dos espacios diferentes: Iten como laboratorio cotidiano de entrenamiento y los circuitos europeos como lugar donde validar oficialmente el progreso. La distancia entre ambos revela que mejorar físicamente y construir una trayectoria deportiva no son exactamente la misma tarea. La primera depende del trabajo diario; la segunda exige además calendario, competiciones homologadas, recursos y oportunidades de visibilidad.

El proyecto que acompaña a la corredora

La experiencia de Brea en Estados Unidos también ha abierto una vía profesional paralela. Junto a su pareja creó RIFT Performance Ltd., una empresa que conecta a atletas kenianos con universidades estadounidenses. El proyecto acaba de firmar su primer contrato con un centro y pretende aprovechar el conocimiento que ambos tienen de los dos sistemas. No se trata solo de una actividad complementaria: puede proporcionar ingresos y, al mismo tiempo, mantener a Brea vinculada a una red deportiva internacional mientras desarrolla su carrera.

Sus metas están ordenadas por etapas. Primero quiere ganarse la vida con el atletismo; después, representar a España en competiciones internacionales. La clasificación olímpica aparece como la culminación de ese recorrido, no como una promesa inmediata. En una disciplina donde la competencia es global y los márgenes de mejora son estrechos, trasladarse a Iten no elimina las dificultades: las concentra en un entorno que exige más, pero también ofrece estímulos y referentes de máximo nivel.

“Si no lo consigo aquí no lo voy a conseguir en ningún lado”, afirma. La frase expresa una convicción personal, aunque también delimita la naturaleza de su apuesta. Brea no ha viajado a Kenia para escapar de la incertidumbre, sino para afrontarla con una estructura distinta: más entrenamiento, más exposición a la cultura del fondo y una empresa que ayude a sostener el proyecto. El resultado dependerá de sus marcas, de su capacidad de adaptación y de que ese esfuerzo encuentre en Europa las competiciones capaces de convertirlo en resultados reconocidos.

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