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Ajax cede ante Heerenveen

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El empate 2-2 frente al Heerenveen dejó al Ajax con una sensación más incómoda que el propio marcador. En el Johan Cruyff Arena, en una jornada con carga simbólica por el trigésimo aniversario del estadio, el equipo de Michel desperdició una ventaja de 2-0 y cedió sus primeros puntos de la temporada 2026-27. El resultado no solo altera la clasificación, donde el Ajax cae al quinto puesto, sino que también expone una fragilidad competitiva que no suele resolverse con un buen arranque ni con una plantilla de nombres reconocibles.

La secuencia del partido fue reveladora. El Ajax dominó desde el inicio, encontró el 1-0 tras un autogol del portero Bernt Klaverboer y amplió diferencias con un disparo lejano de Abdellah Ouazane. Sobre el papel, la superioridad parecía clara. En la práctica, el equipo no cerró el encuentro cuando tuvo margen para hacerlo. La ocasión fallada por Kasper Dolberg para el 2-0 y el gol recibido en el tiempo añadido de la primera parte cambiaron por completo el guion emocional del duelo. Un equipo que controla el ritmo durante media hora, pero no lo convierte en sentención, deja abierta la puerta a que el rival siga creyendo.

Marc-Andre ter Stegen fue, probablemente, el gran argumento para que el Ajax no se fuera al descanso con ventaja mínima o incluso empatado antes. El guardameta cedido por el Barcelona respondió con una parada de mérito ante Luca Oyen y otra ante Dylan Vente, y además sostuvo a su equipo en un tramo de presión visitante. Sin embargo, su actuación también revela una paradoja: un portero puede sostener el techo del resultado, pero no sustituir la falta de control del bloque. Cuando el Heerenveen empezó a ganar segundas jugadas y a encontrar espacio entre líneas, el Ajax ya no dominaba el territorio ni la distancia entre defensa y medio campo.

La fragilidad no nace del empate, nace de la gestión

El dato más importante no es que el Ajax haya empatado, sino cómo llegó a ese empate. Un 2-0 a favor en casa, en un escenario simbólico y con el impulso de la primera jornada, debería ser una plataforma para construir autoridad. En cambio, el equipo redujo la intensidad con el paso de los minutos, perdió precisión en la circulación y permitió que el Heerenveen creciera hasta encontrar el 2-2 por medio de Maxence Rivera. Esa secuencia apunta a un problema recurrente en equipos en reconstrucción: generan ventajas por calidad individual o por tramos de presión, pero no por una estructura estable capaz de sostenerlas.

En términos competitivos, eso tiene consecuencias concretas. En una Eredivisie donde AZ Alkmaar y Groningen han arrancado con seis puntos, cada empate que nace de una ventaja desperdiciada pesa doble. No se trata solo de la tabla. También afecta a la percepción interna del vestuario, al margen de error de Michel y a la lectura externa sobre la capacidad del Ajax para imponer jerarquía en un campeonato que ya no concede títulos por inercia histórica. En ligas medianas europeas, los partidos que se “escapan” contra rivales de mitad de tabla suelen decidir más la temporada que las victorias previsibles.

Hay un segundo elemento que merece atención: las ausencias. La baja de Daley Blind y la salida de Mika Godts al PSG obligaron a introducir a Youri Baas y Abdellah Ouazane. El relevo funcionó por tramos, pero no fue neutro. Blind aportaba lectura defensiva y salida limpia; Godts ofrecía amenaza y desequilibrio. Cuando una plantilla pierde simultáneamente referencias técnicas y continuidad de automatismos, el impacto no siempre se ve en la primera hora de juego, sino en la capacidad para responder cuando el partido se ensucia.

Ter Stegen salva, pero también desnuda el debate

La actuación de Ter Stegen abre otra discusión más amplia. Para el Ajax, contar con un portero de ese nivel es una garantía en partidos cerrados y una protección ante errores de línea. Pero depender de intervenciones extraordinarias para sostener resultados suele ser una señal de que la estructura defensiva todavía no funciona con naturalidad. El barcelonés evitó daños mayores, sí, pero el equipo acabó concediendo demasiadas llegadas claras y demasiadas segundas oportunidades. Ese contraste entre calidad individual y debilidad colectiva es, en esencia, la historia del encuentro.

Desde la perspectiva del rival, el Heerenveen sale reforzado por una razón distinta a la de un simple empate. No ganó el partido, pero sí confirmó que puede competir contra un gigante tradicional incluso cuando el marcador le es adverso. La remontada parcial y la reacción final le permiten presentar un mensaje útil para su temporada: si encuentra continuidad en su presión y mejora la eficacia en área rival, puede mirar más arriba que la octava posición provisional. Equipos de este perfil suelen construir campañas sólidas a partir de resultados como este, que no son épicos, pero sí estratégicos.

La controversia, por tanto, no debería reducirse a si el Ajax “perdió dos puntos”. La pregunta más relevante es si este tipo de tropiezo refleja una anomalía de agosto o un defecto de fondo en un proyecto que todavía no ha consolidado automatismos. La respuesta la dará la repetición. Un empate aislado se corrige; una secuencia de ventajas dilapidadas suele anticipar una temporada más irregular de lo previsto.

Lo que viene para el Ajax y la liga

El futuro inmediato del Ajax dependerá de su capacidad para transformar posesión en control real, no solo en tramos de dominio. Michel necesitará ajustar la protección del área, evitar que el equipo se parta cuando pierde el balón y encontrar una forma más fiable de cerrar partidos antes de que el rival entre en estado de urgencia. En ese sentido, el reto no es ofensivo ni estrictamente defensivo: es de gestión competitiva.

Si el patrón se repite, el riesgo no será únicamente perder la estela del AZ Alkmaar o del Groningen, sino quedar atrapado en un campeonato donde cada empate en casa se convierte en un obstáculo estructural. El Ajax sigue teniendo recursos para pelear en la parte alta, pero este 2-2 recuerda una verdad incómoda: la tradición no suma puntos, y en agosto los partidos aparentemente controlados ya valen tanto como los grandes duelos de primavera.

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