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Alavés y Sevilla abren la Liga entre certezas y dudas

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La primera jornada de LaLiga EA Sports 2026/27 dejó dos resultados con lecturas muy distintas. El Deportivo Alavés derrotó por 3-0 al Getafe en Mendizorroza, en un encuentro marcado por la expulsión de Kiko Femenía y por la actuación decisiva de Mariano Díaz: un gol y dos asistencias en los minutos finales. En el Ramón Sánchez-Pizjuán, el Sevilla FC venció por 2-1 al Rayo Vallecano gracias a un penalti transformado por Peque en el descuento, después de haber ido por detrás desde el minuto cuatro y de jugar los últimos instantes con diez futbolistas.

Los marcadores son claros, pero no describen por sí solos la naturaleza de ambos partidos. El Alavés ganó desde el control territorial, la superioridad por la banda derecha y una gestión más eficaz de los cambios. El Sevilla, en cambio, obtuvo tres puntos después de atravesar largos tramos de desconcierto, conceder ocasiones y necesitar una remontada agónica. Esa diferencia importa porque dibuja dos modelos de inicio de temporada: uno que confirma una idea colectiva y otro que compra tiempo para construirla.

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El Alavés ganó antes de que apareciera Mariano

La imagen más visible del triunfo vitoriano fue Mariano, pero el fundamento del 3-0 se construyó mucho antes de su aparición en el marcador. El Alavés encontró una vía de progresión constante por el costado derecho, con Ángel Pérez como una de las principales fuentes de desequilibrio. La presión sobre la salida del Getafe y la capacidad para atacar los espacios laterales obligaron al equipo madrileño a defender demasiado cerca de su área, una situación especialmente incómoda cuando se juega con un futbolista menos.

El momento determinante llegó con la tarjeta roja directa a Kiko Femenía, revisada por el VAR tras una entrada peligrosa. La expulsión modificó la relación de fuerzas para la segunda mitad y planteó una cuestión que afecta a todos los equipos de la competición: cómo preservar la agresividad defensiva sin convertir cada disputa en un riesgo disciplinario. El Getafe reclamó más tarjetas para el rival, mientras el Alavés interpretó mejor el nuevo escenario y utilizó la superioridad numérica para aumentar la amplitud y acelerar sus ataques.

El 1-0, en el minuto 73, resume esa lectura. Nahuel Tenaglia cortó una salida del Getafe, abrió hacia Mariano y continuó la jugada para rematar de cabeza. No fue únicamente una acción de inspiración individual: nació de una recuperación adelantada, de una ocupación correcta de los intervalos y de una llegada de segunda línea que el bloque visitante no pudo controlar. La jugada convirtió una ventaja territorial en una ventaja concreta y obligó al Getafe a abandonar parte de sus precauciones.

El segundo gol de Mariano, un disparo a la escuadra, confirmó otro elemento relevante. El delantero no se limitó a esperar dentro del área, sino que intervino en la elaboración, atacó los espacios y mantuvo la insistencia cuando el partido parecía encaminado a una victoria mínima. Su último gol liguero se remontaba a cuatro años atrás, un dato que da dimensión a su regreso, aunque no permite sacar conclusiones definitivas sobre su rendimiento futuro.

La derrota del Getafe expone un problema de profundidad

El Getafe llegó al estreno con la expectativa depositada en el regreso de Enes Ünal, capaz de fijar centrales y ofrecer una referencia ofensiva. El delantero apareció en zonas de peligro y tuvo una ocasión muy clara de cabeza, pero el equipo echó de menos más recursos alrededor suyo. Las ausencias o la falta de protagonismo de futbolistas como Mauro Arambarri y Luis Milla redujeron la capacidad del conjunto para gobernar el centro del campo y sostener ataques prolongados.

La cuestión no es solamente contar con buenos titulares, sino disponer de alternativas capaces de alterar el partido. El Alavés sí encontró respuestas desde el banquillo, con Mariano y Mikel Rodríguez aportando profundidad y precisión. El Getafe, por el contrario, pareció perder estructura a medida que buscaba el empate. Las modificaciones de José Bordalás no corrigieron la inferioridad y, en el tramo final, el equipo quedó expuesto a transiciones que terminaron ampliando el resultado de 1-0 a 3-0.

Para un club acostumbrado a competir en márgenes estrechos, la derrota presenta un coste adicional. El Getafe debe preparar la ida del playoff de la Conference League contra el Partizán apenas unos días después. La exigencia física y mental de dos partidos oficiales al comienzo de la campaña puede convertir una mala tarde en una cadena de problemas: pérdida de confianza, mayor rotación, riesgo de lesiones y dificultades para administrar cargas en una plantilla que, según lo visto en Vitoria, no parece tener la misma profundidad en todas sus posiciones.

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El Sevilla ganó, pero el resultado no despeja las dudas

En Sevilla, el marcador pudo ocultar durante unos minutos la fragilidad del equipo local. Álvaro García adelantó al Rayo en el minuto cuatro y los visitantes no se limitaron a proteger la ventaja: presionaron, avanzaron con criterio y tuvieron oportunidades para marcar el segundo. La superioridad inicial del conjunto de Vallecas mostró que el Sevilla todavía no controla con regularidad los ritmos del partido, especialmente cuando recibe un golpe temprano y debe asumir la iniciativa ante su público.

El penalti de Augusto Batalla, anulado tras la intervención del VAR, también influyó en la dinámica. El Sevilla pudo haberse marchado al descanso con una ocasión inmejorable para empatar, pero la revisión arbitral devolvió la acción al terreno de la discusión técnica. Estas jugadas tienen un impacto que excede la decisión puntual: modifican la confianza de los futbolistas, alteran la relación con la grada y pueden condicionar la estrategia de los entrenadores. En este caso, el Rayo mantuvo su ventaja y el Sevilla tuvo que reconstruir el partido desde una posición emocionalmente incómoda.

La reacción local fue gradual. Isaac Romero dispuso de una oportunidad aislada, pero el equipo necesitó los cambios para ganar energía y presencia entre líneas. La entrada de Peque resultó especialmente importante porque ofreció movilidad, capacidad para recibir en zonas intermedias y una amenaza más directa en los metros decisivos. Jon Guridi empató de penalti y, desde entonces, el encuentro se convirtió en una sucesión de episodios en la que el Sevilla mostró voluntad, pero no siempre control.

La expulsión de Kike Salas en el minuto 88 parecía inclinar definitivamente el partido hacia el Rayo. Sin embargo, los visitantes desperdiciaron varias ocasiones, entre ellas acciones de Florian Lejeune y Alemao, y después concedieron una pérdida de Pedro Díaz que terminó siendo decisiva. El penalti cometido por Lejeune sobre Robbie Ure permitió a Peque marcar el 2-1 en el descuento. La secuencia revela una paradoja: el Sevilla tuvo la capacidad competitiva para resistir con diez, pero necesitó que el rival fallara y que una acción aislada resolviera un encuentro que durante buena parte de la noche había jugado peor.

La primera conclusión: los banquillos ya marcan diferencias

Una de las claves compartidas por ambos partidos es el peso de las decisiones desde la zona técnica. Quique Sánchez Flores acertó al introducir a Mariano y Mikel Rodríguez en un momento en el que el Alavés necesitaba convertir su dominio en ocasiones. En Sevilla, la entrada de Peque cambió el tono ofensivo y terminó produciendo el gol de la victoria. En una temporada con calendarios cada vez más densos, esta capacidad para modificar los partidos puede tener un valor comparable al de la calidad del once inicial.

La razón es estructural. El fútbol actual somete a los equipos a más esfuerzos de alta intensidad y reduce la posibilidad de mantener durante noventa minutos el mismo nivel de presión, velocidad y concentración. Los entrenadores necesitan suplentes preparados para intervenir en contextos específicos: atacar una defensa replegada, sostener una ventaja, cubrir una expulsión o aprovechar el cansancio del adversario. Alavés y Sevilla empezaron con tres puntos, pero también con una señal sobre qué clubes pueden beneficiarse de la profundidad de sus plantillas.

La diferencia puede adquirir mayor importancia en los equipos que combinan Liga y competición europea. El Getafe, que afrontará el playoff de la Conference League, tendrá que rotar antes de haber consolidado sus automatismos. El Sevilla, por su parte, necesita una mejora colectiva para que la producción de sus cambios no se convierta en una dependencia permanente. Ganar partidos en el descuento puede elevar la confianza, pero repetir ese patrón durante una temporada completa suele aumentar la volatilidad y el desgaste.

Rayo y Getafe plantean la misma pregunta desde lados opuestos

El Rayo Vallecano se marchó de Sevilla sin puntos, aunque durante muchos minutos ofreció la actuación más convincente de su equipo. Su problema fue la gestión del final. Perdonó el segundo gol cuando tenía al rival desorganizado, concedió una transición tras una pérdida evitable y cometió un penalti en una acción que podía haberse defendido con mayor prudencia. La derrota no invalida su propuesta, pero sí expone la distancia entre jugar bien y cerrar los partidos.

El Getafe vivió una situación inversa. No dominó el encuentro y fue castigado por su inferioridad numérica, pero tuvo opciones para empatar después del 1-0, incluido el remate de Ünal. En ambos casos aparece el mismo factor competitivo: la eficacia en las áreas. LaLiga suele decidirse por detalles de este tipo, especialmente entre clubes con presupuestos y objetivos próximos. Una ocasión fallada, una expulsión o un penalti en los últimos minutos pueden mover varios puestos en la clasificación a final de temporada.

Para los futbolistas, esa realidad genera una tensión específica. Los defensas deben decidir cuándo asumir riesgos y cuándo proteger el resultado; los centrocampistas han de valorar si acelerar o conservar la posesión; los delanteros soportan la presión de transformar una única ocasión. Los entrenadores, mientras tanto, quedan expuestos a una discusión difícil de resolver: un plan valiente puede producir ocasiones y también dejar espacios, mientras que un enfoque conservador reduce el riesgo inmediato, pero puede impedir que el equipo liquide el encuentro.

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Mariano ofrece una historia de redención, no una garantía

El rendimiento de Mariano concentra una parte importante de la atención mediática porque combina impacto deportivo y valor narrativo. Marcar después de cuatro años sin hacerlo en Liga, asistir dos veces y aparecer en el tramo decisivo transforma al delantero en uno de los nombres de la jornada. Para el Alavés, su aportación puede representar una solución ofensiva y una fuente de visibilidad; para el jugador, abre la posibilidad de recuperar continuidad en un contexto menos sometido a la competencia de las grandes plantillas.

Pero convertir un partido extraordinario en una tendencia sería un error de análisis. La expulsión del Getafe, el cansancio acumulado y los espacios del tramo final favorecieron las características de Mariano. La verdadera prueba llegará cuando deba participar desde el inicio contra defensas replegadas, cuando tenga menos metros para correr y cuando el rival prepare una vigilancia específica sobre sus movimientos. Su actuación mejora las expectativas del Alavés, pero también eleva las exigencias: a partir de ahora, cada aparición será comparada con el estreno perfecto.

VAR, disciplina y la nueva economía de los pequeños detalles

Los dos encuentros estuvieron atravesados por decisiones arbitrales revisadas o condicionadas por el videoarbitraje: la roja a Femenía, el penalti anulado en Sevilla y las acciones que derivaron en los lanzamientos desde los once metros. El VAR aporta una capa adicional de control, pero también transforma la experiencia del partido. Los equipos deben defender de manera más técnica, evitar contactos innecesarios dentro del área y asumir que una acción aparentemente menor puede ser revisada varios minutos después.

Esta evolución favorece a los conjuntos con mayor capacidad de análisis y preparación. Las áreas de rendimiento pueden estudiar patrones de entradas, bloqueos, disputas aéreas y movimientos dentro del área para reducir riesgos. También aumenta la responsabilidad de los futbolistas, porque la frontera entre intensidad y conducta sancionable se vuelve más estrecha. El peligro no es únicamente perder a un jugador: una expulsión temprana modifica el plan físico, obliga a cambiar roles y puede destruir la estructura competitiva de un equipo durante más de una hora.

La controversia persistirá mientras las decisiones del VAR sigan siendo determinantes en el resultado. Los clubes pedirán criterios uniformes, los entrenadores reclamarán mayor claridad y los aficionados continuarán interpretando las revisiones desde la emoción del marcador. La única respuesta sostenible pasa por una aplicación más homogénea de los protocolos y por una comunicación arbitral que explique mejor las decisiones sin convertir cada jornada en un debate sobre el sistema.

Qué puede cambiar en las próximas semanas

El Alavés sale reforzado en tres frentes: confianza, credibilidad del proyecto de Quique Sánchez Flores y percepción de que puede competir con recursos ofensivos variados. Si mantiene la presión lateral y mejora la precisión en los primeros ataques, tendrá herramientas para incomodar a rivales de perfil similar. El riesgo está en la dependencia de acciones individuales y en el desgaste que puede producir un fútbol intenso si la plantilla no sostiene el ritmo.

El Sevilla obtiene algo más valioso que un triunfo aislado: margen temporal. La grada necesitaba una respuesta y la remontada evita que las dudas se conviertan en una crisis desde la primera jornada. Sin embargo, el equipo deberá mejorar la salida de balón, la defensa de las transiciones y la capacidad para controlar un resultado favorable. Peque aparece como una alternativa de peso, pero el crecimiento no puede descansar exclusivamente en su talento ni en la inspiración de los minutos finales.

El Rayo tiene motivos para conservar su identidad, aunque necesita mayor contundencia en ambas áreas. El Getafe debe resolver con rapidez la cuestión de la profundidad y gestionar la carga del calendario europeo. En una competición donde los presupuestos establecen diferencias, la organización, la disciplina y la eficacia pueden equilibrar muchos partidos; también pueden agrandar las distancias cuando se repiten los mismos errores.

La jornada inaugural no permite ordenar todavía la temporada, pero sí deja una advertencia común: la Liga se decidirá tanto por la calidad del plan como por la capacidad de adaptarlo cuando el partido se descompone. El Alavés supo aprovechar ese caos y el Sevilla sobrevivió dentro de él. Mariano y Peque pusieron los nombres propios, pero el verdadero mensaje pertenece a las estructuras: quien tenga respuestas desde el banquillo, controle el riesgo disciplinario y convierta las ocasiones tardías empezará a acumular una ventaja que, con el paso de las semanas, puede ser mucho más importante que estos primeros tres puntos.

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