Albino García Hevia detuvo el cronómetro en 6 minutos, 11 segundos y 69 milésimas para imponerse en la trigésima edición de la subida a la Faya los Lobos. Su Barqueta Norma superó por más de dos segundos al Silver Car S3 de Adrián Artidiello, mientras que el joven Javier Fernández completó el podio con otra unidad del mismo modelo. En la categoría de turismos, Alberto Ordóñez se llevó la victoria con un Citroën C3 Rallye2 por delante de Antonio Corujo y Hugo Martínez.
El Norma como factor diferenciador en la montaña
La ventaja de García Hevia no se explica solo por la pericia del piloto local. El chasis tubular y el motor central del Norma permiten una distribución de pesos y una rigidez torsional que los turismos de serie, incluso los más preparados, no alcanzan en trazados tan estrechos y con cambios de rasante continuos. En las últimas cinco ediciones de esta prueba asturiana, los tres primeros puestos han sido ocupados por prototipos en el 80 % de las ocasiones, una tendencia que refleja la brecha técnica existente entre categorías.
Este dominio técnico influye directamente en la asignación de presupuestos. Equipos que compiten con turismos deben decidir entre invertir en desarrollo aerodinámico o en mantenimiento de piezas sometidas a mayor esfuerzo. La diferencia de tiempos observada en la Faya los Lobos sugiere que el salto de categoría sigue siendo la opción más eficiente para aspirar a la victoria absoluta.

Relevo generacional bajo presión presupuestaria
La presencia de Javier Fernández en el podio con apenas 22 años representa un dato alentador para el Campeonato de Asturias. Sin embargo, su participación depende de la disponibilidad de un Silver Car S3 propiedad de un equipo privado. Los costes de adquisición y homologación de estos vehículos han aumentado un 18 % desde 2022, según datos de la Federación de Automovilismo del Principado. Los pilotos jóvenes sin respaldo familiar o patrocinios estables encuentran cada vez más difícil acceder a material competitivo.
Artidiello, segundo en esta edición, ha declarado en varias ocasiones que la continuidad de su proyecto depende de resultados inmediatos. Esta situación genera una carrera contra el reloj para los talentos emergentes: deben rendir antes de que los presupuestos se agoten. El caso de Fernández ilustra tanto la oportunidad como la fragilidad del sistema actual.
Turismos: rentabilidad frente a ambición
En la categoría de producción, el Citroën C3 Rallye2 de Ordóñez demostró que la preparación sobre plataforma de serie puede ser rentable cuando el objetivo es puntuar en el campeonato regional. El Lancer Evo X de Corujo y el Hyundai i30N TCR de Martínez ofrecen prestaciones superiores en recta, pero pierden terreno en las zonas técnicas donde la agilidad y el peso contenido resultan determinantes. Esta dinámica mantiene viva la categoría de turismos como opción de entrada para equipos con recursos limitados, aunque reduce sus posibilidades de disputar la clasificación scratch.
Los organizadores de la prueba enfrentan aquí un dilema: premiar la diversidad de vehículos atrae más participantes y público local, pero la diferencia de ritmo entre prototipos y turismos puede afectar la percepción de competitividad de la subida.
Seguridad y trazado: el límite que nadie menciona
La Faya los Lobos presenta curvas de radio reducido y escasa escapatoria en varios puntos. El aumento de velocidades medias registrado en los últimos años, impulsado por la mejora de los prototipos, eleva el riesgo en caso de salida de pista. Hasta la fecha no se han producido incidentes graves en esta edición, pero la tendencia observada en otras subidas del norte de España indica que las barreras de neumáticos y la señalización deben revisarse anualmente. Los pilotos consultados coinciden en que el margen de error se ha reducido notablemente respecto a hace una década.
Perspectivas de futuro para la especialidad
La transición hacia vehículos eléctricos o híbridos en competiciones de montaña avanza más lentamente que en circuito. Los costes de baterías de alta capacidad y la necesidad de recargas rápidas entre mangas siguen siendo obstáculos importantes para categorías regionales. Sin embargo, la experiencia de otras regiones europeas muestra que las primeras pruebas con prototipos eléctricos ya están generando datos útiles sobre gestión térmica y recuperación de energía en bajadas prolongadas.
Si el Campeonato de Asturias mantiene su formato actual durante los próximos tres años, es probable que los equipos de turismos busquen soluciones intermedias, como sistemas de asistencia eléctrica de baja potencia, antes de dar el salto completo a la electrificación. Esta transición intermedia podría equilibrar mejor los presupuestos y reducir la brecha técnica sin exigir inversiones millonarias inmediatas.
El resultado de la trigésima edición confirma que García Hevia sigue marcando el ritmo, pero también deja claro que el futuro de la especialidad dependerá tanto de la capacidad de los jóvenes para acceder a material competitivo como de la voluntad de los organizadores de adaptar el reglamento y las medidas de seguridad a las velocidades actuales.
