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Alternatura entre promoción deportiva y gestión del riesgo

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La expedición de Alternatura a los Dolomitas, organizada por el Ayuntamiento de Sagunt, representa mucho más que el cierre simbólico de una temporada de senderismo. La participación de 36 personas durante ocho días en una de las zonas alpinas más reconocidas de Italia proyecta el valor de las políticas municipales que vinculan actividad física, salud y convivencia. Sin embargo, también plantea interrogantes sobre la seguridad en alta montaña, la sostenibilidad de este tipo de viajes y la capacidad de los programas públicos para crecer sin perder control sobre sus riesgos.

El recorrido tuvo como base el valle de Alta Badia y combinó jornadas de entre seis y ocho horas con ascensiones y travesías de considerable exigencia. El Piz Boè, de 3.152 metros, las Tre Cime di Lavaredo, el refugio Nuvolau y la Galleria Lagazuoi, situada a 2.752 metros, no son únicamente atractivos turísticos: son escenarios sometidos a cambios meteorológicos rápidos, desniveles importantes y condiciones que pueden superar la preparación de senderistas ocasionales. La experiencia, por tanto, debe valorarse tanto por sus resultados deportivos como por la calidad de la planificación que la hizo posible.

Una política local con efectos más allá del ocio

Alternatura puede generar beneficios directos en la salud pública. La práctica regular de senderismo favorece la resistencia cardiovascular, el control del sedentarismo y el bienestar psicológico, especialmente cuando se desarrolla en grupo. El hecho de que la actividad esté articulada desde un departamento municipal facilita el acceso a personas que quizá no participarían en clubes privados o viajes especializados. Además, la programación continuada, con propuestas de otoño e invierno previstas para octubre, ayuda a convertir una excursión puntual en un hábito activo.

La convivencia es otro resultado relevante. Compartir una semana de rutas, comidas y decisiones cotidianas en un entorno exigente puede reforzar las redes sociales entre vecinos y reducir el aislamiento de algunos participantes. Esa dimensión comunitaria explica parte del atractivo de los programas municipales: no se limitan a ofrecer una actividad física, sino que crean espacios de pertenencia. Para Sagunt, la expedición también puede contribuir a asociar la ciudad con una gestión pública orientada al envejecimiento activo, la prevención sanitaria y el uso responsable del tiempo libre.

Existe, además, una oportunidad educativa. Una salida internacional a los Dolomitas permite conocer un modelo de turismo de naturaleza que combina refugios, senderos señalizados, transporte de montaña y patrimonio histórico, como el vinculado a la Galleria Lagazuoi. Si la experiencia se acompaña de información sobre geología, biodiversidad, historia y normas de acceso, el viaje puede formar a los participantes como visitantes más conscientes. El retorno no sería solo físico o emocional: también podría trasladarse a los espacios naturales cercanos de la Comunidad Valenciana mediante mejores hábitos de prevención y respeto ambiental.

La altitud convierte la logística en un asunto central

El principal riesgo deriva de la distancia entre el senderismo recreativo habitual y la alta montaña alpina. A más de 3.000 metros disminuye la disponibilidad de oxígeno y pueden aparecer síntomas relacionados con la altitud, incluso en personas con buena condición física. La fatiga acumulada por rutas de seis u ocho horas aumenta la probabilidad de torceduras, caídas, deshidratación o decisiones erróneas durante el descenso. La experiencia previa, la edad y el estado de salud de los participantes son variables decisivas, pero no aparecen detalladas en la información disponible, lo que impide valorar con precisión el nivel de exposición.

Las condiciones meteorológicas introducen una incertidumbre adicional. En los Dolomitas, una jornada aparentemente estable puede cambiar con rapidez por tormentas, niebla, viento o descenso brusco de las temperaturas. La visibilidad reducida afecta especialmente a pasos elevados, zonas rocosas y recorridos próximos a refugios. La seguridad no depende únicamente de la resistencia del grupo, sino de la posibilidad de modificar itinerarios, aplazar ascensiones o evacuar a una persona sin retrasar al conjunto. Un programa público debe asumir que renunciar a una ruta puede ser una decisión correcta, aunque reduzca el atractivo inmediato de la actividad.

También es necesario considerar la responsabilidad institucional. Cuando un ayuntamiento organiza y difunde una expedición, los participantes pueden interpretar que existe un nivel de supervisión y cobertura superior al de un viaje privado. Esto exige protocolos claros sobre selección de rutas, seguros, información médica, ratios de monitores, comunicación con servicios de emergencia y procedimientos ante una separación del grupo. No significa que la administración pueda eliminar todos los accidentes, pero sí que debe demostrar que ha identificado los escenarios previsibles y que dispone de respuestas proporcionadas.

Éxito deportivo, pero con una huella que medir

El impacto ambiental es menos visible que el deportivo, aunque puede adquirir relevancia si este tipo de expediciones se repite o amplía. El desplazamiento de 36 personas hasta los Alpes implica emisiones asociadas al transporte, mientras que la concentración de visitantes en senderos y miradores puede aumentar la erosión, la generación de residuos y la presión sobre refugios y servicios locales. Las Tre Cime di Lavaredo y otros enclaves de los Dolomitas reciben una elevada afluencia turística; una actividad organizada debe evitar presentar el paisaje como un escenario ilimitado para el consumo de experiencias.

La convivencia entre participantes puede favorecer conductas responsables, pero también generar un efecto contrario si el grupo prioriza completar todos los hitos previstos. La presión por alcanzar el Piz Boè o recorrer determinados lugares puede llevar a mantener el plan pese a señales de cansancio o deterioro ambiental. Una evaluación seria debería incluir, además del número de personas y rutas realizadas, información sobre residuos, uso de transporte colectivo, respeto de áreas restringidas y coordinación con operadores y autoridades del territorio visitado.

Acceso público y límites de la expansión

El programa ofrece una vía de acceso relativamente estructurada a una experiencia que, de manera individual, puede resultar compleja y costosa. Esa democratización es positiva, pero no elimina el problema de la equidad. Un viaje internacional de ocho días puede quedar fuera del alcance económico de parte de la población, incluso si la organización municipal reduce algunos costes. Si las plazas se asignan sin criterios transparentes o favorecen a quienes ya cuentan con experiencia, el programa podría terminar beneficiando a un segmento reducido y bien preparado, en lugar de ampliar la participación deportiva.

La selección de los 36 senderistas, la existencia de posibles listas de espera y la política de precios son elementos que convendría hacer públicos para valorar el alcance social de la iniciativa. También sería razonable estudiar alternativas con distintos niveles de dificultad, apoyos para personas con menos experiencia y actividades de preparación previas. Una progresión que incluya rutas locales, sesiones sobre orientación y talleres de primeros auxilios permitiría reducir la brecha entre quienes ya dominan la montaña y quienes se incorporan por primera vez a un recorrido alpino.

La continuidad anunciada para otoño e invierno abre una oportunidad, pero introduce otros riesgos. El frío, la menor duración del día, la lluvia y, en ciertos entornos, la nieve, obligan a revisar el material, los itinerarios y la cualificación necesaria. No sería prudente trasladar automáticamente el modelo estival a condiciones invernales. La programación debería distinguir entre senderismo de baja dificultad, actividades con riesgo de hielo y propuestas que requieran formación técnica, evitando que el atractivo del calendario se imponga a una evaluación realista de capacidades.

La próxima temporada pondrá a prueba el modelo

El balance de la expedición puede servir para consolidar una metodología municipal más exigente. Sería útil recoger de forma sistemática incidentes, abandonos, tiempos reales, dificultades médicas, percepción de los participantes y cumplimiento de las medidas ambientales. Esa información permitiría ajustar la duración de las rutas, establecer criterios de aclimatación y mejorar la comunicación previa. La evaluación no debería entenderse como una carga burocrática, sino como una herramienta para que el éxito no dependa únicamente de que no se haya producido un accidente grave.

El crecimiento de Alternatura puede fortalecer la cultura deportiva de Sagunt siempre que vaya acompañado de límites claros. Más plazas, destinos internacionales o recorridos de mayor dificultad no equivalen necesariamente a una mejor política pública. El indicador más sólido será la capacidad de mantener una participación diversa, proteger a los usuarios, respetar los territorios visitados y ofrecer alternativas cuando el clima o la preparación aconsejen cambiar de plan. La expedición a los Dolomitas deja así una imagen favorable de cooperación y actividad física, pero también una responsabilidad: convertir una experiencia exitosa en un sistema de montaña seguro, inclusivo y ambientalmente consciente.

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