Tras el triunfo 2-1 sobre Inglaterra en semifinales del Mundial, los jugadores de Argentina desplegaron en el Mercedes-Benz Stadium una pancarta con el lema “Las Malvinas son argentinas”. El gesto se produjo minutos después del gol de Lautaro Martínez en el descuento y coincidió con el 40 aniversario del histórico duelo de 1986.

El reclamo territorial, originado en la guerra de 1982, funciona como símbolo de unidad nacional más que como provocación directa. Leandro Paredes lo resumió al afirmar que “Las Malvinas serán siempre argentinas”, mientras el técnico Lionel Scaloni pidió mantener separada la rivalidad deportiva del conflicto bélico. La escena ilustra cómo el fútbol canaliza memorias colectivas sin alterar el resultado en el campo.
La vicepresidenta Victoria Villarruel había calificado antes del partido a los británicos como “piratas usurpadores”, reforzando el trasfondo político. Sin embargo, la celebración se limitó al terreno de juego y no derivó en incidentes. Este episodio confirma que la cuestión de las Malvinas sigue presente en la identidad argentina cada vez que se enfrenta a Inglaterra, aunque el foco principal permanezca en la búsqueda del bicampeonato mundial.
