La Champions League 2026/27 todavía no tiene definido su cuadro principal, pero la competencia ya entró en una de sus etapas más exigentes. La tercera ronda clasificatoria comenzó este martes con una serie de partidos que funcionan como una frontera deportiva y económica: quienes la superen quedarán a un paso de la fase de liga; quienes fallen deberán resignarse a continuar, en algunos casos, en torneos europeos de menor jerarquía o directamente a cerrar su aventura internacional.
En ese escenario aparecen varios futbolistas argentinos, o vinculados con el fútbol argentino, distribuidos en clubes de Croacia, Israel, Grecia, Países Bajos, Bélgica y Francia. La presencia no es meramente anecdótica. Para estos jugadores, las eliminatorias representan una oportunidad de exposición ante el mercado europeo, pero también una prueba de adaptación en planteles que deben competir bajo una presión distinta a la de los campeonatos nacionales. Cada partido puede incidir en la planificación de una temporada completa.
La clasificación como frontera deportiva
El sistema vigente convierte a las rondas previas en un largo proceso de selección. Los equipos que no ingresan directamente por su posición en las principales ligas deben atravesar varias instancias, con viajes, calendarios comprimidos y poco margen para recuperarse de un mal resultado. La tercera ronda es especialmente sensible porque los ganadores avanzarán a los playoffs, donde ya esperan AEK Atenas, LASK, Viking y Celtic. En esa instancia se definirán los últimos siete lugares de la fase de liga.
La diferencia entre avanzar y quedar eliminado excede el aspecto deportivo. La clasificación garantiza partidos contra algunos de los clubes más poderosos del continente, ingresos por derechos audiovisuales, mayor recaudación en los estadios y una vidriera internacional de enorme valor. Para entidades de mercados medianos, como las de Bélgica, Croacia, Grecia o Israel, esa posibilidad puede modificar el presupuesto anual. Por eso los encuentros de ida no deben leerse como simples partidos de agosto: son decisiones estratégicas con consecuencias financieras.
El formato también incrementa la importancia de cada gol. La fase de liga mantiene una tabla única y ocho partidos por equipo, pero llegar a ella exige superar una cadena de eliminatorias en la que cualquier desconcentración puede tener un costo definitivo. El empate 3-3 entre Union Saint-Gilloise y Bodø/Glimt, por ejemplo, dejó una serie abierta y trasladó toda la tensión a la revancha. El 5-0 conseguido por Dinamo Zagreb ante Kauno Zalgiris, en cambio, construyó una ventaja que parece determinante, aunque el fútbol europeo suele castigar la excesiva confianza.

Los argentinos, en escenarios diferentes
Franco Baldassarra fue titular en el triunfo del Dinamo Zagreb sobre el Kauno Zalgiris. El exjugador de Platense forma parte de una experiencia que resume el recorrido de muchos futbolistas argentinos: salir de un club local, adaptarse a otra liga y encontrar en una competencia europea una vía para aumentar su cotización. En un resultado tan amplio, su principal desafío en la vuelta será sostener la concentración y confirmar que la superioridad mostrada en Croacia no fue circunstancial.
En Israel, Hapoel Be’er Sheva derrotó 1-0 a Estrella Roja de Serbia. En el banco del conjunto ganador estuvo Marco Wolff, arquero con pasado en Tigre entre 2017 y 2021. Su situación muestra otra dimensión de estas campañas: no todos los jugadores argentinos intervienen directamente, pero aun así forman parte de estructuras que se juegan la temporada en noventa minutos. La competencia interna por el puesto, además, suele intensificarse cuando un club disputa partidos de alta visibilidad.
Grecia concentró una de las escenas más particulares. Olympiacos igualó 0-0 como visitante frente a NEC Nijmegen, en un partido en el que Francisco Ortega no estuvo disponible luego de convertirse en refuerzo de River. El equipo griego contó entre sus suplentes con Pablo Maffeo, lateral español de nacionalidad argentina, y Lorenzo Scipioni, ex Tigre; Maffeo ingresó a los 56 minutos. Del lado neerlandés fue titular Gonzalo Crettaz, arquero español-argentino. La serie refleja cómo las trayectorias nacionales se cruzan en el fútbol europeo: un jugador regresa a Sudamérica mientras otros buscan consolidarse lejos de casa.
En República Checa, Lyon perdió 2-1 ante Sparta Praga sin Nicolás Tagliafico. El defensor argentino ya se encuentra nuevamente en Francia, pero continúa con su descanso después de haber disputado la final del Mundial 2026. Su ausencia introduce un elemento habitual en los calendarios contemporáneos: la necesidad de equilibrar la exigencia competitiva con la recuperación física. Para un club que debe remontar una eliminatoria, prescindir de un futbolista experimentado puede ser una desventaja; para el jugador, administrar los tiempos puede resultar determinante para evitar lesiones en una temporada extensa.
Kevin Mac Allister, titular en Union Saint-Gilloise, participó del empate frente a Bodø/Glimt. Su presencia prolonga una tradición familiar vinculada con la alta competencia internacional, pero también expone una realidad más amplia: los defensores argentinos continúan encontrando espacio en equipos que necesitan personalidad y capacidad de adaptación. La titularidad en una serie clasificatoria no es una garantía de continuidad, aunque sí puede convertirse en una señal relevante para entrenadores, representantes y clubes que observan el mercado.
El peso económico de una noche europea
Para los clubes involucrados, la clasificación puede generar un efecto multiplicador. La llegada a la fase de liga supone más partidos, mayor exposición comercial y la posibilidad de enfrentar a instituciones con presupuestos muy superiores. Incluso cuando un equipo no logra avanzar a las instancias finales, competir contra rivales de primera línea puede elevar el valor de sus futbolistas y mejorar su posición en futuras negociaciones.
Ese mecanismo explica por qué las rondas previas son también un mercado de oportunidades. Un jugador argentino que actúe bien frente a un rival de mayor tradición puede captar la atención de clubes de ligas más fuertes. La secuencia es conocida: una buena eliminatoria mejora la visibilidad, la visibilidad fortalece el poder de negociación y ese poder puede traducirse en una transferencia o en un contrato más favorable. Sin embargo, el proceso también tiene un costado vulnerable. Un error decisivo, una expulsión o una lesión pueden afectar la percepción sobre un futbolista de manera desproporcionada, especialmente cuando el partido es observado por una audiencia internacional.
Los presupuestos también están en juego. Para entidades como Hapoel Be’er Sheva, Union Saint-Gilloise o Dinamo Zagreb, una clasificación puede sostener inversiones en infraestructura, formación y plantel. En cambio, quedar eliminado temprano obliga a revisar gastos y objetivos. La dependencia de los ingresos europeos puede crear una brecha entre clubes que participan regularmente y aquellos que llegan de manera ocasional. Así, la Champions no solo premia al mejor equipo de una noche: tiende a reforzar las ventajas acumuladas de quienes ya poseen mayor capacidad institucional.
La geografía también juega el partido
Las eliminatorias obligan a recorrer distancias importantes en un período reducido. Croacia, Lituania, Noruega, Bélgica, Países Bajos, Grecia, Israel y Serbia aparecen conectados por una competencia que exige resolver diferencias climáticas, culturales y tácticas en pocos días. El traslado a Bodø, en el norte de Noruega, no plantea las mismas condiciones que una visita a Atenas o Zagreb. El descanso, la superficie de juego y la adaptación a horarios y temperaturas pueden influir tanto como la calidad individual.
La localía adquiere un valor especial en este contexto. Un empate como el de Olympiacos ante NEC Nijmegen deja la serie equilibrada, pero concede al conjunto griego la posibilidad de definir en su estadio. El 1-0 de Hapoel Be’er Sheva sobre Estrella Roja ofrece una ventaja mínima que puede volverse frágil en Belgrado, donde la presión del público suele formar parte de la identidad competitiva del club serbio. Por su parte, Union Saint-Gilloise deberá enfrentar a Bodø/Glimt fuera de Bélgica después de haber recibido tres goles en casa, una combinación que vuelve imprevisible la revancha.
Más que una vidriera para los futbolistas
La participación argentina también tiene un impacto simbólico. Cada aparición en una eliminatoria europea alimenta la percepción de que el fútbol argentino continúa exportando perfiles diversos: mediocampistas capaces de interpretar distintos ritmos, defensores acostumbrados al duelo y arqueros que buscan competir en sistemas de formación variados. No todos llegan como figuras ni todos tienen asegurada la titularidad, pero el recorrido internacional amplía el mapa de formación profesional.
Para los jóvenes que permanecen en Argentina, estas historias funcionan como referencias concretas. Baldassarra, Mac Allister y los futbolistas con pasado en Tigre muestran caminos alternativos al de las grandes transferencias directas a las ligas más poderosas. El tránsito por Bélgica, Croacia, Grecia o Israel puede ser un paso intermedio para consolidarse, aprender idiomas y metodologías de trabajo, y luego aspirar a clubes de mayor dimensión. Ese itinerario, sin embargo, requiere estabilidad contractual y acompañamiento profesional; no todos los movimientos al exterior implican progreso automático.
La presencia de Maffeo y Crettaz, ambos vinculados con la identidad española y argentina, evidencia además que la nacionalidad futbolística se ha vuelto más compleja. Las selecciones y los clubes observan jugadores formados en varios países, mientras los deportistas administran decisiones familiares, deportivas y reglamentarias. En esa intersección, las competencias europeas sirven como espacio de evaluación, pero también pueden intensificar la presión sobre quienes todavía buscan definir su lugar en el fútbol internacional.
El calendario que decidirá el mapa europeo
Las revanchas se disputarán el martes 11 de agosto. Allí se resolverán las series entre Kairat Almaty y Levski Sofia, Bodø/Glimt y Union Saint-Gilloise, Sabah y Aarhus GF, Kauno Zalgiris y Dinamo Zagreb, NEC Nijmegen y Olympiacos, Estrella Roja y Hapoel Be’er Sheva, Celje y Ararat-Armenia, Slovan Bratislava y Mjällby, Sturm Graz y Fenerbahçe, además de Lyon y Sparta Praga. Antes, el miércoles 5, Aarhus recibirá a Sabah y Fenerbahçe enfrentará a Sturm Graz en los partidos de ida restantes.
Después llegará el playoff, la última barrera antes del sorteo de la fase de liga previsto para el 27 de agosto. Los vencedores conocerán entonces un calendario de ocho partidos contra rivales de diferentes niveles, en un formato que sustituye los grupos tradicionales por una tabla única. Para los argentinos involucrados, el objetivo inmediato es avanzar con sus clubes; para las instituciones, se trata de asegurar una plataforma que puede definir ingresos, prestigio y planificación durante meses.
La amplitud de esta fase previa recuerda que la Champions comienza mucho antes de las grandes noches televisadas. Se construye en canchas de países con presupuestos desiguales, en planteles que combinan figuras conocidas con jugadores que buscan una oportunidad y en series donde un gol modifica el equilibrio deportivo y financiero. La próxima semana no solo se sabrá qué equipos siguen en carrera: también quedará más claro qué proyectos están preparados para competir en la nueva dimensión europea y qué futbolistas argentinos lograron convertir una eliminatoria en un punto de inflexión para sus carreras.
