Decenas de argentinos reunidos en el Centro Ecuatoriano Argentino de Miraflores prolongaron su festejo minutos después de que la selección derrotara 2-1 a Inglaterra y asegurara su lugar en la final del Mundial de 2026. La pantalla permanecía encendida, las sillas ocupadas y los cánticos seguían resonando en un espacio decorado con banderas celestes y blancas, camisetas de distintas épocas y bufandas que evidenciaban la continuidad generacional del apoyo.
El escenario del festejo en Miraflores
El local, ubicado en una zona residencial de Guayaquil, se transformó en punto de encuentro para familias y grupos de amigos que siguieron el partido disputado en Atlanta. Las fotografías tomadas durante la transmisión y los abrazos espontáneos marcaron los primeros momentos tras el silbato final. La expectativa se centró de inmediato en el encuentro del domingo contra España, sin que el alivio por la clasificación diluyera la conciencia de que el título aún debe conquistarse.
La presencia de varios ecuatorianos que se sumaron a los cánticos y a las imágenes compartidas reflejó el carácter regional del apoyo a la única selección sudamericana que continúa en competencia. Esta coincidencia de hinchas de ambos países se repitió en otros puntos de la ciudad y en localidades como Olón, donde los festejos también ocuparon espacios públicos.

Reacciones de dirigentes y aficionados
Mirko Rodic, dirigente del centro, recordó que la clasificación adquiere mayor valor porque Argentina no partía como favorita. Subrayó que el equipo superó una serie de partidos exigentes y que el espíritu colectivo volvió a manifestarse en momentos clave. Rodic, quien sigue a la selección desde el Mundial de México 1970, señaló que el sufrimiento forma parte habitual de los ciclos de la Albiceleste y que la posibilidad de levantar otra copa se percibe como una continuidad histórica.
Un aficionado nacido en Buenos Aires y radicado en Ecuador coincidió en que la final revive sensaciones similares a las vividas en 2022. Destacó que la imposibilidad de viajar al torneo anterior no impidió que el seguimiento desde Guayaquil mantuviera la misma intensidad emocional. Otro hincha exhibió la camiseta usada durante todo el torneo y confirmó que no la lavaría hasta el final de la competencia, confiando en que la costumbre mantendría su efecto.
Costumbres y referencias históricas
Víctor Ballesteros, residente en Guayaquil desde hace varios años, describió el patrón repetido de cada partido: tensión inicial seguida de alivio en los minutos finales. Explicó que las reuniones posteriores suelen organizarse alrededor de preparaciones típicas como choripanes, empanadas y fernet. Ballesteros también mencionó la vigencia de Diego Maradona en la memoria colectiva y la decisión de llevar una camiseta dedicada al exfutbolista como forma de mantenerlo presente en cada ciclo de la selección.
Estas expresiones individuales se enmarcan en un contexto más amplio donde la afición argentina asocia cada título con un proceso de superación de pronósticos adversos. La mención constante al Mundial de Catar 2022 sirve como referencia reciente que permite comparar la carga emocional de dos finales consecutivas, sin que ello implique una expectativa automática de resultado idéntico.
Perspectivas hacia el encuentro decisivo
El grupo reunido en Miraflores coincidió en que la final representa una instancia adicional de esfuerzo colectivo. Las declaraciones recogidas enfatizaron la importancia de mantener la misma concentración que permitió remontar ante Inglaterra, sin subestimar la calidad del rival español. La presencia de ecuatorianos en las celebraciones añadió un matiz de solidaridad regional que trasciende la rivalidad deportiva habitual.
En conjunto, los testimonios recogidos muestran una afición que combina la euforia del momento con la conciencia de que el ciclo aún no concluye. La repetición de rituales, desde las cábala hasta las reuniones gastronómicas, funciona como mecanismo de cohesión que se reproduce independientemente del escenario geográfico.
