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Bill Ackman logra su sueño de jugar tenis profesional a los 59 años

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Bill Ackman se ha consolidado como uno de los inversores más influyentes de Wall Street, conocido por sus batallas estratégicas contra grandes corporaciones y su habilidad para generar fortunas millonarias. A lo largo de su carrera, ha enfrentado a empresas líderes mundiales y acumulado ganancias significativas. No obstante, existía un deseo más personal que aún lo motivaba: llevar su fanatismo por el tenis más allá de los confines de los torneos recreativos. A los 59 años, finalmente encontró la oportunidad de materializarlo. El empresario, en un giro inesperado, dejó las oficinas de inversión para sumergirse en una cancha de césped, en una aparición que sorprendió a muchos y que parecía difícil de imaginar para alguien de su edad y trayectoria.

La pareja inesperada en el Hall of Fame Open de Newport

Ackman y Jack Sock, el jugador estadounidense retirado desde 2023, se unieron para disputar el cuadro de dobles en el Hall of Fame Open. Sock es un ex campeón de Wimbledon y el US Open, además de poseer una medalla de oro olímpica. La pareja enfrentó a los australianos Omar Jasika y Bernard Tomic. El partido comenzó de manera desafiante para Ackman: su primera devolución no pasó la red y cometió una doble falta poco después. Los australianos se llevaron el primer set con un marcador de 6-1, y en el segundo set cerraron el encuentro con 7-5. Aunque Ackman logró sentirse más cómodo en el segundo parcial, la brecha de nivel con sus oponentes fue clara desde el inicio. El encuentro duró una hora y siete minutos, marcando el final de su breve experiencia como jugador profesional.

Bill Ackman logra su sueño de jugar tenis profesional a los 59 años

Al término del partido, Ackman expresó su satisfacción con la experiencia: “Fue una vez y listo”. El magnate mencionó que, aunque podía dirigir audiencias de 2.000 personas sin dificultad, el escenario de jugar al tenis frente a apenas 150 espectadores generó una presión completamente distinta. Esta aparición en el circuito ATP, que se salía de los parámetros habituales, despertó un intenso debate sobre los privilegios que otorga la fortuna en el mundo del deporte profesional.

El origen de su participación y las críticas que generó

La pregunta sobre cómo un empresario de 59 años sin trayectoria profesional había logrado disputar un partido oficial surgió apenas se reveló su presencia. La clave estaba en la wild card que Sock otorgó a Ackman, quien eligió a su compañero para el dobles. Otro detalle que amplificó el ruido fue el hecho de que Ackman es un donante significativo del torneo, lo que puso en entredicho la legitimidad de su participación desde el primer momento.

Columnistas como Dan Wolken de USA Today destacaron la controversia al cuestionar la existencia de “atajos” para individuos con semejante riqueza. Las reacciones no se hicieron esperar: los errores en el primer set sirvieron de base para un video humorístico que circulaba ampliamente. Ackman respondió con gracia al recibir las críticas, afirmando que el mundo necesita más risas, incluso cuando estas se producen a su expensas. Además, reconoció que no pretendía desplazar a los jóvenes tenistas que luchan por su lugar en el circuito y defendió su decisión argumentando que simplemente quería cumplir ese deseo personal una sola vez, sin intención de iniciar una carrera o participar de forma recurrente.

El sueño del récord de edad que no se materializó

Además de su ilusión de jugar tenis profesionalmente, Ackman soñaba con convertirse en la persona más veterana en obtener puntos ATP. Con 59 años, había mencionado esta posibilidad antes del partido. Sin embargo, el récord estaba muy por encima. Un portavoz de la ATP indicó que, incluso si hubiera conseguido puntos, no habría establecido un nuevo récord de edad. Lars Elvstrom seguía figurando en el ranking cerca de los 60 años, y Gardnar Mulloy había acumulado sus últimos puntos a los 64 años. El caso de Mulloy se remonta a la década de 1970, cuando el sistema de puntos por participación en torneos específicos lo hacía incomparable con las normas actuales.

La derrota en la primera ronda le impidió acumular puntos y, por tanto, no logró el récord esperado. No obstante, sí cumplió su objetivo de haber jugado al menos una vez dentro del circuito profesional. Este evento, enmarcado en el contexto de su patrimonio que ronda los 8.000 millones de dólares, ilustra la mezcla de determinación y accesibilidad que caracteriza a Ackman en sus proyectos personales.

La formación de su fortuna en Pershing Square y otras inversiones

La mayor parte de la fortuna de Bill Ackman se origina en Pershing Square Capital Management, firma creada en 2004 que lo posicionó como uno de los inversores más destacados de Wall Street. Su trayectoria comenzó mucho antes: tras graduarse en Harvard, fundó Gotham Partners junto a David Berkowitz, destacándose por sus apuestas audaces sobre empresas consideradas mal gestionadas o con potencial de crecimiento significativo. Algunas de estas inversiones resultaron excepcionalmente exitosas, mientras que otras generaron pérdidas considerables.

Entre los fracasos destacan la inversión en Valeant Pharmaceuticals, donde Pershing Square perdió alrededor de 4.000 millones de dólares, y la operación contra Herbalife, que le costó cerca de 500 millones de dólares. En el lado positivo, destacan inversiones en General Growth Properties, Lowe’s, Chipotle y Universal Music Group. En 2020, durante el inicio de la pandemia, Ackman realizó una apuesta contraria a la caída de los mercados y obtuvo más de 2.000 millones de dólares. Posteriormente, en 2023, vendió el 10% de Pershing Square a un grupo de inversores por 1.050 millones de dólares, lo que elevó el valor de su participación en la compañía a aproximadamente 3.500 millones de dólares.

Este panorama de éxitos y desafíos en su carrera empresarial refleja la naturaleza volátil del mundo de las inversiones, donde la visión estratégica se combina con el riesgo inherente a cada decisión. Ackman ha sido conocido por su estilo de inversión activista, que a menudo se centra en empresas que considera subvaloradas o mal gestionadas, generando tanto ganancias como pérdidas significativas que han marcado su reputación en los mercados financieros.

Una experiencia que trasciende lo financiero

La participación de Bill Ackman en el Hall of Fame Open no solo fue un hito personal, sino que también generó un diálogo sobre la integración de la riqueza en el ámbito deportivo. Aunque generó críticas por el acceso privilegiado, Ackman mantuvo una postura equilibrada, enfocándose en el placer de haber cumplido un sueño una sola vez. Su decisión de no perseguir una carrera profesional demuestra que, incluso para figuras de su calibre, los hobbies pueden ofrecer satisfacción sin compromisos a largo plazo.

En un mundo donde los tenistas profesionales luchan día tras día por puntos y rankings, Ackman demostró que la edad no es un obstáculo para explorar pasiones, siempre que se mantenga el enfoque en la diversión y no en la competencia intensiva. Este episodio en Newport servirá quizá como recordatorio de que los sueños, sin importar la edad o el origen, pueden materializarse con la combinación adecuada de oportunidades y determinación. La wild card y la condición de donante del torneo permitieron que una figura tan prominente en los negocios participara en un evento oficial, aunque esto también abrió la puerta a debates sobre la equidad en el tenis profesional.

Impacto en el circuito y reflexiones finales

El evento no pasó desapercibido en el mundo del tenis. La cobertura mediática amplió el interés por el Hall of Fame Open, y el encuentro entre Sock y Ackman generó debates sobre cómo la influencia económica puede influir en la organización de torneos. Sin embargo, desde el punto de vista de la ATP, se mantuvo dentro de los límites permitidos por las wild cards y las donaciones. Ackman, por su parte, no buscó convertir esta experiencia en una plataforma para continuar en el circuito, sino que la vivió como un momento único y satisfactorio.

En última instancia, la historia de Bill Ackman ilustra el poder de la pasión personal por superar las barreras de la edad y el estatus. A sus 59 años, logró algo que pocos imaginarían: pisar una cancha de tenis profesionalmente. Aunque el resultado no fue el más favorable, la experiencia quedó grabada como un capítulo único en su vida, demostrando que la búsqueda de logros puede ser tan gratificante como los logros financieros que lo definieron durante décadas. Su enfoque en disfrutar de un único partido refleja una mentalidad más relajada, alejada de la competitividad agresiva que lo caracteriza en los mercados.

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