Paula Blasi salió fortalecida de la contrarreloj del Tour de Francia femenino y convirtió una etapa decisiva en una confirmación de su potencial. La catalana terminó undécima, ascendió al séptimo puesto de la clasificación general y conservó el maillot blanco de mejor joven. Su actuación también modificó la estrategia del UAE, que ya no parece dispuesto a relegarla a tareas de gregaria.

Una candidata que gana espacio
Blasi aventaja en 47 segundos a su compañera Dominika Wlodarczyk, también aspirante a la clasificación de jóvenes, y terminó apenas un segundo por detrás de Elisa Longo Borghini, pese a que la italiana sufrió una avería mecánica. La catalana fue especialmente competitiva en la segunda mitad del recorrido, después de superar el puerto situado a mitad de la etapa, donde registró el cuarto mejor tiempo.
El resultado tiene un valor estratégico más allá de la posición alcanzada. El UAE ha comprobado que Blasi llega en mejor condición que Wlodarczyk y que puede defenderse entre las aspirantes de la general. Cherie Pridham, directora del equipo, destacó su rápida progresión y la posibilidad de que aprenda de una líder como Longo Borghini. La prioridad, por tanto, será permitirle competir por un puesto de honor en su debut, en lugar de sacrificarla en beneficio de otras corredoras.
La jornada reforzó además el dominio de Marlen Reusser, campeona mundial de la especialidad, vencedora de la etapa y nueva líder del Tour. Demi Vollering, segunda y a solo 1 minuto y 55 segundos de la suiza, confirmó su condición de principal favorita, mientras Pauline Ferrand-Prévot cedió más de dos minutos y quedó seriamente alejada de la pelea.
La carrera entra ahora en su tramo determinante, con una etapa de montaña inmediata, el Ventoux el viernes y un exigente cierre el domingo. Blasi afrontará esas jornadas con mayor libertad y una responsabilidad inesperada: demostrar que su victoria en la Vuelta no fue un episodio aislado, sino la señal de que puede convertirse en una corredora relevante en el Tour.
