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Boca se impuso por penales ante Vélez y encontró en Montero a la figura de la clasificación

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Boca avanzó en la Copa Argentina después de superar a Vélez en una definición por penales que terminó premiando su dominio durante buena parte de los 90 minutos. El equipo dirigido por Rodolfo Arruabarrena generó las oportunidades más claras, manejó el partido desde la conducción de Leandro Paredes y sostuvo el empate gracias a una defensa firme. Cuando el encuentro quedó reducido a la precisión desde los doce pasos, Álvaro Montero asumió el protagonismo: atajó el primer remate de Gómez y también el sexto, ejecutado por Silvero, para sellar la clasificación.

Un empate que no reflejó la diferencia del juego

Vélez consiguió mantener su arco en cero, pero Boca fue el conjunto que tuvo mayor iniciativa y mejores argumentos para ganar en el tiempo reglamentario. El mediocampo xeneize logró controlar el ritmo mediante la participación constante de Paredes, ubicado inicialmente unos metros por delante de los centrales y luego con libertad para intervenir en campo rival. Sus pases filtrados, cambios de frente y envíos profundos originaron varias de las acciones de mayor peligro.

La falta de eficacia evitó que esa superioridad se transformara en ventaja. Tomás Belmonte dispuso de una ocasión muy clara tras una asistencia de Merentiel y volvió a quedar frente al arco luego de una habilitación de Paredes, pero no pudo definir ninguna de las dos. El volante ofreció despliegue y recorrido, aunque su actuación quedó condicionada por esas oportunidades desperdiciadas.

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La estructura defensiva sostuvo al equipo

La solidez de Boca se explicó también por el rendimiento de su última línea. Facundo Herrera fue uno de los puntos más altos: anticipó con autoridad, ganó duelos tanto por arriba como por abajo y neutralizó a Ronaldo Martínez con una actuación que transmitió seguridad pese a su escasa experiencia en Primera, según la evaluación del partido. Lautaro Di Lollo acompañó con firmeza, precisión en la salida y serenidad para resolver las jugadas bajo presión.

En los laterales, Leandro Lozano controló bien a Verón y se proyectó con mayor frecuencia cuando Vélez dejó espacios en su sector. Lautaro Blanco, por su parte, se impuso en los duelos ante Pellegrini y no sufrió en la marca. Su aporte ofensivo apareció cerca del descanso, cuando se soltó y dejó a Belmonte de cara al gol. En la tanda, además, fue el encargado de ejecutar el primer penal de Boca.

El arco terminó siendo decisivo. Montero tuvo una noche relativamente tranquila porque Vélez no logró exigirlo de manera sostenida, pero respondió en los momentos determinantes. Sobre el cierre del partido le negó el gol a Godoy y luego cometió el penal sobre Escobar, una acción que pudo haber cambiado el desenlace. El remate dio en el palo y el arquero quedó reivindicado en la serie: sus dos atajadas fueron la diferencia concreta entre avanzar y quedar eliminado.

Paredes, el organizador de las mejores acciones

La actuación de Paredes fue la principal referencia futbolística de Boca. El mediocampista no se limitó a distribuir en corto: alternó alturas, cambió la orientación del ataque y buscó romper líneas con recursos técnicos variados. Desde sus pies nacieron las ocasiones más claras del conjunto de Arruabarrena, incluido el pase que dejó a Belmonte en posición de remate.

Santiago Ascacibar aportó el equilibrio necesario desde la izquierda. Presionó, recuperó y llegó varias veces al área sin abandonar la intensidad durante el encuentro. Su rendimiento permitió que Paredes tuviera margen para asumir un papel más creativo. Alan Velasco, abierto inicialmente sobre la derecha, participó de manera intermitente, aunque mejoró cuando se cerró hacia el centro: allí pudo asociarse, gambetear y acercar al público a un partido que por momentos se volvió trabado.

Los delanteros dejaron una cuenta pendiente

La producción ofensiva tuvo más volumen que contundencia. Miguel Merentiel fue activo y solidario, pero falló en la definición de una oportunidad sobre el final del primer tiempo y luego cabeceó débilmente en el inicio del complemento. También le costó encontrar coordinación con Sebastián Villa, quien generó avances mediante su desequilibrio y sus centros desde ambos costados, aunque en general no logró terminar bien las jugadas.

Villa retrocedió para colaborar y, dentro de una actuación irregular, provocó una de las situaciones más cercanas al gol cuando Gómez cabeceó en contra. Su reemplazante, Leonel Flores, ingresó a los 28 minutos del segundo tiempo con una actitud más vertical: desbordó en su primera intervención y le dio frescura al ataque. También convirtió su penal con una ejecución segura.

Enner Valencia entró a los 15 minutos del complemento por Merentiel, pero no consiguió modificar el desarrollo. Perdió rápidamente una pelota dentro del área, cabeceó desviado y luego falló su penal. Carlos Palacios y Kevin Zenón, incorporados en los minutos finales, respondieron en la definición: Palacios convirtió el quinto remate y Zenón hizo lo propio con una ejecución precisa.

Una clasificación construida desde la paciencia

Arruabarrena leyó el tramo final pensando también en la tanda. Los cambios buscaron renovar el ataque y preparar especialistas para los penales, una decisión que terminó funcionando. Boca no logró resolver el partido cuando tuvo el control territorial y las mejores ocasiones, pero mantuvo la concentración, evitó desordenarse y llegó a la instancia decisiva con futbolistas capaces de asumir la responsabilidad.

La clasificación deja una conclusión doble. Por un lado, Boca mostró una base competitiva: controló a Vélez, defendió con autoridad y contó con un conductor capaz de ordenar el juego. Por otro, la falta de contundencia aparece como el aspecto más urgente a corregir. El equipo necesitó de Montero y del palo para sobrevivir a un episodio sobre el final, y después dependió de la tanda para hacer valer una superioridad que durante el partido no pudo traducir en goles.

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