Borja Iglesias, delantero del Celta de Vigo de 33 años, representa el perfil de futbolista que llega a lo más alto tras un trayecto irregular. Nacido en Santiago de Compostela, inició su relación con el balón en una actividad extraescolar del colegio. A los 14 años abandonó Galicia para probar suerte en Valencia, donde combinó formación académica con desarrollo deportivo antes de pasar por Villarreal y regresar a Vigo.

Su debut en Primera División llegó a los 20 años con el Celta, aunque la consolidación tardó cinco años más. Esa pausa entre el primer y el segundo partido en la máxima categoría ilustra la exigencia de mantener el nivel en un deporte donde las oportunidades no siempre se repiten. Iglesias ha subrayado la importancia de preservar vínculos con su entorno original mientras acumulaba experiencias en distintas ciudades, un equilibrio que le permitió conservar identidad y perspectiva.
Este domingo, España disputa la final del Mundial 2026 ante Argentina. Iglesias, convocado por Luis de la Fuente, ya ha participado en el torneo tras su entrada en la victoria contra Portugal. Su presencia en el plantel final no solo cierra un ciclo personal iniciado en un patio escolar, sino que pone de relieve cómo trayectorias no lineales pueden alcanzar la élite cuando la constancia supera los obstáculos temporales.
