Leandro Cabrera volverá a la convocatoria del Espanyol ante el Sevilla, una vez cumplidos los tres partidos de sanción por golpear la pantalla del VAR en marzo, frente al Getafe. Su ausencia coincidió con un inicio de curso exigente: triunfo ante el Levante y derrotas frente a Real Madrid y Real Sociedad. Ahora, el regreso del uruguayo transforma una baja obligada en la primera decisión compleja de Manolo González para configurar su zaga.

Una plaza bajo examen
Cabrera parte con el peso de su jerarquía. Segundo capitán, referencia del vestuario y habitual indiscutible, aporta contundencia, experiencia y amenaza en el juego aéreo. Sin embargo, su retorno llega cuando Unai Núñez ha sido titular en las tres jornadas y se perfila como el candidato principal para acompañarlo. Drkusic ocupó esa posición ante la Real Sociedad, mientras que Clemens Riedel formó junto a Núñez frente a Levante y Real Madrid.
La decisión no se limita a restituir a un veterano. El técnico debe valorar qué pareja ofrece mayor equilibrio ante un Sevilla que exigirá firmeza en los duelos y salida limpia desde atrás. La continuidad favorece a Núñez, pero la presencia de Cabrera puede alterar la distribución de roles y obligar a elegir entre consolidar automatismos recientes o recuperar una sociedad basada en liderazgo y oficio.
El dato relevante para el Espanyol es que, por primera vez en varias temporadas, la defensa deja de ser una zona de emergencia para convertirse en un foco de competencia. Cuatro centrales con opciones reales elevan el nivel interno y permiten ajustar el once al rival. Cabrera regresa como una solución consolidada, pero también como una prueba para una plantilla que necesita convertir su mayor profundidad defensiva en resultados.
