La Confederación Sudamericana de Fútbol optó por solicitar información adicional sobre la FIFA Forward Enterprise, la entidad que Infantino propone para transferir derechos comerciales de las competiciones a inversores privados. Esta decisión marca una distancia clara respecto al rechazo inmediato de UEFA, Concacaf y AFC, que consideran inaceptable privatizar activos que pertenecen al fútbol colectivo.

La postura de Conmebol refleja tanto su cercanía tradicional con la actual dirigencia de la FIFA como una estrategia pragmática. Al pedir aclaraciones sobre alcance, estructura y gobernanza, el organismo presidido por Alejandro Domínguez evita un cierre prematuro y preserva margen de negociación en un momento en que las confederaciones europeas amenazan con boicotear futuras competiciones.
El rechazo de UEFA se sustenta en un principio de legitimidad: ninguna generación tiene derecho a vender lo que administra temporalmente. Esa misma lógica no ha encontrado eco inmediato en Sudamérica, donde los beneficios económicos directos de una posible apertura a capital privado pesan más que las advertencias sobre pérdida de control federativo. Esta divergencia anticipa negociaciones complejas que podrían debilitar la unidad de la FIFA si no se resuelven mediante canales institucionales.
