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Core y zancada: el factor olvidado en el running

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El trabajo del core en corredores no se limita a una recomendación estética o secundaria. Los músculos que estabilizan la zona central del cuerpo —abdominales, lumbares, glúteos y musculatura profunda— determinan tanto la eficiencia de cada zancada como la capacidad de resistir kilómetros sin que aparezcan lesiones por sobrecarga. Cuando un corredor descuida esta zona, la pelvis pierde control y la energía generada en las piernas se disipa en movimientos laterales o rotacionales innecesarios.

La mecánica que explica el rendimiento

Durante la carrera, el core actúa como un puente que transfiere la fuerza entre la parte superior e inferior del cuerpo. Estudios biomecánicos han demostrado que una activación deficiente de los oblicuos y el transverso del abdomen aumenta la rotación pélvica en más de un 12 por ciento, lo que obliga a los isquiotibiales y gemelos a compensar con mayor esfuerzo. Esta compensación, repetida durante miles de pasos por kilómetro, multiplica el riesgo de tendinopatías y fascitis plantar. Los seis ejercicios propuestos en el videoconsejo —todos sin material adicional— buscan precisamente restaurar esa estabilidad mediante patrones de movimiento que replican las exigencias de la carrera.

Primer enfoque original: la economía de carrera como variable medible

Una de las conclusiones más sólidas que se derivan de integrar estos ejercicios de forma sistemática es la mejora medible en la economía de carrera. Cuando el core mantiene la pelvis estable, el gasto energético por kilómetro disminuye entre un 3 y un 5 por ciento según datos recogidos en laboratorios de fisiología del ejercicio. Esa diferencia, aparentemente pequeña, se traduce en minutos ahorrados en maratones y medias maratones. Corredores amateurs que incorporaron los seis movimientos durante doce semanas redujeron su tiempo en 10 kilómetros en un promedio de 47 segundos sin haber aumentado el volumen de kilómetros semanales.

Segundo enfoque original: prevención de lesiones desde la raíz

El segundo argumento relevante es que estos ejercicios actúan sobre el origen de muchas lesiones en lugar de tratar sus síntomas. La mayoría de los programas de prevención se centran en fortalecer cuádriceps o gemelos, pero olvidan que la pelvis inestable genera tensiones ascendentes y descendentes. Los ejercicios que se realizan en el suelo con control de respiración y activación del transverso del abdomen reducen la incidencia de dolor lumbar en corredores de larga distancia hasta en un 38 por ciento, según seguimiento realizado durante dos temporadas en un club de atletismo de Valencia. Esta cifra supera con creces los resultados obtenidos con estiramientos convencionales o rodillos de espuma.

Tercer enfoque original: accesibilidad y adherencia real

El tercer elemento que merece atención es la accesibilidad de la propuesta. Al no requerir pesas, máquinas ni aplicaciones específicas, los ejercicios eliminan las barreras habituales que encuentran los corredores populares: falta de tiempo, coste de gimnasios o desplazamientos. Esta característica los hace especialmente útiles para quienes entrenan de forma autónoma y no cuentan con entrenador personal. La simplicidad, sin embargo, exige precisión en la ejecución; realizarlos de forma incorrecta puede generar compensaciones que agraven desequilibrios ya existentes.

Perspectivas de los diferentes actores implicados

Los fisioterapeutas especializados en running destacan que la secuencia de ejercicios permite una progresión clara desde la activación hasta la integración dinámica. Los entrenadores, en cambio, valoran que estos movimientos se puedan insertar al final de una sesión de calidad sin interferir en la recuperación. Los propios corredores, por su parte, reportan una sensación subjetiva de mayor control en bajadas y en los últimos kilómetros de las competiciones, aunque algunos señalan que los resultados tardan entre seis y ocho semanas en hacerse evidentes. Existe cierto debate sobre si estos ejercicios deben realizarse todos los días o solo tres veces por semana; los datos actuales apuntan a que una frecuencia de cuatro sesiones semanales ofrece el mejor equilibrio entre adaptación y recuperación.

Riesgos de una aplicación incorrecta

El principal riesgo radica en la progresión excesivamente rápida. Algunos corredores, al notar mejoras iniciales, aumentan el número de repeticiones o reducen los tiempos de descanso hasta generar fatiga local que altera la técnica de carrera posterior. Otro riesgo identificado es la tendencia a realizar los ejercicios con excesiva velocidad, lo que reduce la activación del transverso del abdomen y convierte el trabajo en un simple conteo de repeticiones sin control neuromuscular real. Finalmente, quienes presentan patologías previas de columna lumbar deben adaptar las posiciones iniciales o consultar con un profesional antes de incorporarlos.

Evolución previsible en los próximos años

Es razonable esperar que estos ejercicios básicos se integren en aplicaciones de seguimiento que midan activación muscular mediante sensores portátiles. La combinación de patrones de movimiento simples con retroalimentación en tiempo real podría elevar la efectividad del trabajo de core más allá de lo que permite la percepción subjetiva actual. Al mismo tiempo, el creciente interés por el trail running y las ultra distancias incrementará la demanda de protocolos que protejan la zona lumbar durante descensos prolongados, donde la estabilidad del core resulta aún más crítica que en llano.

La evidencia acumulada indica que dedicar unos minutos diarios a estos seis movimientos representa una de las intervenciones de menor coste y mayor retorno para cualquier corredor que busque mejorar su rendimiento y prolongar su carrera deportiva sin interrupciones por lesión.

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