Eduardo Coudet quedó al borde de una definición en River después de la caída 1-0 ante Rosario Central, la tercera consecutiva en el Torneo Clausura y la quinta derrota en sus últimas seis presentaciones oficiales. El entrenador permaneció casi dos horas en el vestuario Ángel Amadeo Labruna, donde habló con el plantel, sus colaboradores y el presidente Stefano Di Carlo. Golpeado, aunque decidido a continuar, evitó el contacto con la prensa, en línea con la política institucional de “trabajar en silencio”.
Continuidad con margen de error nulo
El clima externo se deterioró aún más: Coudet fue silbado cuando se anunció su nombre en el Monumental y hubo protestas contra la dirigencia en el hall, una escena que River no registraba desde la gestión de Daniel Passarella. La reacción de los hinchas refleja que la crisis ya no se limita al rendimiento del equipo, que sigue último en su zona, sin goles a favor, y también quedó eliminado de la Copa Argentina ante Aldosivi.

Pese a los resultados y a dos registros inéditos para el club en el profesionalismo —cinco partidos domésticos perdidos de manera consecutiva y tres derrotas iniciales sin marcar—, la cúpula de River no planea una salida inmediata. La conducción busca evitar la rotación de entrenadores que caracterizó a Boca y sostiene que el plantel tiene recursos para revertir la situación. Esa decisión, sin embargo, funciona como un respaldo condicionado: el contrato de Coudet vence en diciembre de 2027, pero ambas partes pueden rescindirlo sin indemnización durante diciembre de 2026.
El próximo examen será el sábado frente a Tigre, en Victoria, seguido por la visita a Independiente Santa Fe. River necesita esos partidos para recuperar puntos, acercarse a la clasificación internacional de 2027 y contener una tensión que ya alcanzó a todos los niveles del club. Con dos encuentros fuera de casa por delante, la continuidad de Coudet depende menos de sus declaraciones que de una reacción inmediata en el campo.
