La crisis que atraviesa el fútbol italiano sigue sin encontrar un punto de equilibrio. Apenas 17 días después de que Paolo Maldini y Leonardo asumieran la dirección deportiva de la selección Azzurra, ambos ya habrían comunicado su intención de dimitir. La información, publicada por La Gazzetta dello Sport, señala que la búsqueda de un sustituto para Gennaro Gattuso se ha reducido a dos nombres: Antonio Conte y Roberto Mancini.
Según el diario deportivo, Maldini y Leonardo informaron directamente al presidente de la Federación Italiana de Fútbol, Giovanni Malagò, su decisión de abandonar los cargos. La renuncia estaría vinculada al rechazo de la candidatura de Andrea Pirlo, descartada tras revelarse su vínculo comercial con la casa de apuestas rusa Fonbet.
El fracaso del proyecto inicial
La exclusión de Pirlo desarticuló el plan que los dos exfutbolistas habían empezado a construir para renovar la selección. Habían explorado también el nombre de Thiago Motta como alternativa, aunque el entrenador ítalo-brasileño nunca fue contactado de forma oficial. Con ese panorama, la Federación volvió a centrar sus esfuerzos en técnicos con mayor experiencia y respaldo institucional.
Antonio Conte aparece como el candidato más sólido. Cuenta con el apoyo de varios clubes de Serie A, que valoran su trayectoria reciente y su capacidad para estructurar equipos competitivos. Roberto Mancini, por su parte, mantiene una relación cercana con Malagò y regresa al primer plano después de haber dirigido a Italia hasta el título de la Eurocopa 2021.

Reorganización de la conducción deportiva
Las posibles salidas de Maldini y Leonardo obligarán a redefinir toda la estructura deportiva del seleccionado. Tres días antes de conocerse estas tensiones, ambos habían presentado a los presidentes de los clubes de Serie A un proyecto orientado a relanzar el fútbol italiano en sus distintas categorías. La urgencia por resolver quién ocupará el banquillo ha acelerado una crisis que ya mostraba señales de fragilidad.
El contexto actual no es nuevo. Desde la eliminación en el repechaje para el Mundial 2022, la Federación ha intentado distintas fórmulas para recuperar estabilidad. La llegada de Gattuso tras la Eurocopa 2024 fue una de esas medidas, pero los resultados deportivos y las tensiones internas volvieron a poner en evidencia las dificultades estructurales del sistema.
Reacciones en el entorno del fútbol italiano
Clubes y dirigentes de Serie A han expresado preocupación por la inestabilidad en la selección. Varios presidentes consideran que la falta de continuidad en los cargos técnicos afecta la preparación de jugadores jóvenes que aspiran a integrarse al plantel mayor. Al mismo tiempo, evitan pronunciarse públicamente mientras la Federación define los próximos pasos.
La situación también genera debate sobre el peso de las decisiones comerciales en la elección de entrenadores. El caso de Pirlo ha reabierto la discusión sobre los límites que debe imponer la Federación cuando surgen conflictos de interés vinculados a patrocinios externos.
Perspectivas a corto plazo
La Federación Italiana enfrenta ahora la tarea de completar la transición sin prolongar el vacío de poder. La elección entre Conte y Mancini no solo define al próximo seleccionador, sino que también marca el tono de la relación entre la selección y los clubes que aportan los jugadores. Cualquier retraso en esta definición podría complicar la planificación de los próximos compromisos oficiales.
En paralelo, la salida de Maldini y Leonardo deja sin efecto el plan de reestructuración que habían iniciado. La Federación deberá decidir si mantiene un modelo con dos responsables deportivos o si opta por una estructura más tradicional. Las próximas semanas serán decisivas para saber si el ciclo de inestabilidad se interrumpe o si, por el contrario, continúa extendiéndose.
