Christian Cueva volvió a colocar su vida familiar en el centro de la conversación pública al referirse con evidente emoción a sus cinco hijos durante su participación en el pódcast La Parrilla del Loco, conducido por Juan Manuel Vargas. En una charla que alternó entre recuerdos personales y bromas de vestuario, el futbolista de Sport Boys presentó a sus hijos como su mayor logro, por encima de cualquier título deportivo, y dejó una lectura más amplia sobre el momento que atraviesa: un intento por reforzar su imagen de padre presente en medio de una trayectoria marcada por altibajos dentro y fuera de la cancha.
“¿Sabes cuáles son mis cinco títulos? Mis cinco hijos son mis cinco títulos y, gracias a Dios, estoy junto a ellos”, expresó el exseleccionado peruano, en una frase que resumió el tono íntimo de la entrevista. Cueva enlazó ese comentario con un reconocimiento a sus padres, a quienes atribuyó haberle dado, con sacrificio, lo que tenían. Ese pasaje no solo funcionó como una confesión emocional, sino también como un intento de ordenar su relato personal alrededor de dos ejes: la familia que lo formó y la que él dice estar consolidando con sus hijos.

Una conversación que pasó de lo emotivo al humor
La entrevista cambió de registro cuando Vargas recordó una publicación reciente de Cueva en redes sociales, en la que aparecía dentro de un automóvil junto a uno de sus hijos mientras ambos cantaban. Fiel a su estilo directo, el exfutbolista intervino con una frase coloquial que desató risas: “No lo metas en la hu***, que no tome nomás”. El comentario, más allá del tono de broma, reflejó el clima de confianza entre ambos y también el modo en que el entorno mediático suele mezclar lo afectivo con lo anecdótico cuando se trata de figuras populares del fútbol peruano.
En términos periodísticos, ese contraste importa porque muestra dos planos simultáneos de Cueva. Por un lado, el del jugador que intenta presentarse como un padre protector, consciente del peso simbólico que tienen sus declaraciones en un momento de exposición pública. Por otro, el del personaje mediático al que sus propias apariciones, incluso las más familiares, siguen quedando atravesadas por la interpretación, el comentario y la réplica humorística de sus interlocutores. La escena con Vargas no añadió datos deportivos, pero sí reforzó la construcción de una narrativa personal en la que la paternidad ocupa un lugar central.
La postura de Cueva sobre sus hijos
Tras la broma, el futbolista fue cuidadoso al hablar del futuro de sus hijos. Explicó que no busca imponerles una carrera ni empujarlos hacia el fútbol por una especie de herencia obligada. Su planteamiento fue que, si alguno siente interés por ese deporte, debe acercarse a él sin presiones y desde la libertad. “Yo no soy nadie para dar consejos, pero sí creo que nosotros, como personas y futbolistas, podemos contarles nuestras experiencias, de lo que nos equivocamos o acertamos”, sostuvo.
Ese enfoque resulta relevante porque contrasta con una lógica muy extendida en el deporte latinoamericano, donde los hijos de exfiguras suelen cargar con expectativas ajenas. Cueva marcó distancia de esa presión y subrayó que su prioridad es que sus hijos disfruten la niñez. “Si a mi hijo le gusta el fútbol, no lo quiero presionar. Yo quiero que disfrute su niñez y lo que tenga que disfrutar”, añadió. La idea no es menor: en una figura que ha estado asociada a la polémica, el mensaje introduce un gesto de control narrativo y de reparación simbólica, al menos en el plano discursivo.
La conversación, en conjunto, deja una lectura más precisa que la anécdota inicial. Cueva intenta reposicionarse desde el terreno familiar, insistiendo en que su identidad no debe reducirse a sus tropiezos públicos ni a sus momentos futbolísticos. Vargas, con su estilo habitual, aportó el contrapeso irónico que evitó que el intercambio se volviera solemne. El resultado fue una entrevista que mostró a un Cueva emocional, pero también a un personaje que sigue siendo leído a través de sus contradicciones: un deportista que habla de afectos, de responsabilidad y de libertad, mientras su vida personal continúa siendo parte del interés mediático.
