Cuando España se clasificó para la final del Mundial 2026, Dani Olmo gritó en el vestuario una frase que ya había pronunciado semanas antes: “Estaba escrito, empezaremos en Atlanta y acabaremos en Nueva York”. El centrocampista de 27 años nacido en Terrassa cumple así una predicción personal que publicó Mundo Deportivo el 29 de mayo, un día antes de la concentración de la selección. Siete semanas después, el jugador del Barcelona llega a la final contra Argentina con un papel protagonista y la convicción de que queda “un último pasito”.
El ascenso de Olmo en el torneo
Olmo ha sido uno de los futbolistas más destacados de España en el campeonato. Su capacidad para ocupar varias posiciones en el centro del campo y su confianza han crecido a medida que el equipo avanzaba. “Me encuentro muy bien, con mucha confianza, muy cómodo en esas posiciones”, declaró ayer en las instalaciones del Red Bull New York, donde la selección prepara el partido del domingo. El grupo transmite una seguridad alta desde el inicio del torneo, cuando ya se definía como favorito. Ahora, a un paso del título, esa sensación se mantiene intacta.
La selección ha evolucionado de menos a más. El primer partido ante Cabo Verde no ofreció las mejores sensaciones, aunque España generó ocasiones suficientes. Los encuentros siguientes contra Arabia Saudí y Uruguay permitieron ajustar el funcionamiento colectivo. Desde entonces, el rendimiento por juego y por resultados ha sido ascendente, con una semifinal ante Francia que consolidó la candidatura.

Una imagen de Olmo rodeado de rivales tras la semifinal se hizo viral en redes sociales. El propio jugador la compartió y la guarda como recuerdo, comparándola con la icónica fotografía de Andrés Iniesta tras el gol contra Italia en 2012. “Pensé: qué fotón”, comentó, sin esperar el alcance que alcanzó.
El gol pendiente y el ejemplo de Iniesta
Olmo reconoce que le falta marcar en el torneo. “Me falta el gol, ojalá sea en la final”, afirmó. Sin embargo, subraya que el objetivo prioritario es la victoria colectiva. “Mientras ganemos y luego tenga la foto levantando la copa todos juntos, me da igual marcar”, añadió. Aun así, admite que anotar en la final sería un recuerdo imborrable. Rechaza cualquier comparación directa con Iniesta: “Andrés Iniesta solo hay uno. Me imagino siendo Dani Olmo de 2026”.
La final enfrenta a España con Argentina y con Leo Messi, quien fue ídolo de Olmo durante su infancia. Una fotografía del jugador con el cabello largo junto a Messi en el campo del Castelldefels ha circulado estos días. “Mi padre entrenaba ahí”, recordó. El encuentro supone un cierre de círculo: el niño que admiraba a Messi ahora disputará una final mundialista contra él.
Olmo no ha hablado mucho con sus compañeros sobre el valor simbólico de ese duelo. Considera que llegar a la final ya es extraordinario y que enfrentarse a Messi añade motivación sin alterar la preparación. “Tienes que ganar a los mejores del mundo. Messi es uno de ellos y nos ha tocado enfrentarnos a él en la final”, sentenció.
Argentina como rival y la inspiración de 2010
El jugador espera un partido intenso, similar al disputado contra Uruguay. Argentina es un rival agresivo y experimentado que ya conoce lo que significa jugar y ganar una final. “Va a ser una guerra”, advirtió Olmo, consciente de que ambos equipos irán a por la victoria durante los 90 minutos, o los 120 si es necesario.
España se inspira en la generación de 2010. Olmo recuerda detalles de aquel Mundial, como la derrota inicial ante Suiza y el gol de Puyol contra Alemania. Aunque las competiciones han cambiado, esa selección representa el primer gran éxito colectivo de la historia reciente. Durante la semifinal, la presencia de leyendas como Xavi, Puyol, Sergio Ramos o David Villa reforzó esa conexión. Carles Puyol, en un encuentro casual, animó al grupo a disfrutar y a ir a por el título.
El domingo, Olmo y sus compañeros buscarán cerrar el círculo iniciado en Terrassa y prolongado hasta Nueva York. La selección llega con confianza en su fútbol y en su capacidad para superar a Argentina, consciente de que el último paso exige el máximo esfuerzo y concentración.
