La derrota de Independiente Rivadavia por 3-1 ante River, este domingo en el estadio Monumental, quedó acompañada por una fuerte denuncia pública de Daniel Vila. El presidente del club mendocino apuntó directamente contra el árbitro Nicolás Ramírez, lo acusó de haber condicionado el desarrollo del partido y sostuvo que no desea que vuelva a dirigir a su equipo.
“Estoy muy caliente, obviamente con el arbitraje. No con los jugadores, porque jugaron un partidazo y el rival también jugó un partidazo. Pero el árbitro es un bandido”, afirmó Vila al retirarse del estadio. Sus declaraciones, formuladas en un tono especialmente severo, trasladaron el centro de la discusión desde el resultado hacia la actuación arbitral y sus posibles consecuencias para la campaña de Independiente Rivadavia.
Una protesta que no se limitó a una jugada
El dirigente no cuestionó únicamente una decisión puntual. Según su interpretación, Ramírez “inclinó la cancha todo el tiempo para un solo lado” y dejó a su equipo en desventaja frente a River. Vila llegó a resumir esa percepción con una frase de alto impacto: Independiente Rivadavia, dijo, tuvo que jugar “contra 12”.
La acción que abrió el marcador ocurrió cerca de la media hora del primer tiempo. Ángel Correa ingresó al área después de superar a Iván Villalba y Leonard Costa intentó quitarle la pelota; en la disputa, el defensor terminó golpeando al atacante. Ramírez sancionó penal y Gonzalo Montiel convirtió el 1-0 para River. Para el club mendocino, esa decisión se convirtió en el principal punto de referencia para discutir la actuación del árbitro, aunque el desarrollo posterior incluyó otras situaciones que Vila consideró desfavorables.

El antecedente que volvió a aparecer
La crítica de Vila adquirió una dimensión mayor porque Ramírez ya había quedado asociado, para la conducción de Independiente Rivadavia, con un episodio controvertido ocurrido en la final de la Copa Argentina de 2025. En aquel encuentro, el árbitro expulsó a dos futbolistas del conjunto mendocino, que terminó con nueve jugadores frente a Argentinos Juniors.
A pesar de esa desventaja, Independiente Rivadavia empató 2-2 y luego se impuso por 5-3 en la definición por penales para consagrarse campeón. El título no borró la controversia arbitral desde la perspectiva del club. Vila sostuvo que esperaba una actuación diferente en el Monumental, como una forma de reparar lo que calificó como un “papelón” del año anterior. “Tenía la esperanza, en el fondo, de que se redimiera”, expresó, antes de volver a descalificar al árbitro.
El presidente también incluyó en sus cuestionamientos a Federico Beligoy, responsable de la conducción arbitral, a quien calificó igualmente de “bandido”. La acusación, por su alcance institucional, excedió el análisis del partido y planteó una confrontación directa entre Independiente Rivadavia y las autoridades del arbitraje argentino. Hasta el momento, las declaraciones de Vila expresan la posición del club, pero no constituyen por sí mismas una comprobación de una conducta deliberadamente parcial por parte de Ramírez.
Un partido que River resolvió por eficacia
El desarrollo del encuentro ofrece, al mismo tiempo, elementos para entender por qué la dirigencia mendocina consideró que su equipo merecía más. River amplió la diferencia al comienzo del segundo tiempo, cuando Tomás Galván aprovechó un rebote del arquero Nicolás Bolcato después de un remate de Thiago Almada.
Independiente Rivadavia no se desordenó y descontó mediante un cabezazo de Alex Arce. Poco después, Luis Sequeira estrelló un remate en el travesaño, una ocasión que pudo haber establecido el empate y que Vila mencionó como prueba de que el equipo permaneció competitivo. Cuando el conjunto visitante presionaba en busca de la igualdad, Galván volvió a marcar, esta vez con un disparo desde fuera del área que ingresó en el ángulo y selló el 3-1.
La secuencia permite una lectura menos dependiente de la polémica: River fue más eficaz en los momentos determinantes, mientras que Independiente Rivadavia tuvo respuestas futbolísticas, pero no logró convertir sus oportunidades decisivas. El penal inicial condicionó el marcador, aunque el resultado también estuvo marcado por la capacidad del equipo local para aprovechar los rebotes y cerrar el partido cuando su rival amenazaba con volver a entrar en juego.
La tensión arbitral como problema institucional
Vila insistió en que el arbitraje podía opacar el trabajo realizado durante la semana por el cuerpo técnico encabezado por Alfredo Berti y por los jugadores. Esa preocupación refleja una disputa más profunda: para un club que busca consolidar su lugar en la máxima categoría, cada partido representa una oportunidad de construir legitimidad deportiva, y cualquier percepción de perjuicio puede transformarse en un conflicto institucional.
Sin embargo, el tono elegido por el presidente también puede desplazar la conversación sobre el rendimiento del equipo. Las acusaciones personales contra Ramírez y Beligoy elevan la presión pública, pero dificultan un debate técnico sobre las decisiones adoptadas, los criterios utilizados y la posibilidad de revisar las jugadas con herramientas reglamentarias. Mientras River consiguió su segunda victoria consecutiva desde la llegada de Leonardo Ponzio como entrenador, Independiente Rivadavia deberá evitar que la controversia arbitral absorba por completo el análisis de una actuación que, pese a la caída, mostró capacidad para competir y estuvo cerca de empatar.
