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David Pizarro vuelve a brillar en Florencia con un golazo y una cueca compartida con Franck Ribéry

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David Pizarro volvió a ofrecer una muestra de la calidad que marcó su carrera en Italia. En el Estadio Artemio Franchi de Florencia, el exvolante chileno anotó un espectacular gol en un duelo de leyendas organizado por el centenario de Fiorentina y luego celebró con una cueca junto al francés Franck Ribéry, en una escena que conectó el talento del pasado con la memoria afectiva de los hinchas.

Un derechazo que todavía conserva la firma de Pizarro

El tanto llegó en una de las acciones que mejor identifican al exfutbolista: control, lectura inmediata de la jugada y precisión técnica. Pizarro recibió fuera del área y, sin permitir que la defensa reorganizara sus marcas, sacó un derechazo de primera que se clavó en el ángulo. La definición no solo significó un gol más dentro de un partido con carácter conmemorativo; también funcionó como una demostración visible de que su relación con la pelota permanece intacta.

La dificultad del remate estuvo precisamente en la rapidez de la ejecución. En lugar de buscar una conducción adicional o acomodarse para asegurar el disparo, el chileno resolvió de inmediato, aprovechando el espacio y la distancia respecto del arco. Esa capacidad para interpretar el instante exacto fue una de las características que lo distinguieron durante sus años en el fútbol italiano y que le valieron el apodo de “Fantasista”.

La celebración trasladó una tradición chilena al corazón de Florencia

Después de marcar, Pizarro se dirigió hacia los más de 20 mil espectadores que llegaron al Artemio Franchi. El momento adquirió un significado especial cuando Ribéry se acercó para acompañarlo. El francés hizo el gesto del pañuelo asociado a la cueca y ambos celebraron con los movimientos del baile que Pizarro había popularizado cada vez que convertía durante su etapa en el fútbol italiano.

La escena fue espontánea, pero también cargada de reconocimiento. La cueca no apareció como un elemento aislado o meramente folclórico: dentro de la trayectoria de Pizarro, se transformó en una forma personal de celebrar y de afirmar su identidad en un contexto internacional. Al repetirla junto a Ribéry, el festejo recuperó un código conocido por los aficionados de Fiorentina y lo convirtió en un gesto compartido entre un referente chileno y una de las figuras extranjeras más queridas por el club.

El aniversario de Fiorentina reunió distintas épocas del fútbol

El partido se disputó como parte de las actividades por los 100 años de Fiorentina y enfrentó al equipo de las estrellas del club con un combinado de leyendas del “Calcio”. La convocatoria permitió reunir a exjugadores vinculados con distintos momentos de la historia del fútbol italiano, en un encuentro cuyo valor excedió el resultado deportivo.

Pizarro formó parte del conjunto de las estrellas de Fiorentina, una elección coherente con la huella que dejó en el club. Su paso por Florencia estuvo asociado a la conducción del mediocampo, la pausa en la circulación y una técnica que le permitía cambiar el ritmo de los partidos. Aunque el duelo no tenía las exigencias competitivas de una jornada oficial, su presencia recordó por qué el volante fue considerado una pieza especial dentro de la tradición reciente del equipo.

Ribéry, por su parte, representó otra generación de figuras que fortalecieron el vínculo entre Fiorentina y los grandes nombres internacionales. La coincidencia entre ambos permitió que la celebración reuniera estilos diferentes: la creatividad sudamericana de Pizarro y la potencia desequilibrante del francés. Más que una simple reunión de antiguos compañeros o rivales, el encuentro puso en escena la diversidad de perfiles que han contribuido a la identidad deportiva del club.

La imagen que permanece no depende del marcador

En los partidos de leyendas, el resultado suele quedar relegado frente a la experiencia colectiva. La principal noticia en Florencia fue la manera en que Pizarro volvió a relacionarse con los hinchas: mediante un gol técnicamente notable y una celebración reconocible para quienes siguieron su carrera. La jugada confirmó su vigencia simbólica, mientras que la cueca reforzó el vínculo emocional construido durante sus años en Italia.

El episodio también muestra cómo ciertos futbolistas logran superar la dimensión estrictamente deportiva. Pizarro no fue recordado únicamente por sus estadísticas o por los equipos en los que jugó, sino por un estilo identificable y por gestos capaces de permanecer en la memoria. En ese sentido, el gol y el baile cumplieron una misma función: devolver al presente una parte de la historia de Fiorentina que los aficionados todavía reconocen como propia.

Con el Artemio Franchi como escenario, el chileno volvió a marcar, celebró a su manera y recibió el acompañamiento de Ribéry. La postal del encuentro quedó definida por esa combinación de precisión, memoria e identidad: un remate al ángulo que parecía salido de sus mejores temporadas y una cueca que, una vez más, llevó el sello inconfundible de David Pizarro.

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