El fútbol brasileño dejó este fin de semana una escena tan llamativa como incómoda en el estadio Couto Pereira. En el duelo entre Coritiba y Chapecoense, por el Brasileirao, el defensor Jacy Maranhao pasó en segundos de celebrar un gol que parecía encaminar la victoria de su equipo a protagonizar una acción que combinó riesgo físico, confusión y frustración deportiva.
La jugada se produjo cerca del cierre del primer tiempo, cuando Coritiba ya estaba al frente en el marcador. Jacy, capitán del equipo y portador de la camiseta número 55, conectó un cabezazo que aparentaba significar el 2-0 parcial. La reacción fue inmediata: corrió hacia la esquina, saltó la valla publicitaria y buscó festejar muy cerca de la tribuna, en una escena de desahogo que duró apenas unos instantes.

Detrás de los anuncios, sin embargo, había una trampa que el jugador no alcanzó a advertir: la fosa de acceso al túnel del vestuario visitante, que ya estaba abierta por la cercanía del entretiempo. Maranhao cayó de forma abrupta por el hueco y quedó fuera de la vista de los presentes, lo que provocó inquietud inmediata entre compañeros, asistentes y aficionados. La imagen del capitán desapareciendo tras el festejo terminó por eclipsar durante unos segundos la propia acción ofensiva.
El susto no pasó a mayores. El zaguero logró reaparecer poco después y recibió atención médica. La secuencia, no obstante, todavía no había terminado. Mientras era asistido, el VAR revisó la acción y determinó que el remate había nacido en posición adelantada, por lo que el árbitro anuló el tanto. El doble revés dejó sin recompensa una celebración que ya había derivado en una caída aparatosa y en una escena difícil de explicar incluso para un partido cargado de tensión competitiva.
Más allá del episodio puntual, la jugada expone dos planos del fútbol actual que rara vez coinciden con tanta claridad. Por un lado, la necesidad de extrema atención en zonas del campo donde los límites físicos entre juego, publicidad y circulación de personal no siempre están perfectamente visibles para el futbolista en plena celebración. Por otro, el peso creciente del VAR, capaz de alterar no solo el resultado de una acción, sino también su relato emocional: un gol festejado como definitivo puede convertirse, en cuestión de segundos, en una anotación inexistente. Coritiba, pese a la secuencia accidentada de su capitán, terminó asegurando una victoria por 2-1 ante Chapecoense.
