Didier Deschamps concluye este sábado su etapa como seleccionador de Francia tras catorce años en el cargo. El técnico francés disputará el partido por el tercer puesto del Mundial 2026 ante Inglaterra en el Hard Rock Stadium de Miami, un encuentro que cerrará una trayectoria marcada por el pragmatismo y por la obtención de resultados por encima de cualquier consideración estética.
La convicción que definió una era
Desde su llegada al banquillo en 2012, Deschamps rechazó la idea de construir un equipo que sedujera por su juego. Prefirió formar una selección capaz de resolver los momentos decisivos de los torneos. Esa opción generó críticas recurrentes en Francia, donde parte de la afición y de la prensa reclamaban un fútbol más elaborado. Sin embargo, los resultados respaldaron su enfoque: un título mundial en 2018, una final en 2022 y una nueva presencia entre los cuatro mejores en 2026.
El propio Deschamps resumió su visión semanas antes del torneo. Afirmó que solo una selección termina satisfecha al final de un Mundial y que su prioridad siempre había sido el presente y el futuro inmediato. Esa frase resume la lógica que aplicó durante toda su gestión y que le permitió mantener el equilibrio colectivo incluso cuando el talento individual de jugadores como Kylian Mbappé exigía libertad ofensiva.
El Mundial 2026 y el final de una etapa
Francia llegó al certamen con la posibilidad de disputar una tercera final consecutiva. La derrota por 2-0 ante España en semifinales truncó esa aspiración y obligó al equipo a jugar el partido por el tercer puesto. Deschamps reconoció que ningún jugador desea disputar ese encuentro, pero también señaló que la cita servirá para ampliar registros que probablemente perduren durante años.

El partido ante Inglaterra tendrá además un valor simbólico. Será el encuentro número 290 de Deschamps con la selección francesa: 103 como jugador y 187 como seleccionador. Curiosamente, su último partido tanto como futbolista como como entrenador se disputará frente al mismo rival, Inglaterra, con veintiséis años de diferencia.
Los números que avalan su método
Durante el Mundial 2026, Deschamps superó a Helmut Schön como el técnico con más partidos dirigidos en la historia de la Copa del Mundo. La semifinal ante España fue su vigésimo sexto encuentro y el duelo por el tercer puesto elevará la cifra a veintisiete. Además, alcanzó los veinte triunfos en fases finales de Mundiales, una marca que ningún otro seleccionador había logrado desde 1930.
Como jugador, Deschamps levantó la Copa del Mundo de 1998 y la Eurocopa 2000 como capitán. Dos décadas después repitió el éxito desde el banquillo al conquistar el título de 2018. Con ello se unió al reducido grupo formado por Mário Zagallo y Franz Beckenbauer, los únicos que habían ganado el Mundial tanto como futbolistas como como entrenadores hasta su llegada.
El relevo y el futuro de Les Bleus
La salida de Deschamps abre una nueva etapa para el fútbol francés. Zinedine Zidane aparece como el candidato más probable para sucederlo. Heredará una selección que sigue contando con una de las generaciones más talentosas del planeta, pero también el desafío de igualar los resultados del técnico más exitoso en la historia de la selección. La transición se producirá en un momento en el que el equipo mantiene una plantilla profunda y competitiva, aunque deberá demostrar si puede sostener el mismo nivel de eficacia en los momentos clave sin la presencia de Deschamps.
El balance final de su etapa como seleccionador muestra 121 victorias, 35 empates y 30 derrotas. Esos números reflejan la estabilidad que consiguió en un cargo sometido a constante escrutinio. Su legado no reside en una revolución táctica ni en un estilo reconocible, sino en la capacidad de convencer a una generación de futbolistas de que, en el fútbol de selecciones, ganar sigue siendo el objetivo primordial.
