Tras la derrota de Rosario Central por 2-1 ante Belgrano en el debut del Torneo Clausura 2026, Ángel Di María centró su atención en un aspecto que trasciende el resultado inmediato. El mediocampista repasó con detalle las dificultades del primer tiempo y la mejora posterior, aunque insistió en que el equipo no mereció salir con las manos vacías de Córdoba. Sin embargo, el peso mayor de sus palabras recayó sobre la selección argentina y el Mundial 2026, donde trazó una línea emocional clara: para él, el torneo concluyó con la victoria sobre Inglaterra en semifinales.
El partido y la autocrítica del equipo
Di María reconoció que el arranque fue irregular. El Canalla tardó en encontrar ritmo y permitió que Belgrano tomara la iniciativa en los primeros minutos. Aun así, destacó que la segunda mitad mostró una versión más ordenada y con mayor posesión. El volante señaló que las oportunidades generadas no se concretaron y que el gol en contra resultó decisivo. Esta lectura combina la aceptación de fallos propios con la convicción de que el esfuerzo colectivo merecía al menos un empate.
El contexto del regreso de Di María a Rosario Central añade relevancia a sus opiniones. Desde su retorno al club de formación en 2026, el jugador ha combinado minutos en cancha con un rol de liderazgo que se extiende más allá de lo deportivo. Sus declaraciones suelen ser medidas y, por eso, el mensaje sobre el Mundial adquirió mayor resonancia.

La frontera emocional del Mundial 2026
El futbolista fue directo al fijar su propio cierre del torneo. Considera que el triunfo ante Inglaterra en semifinales representó el momento culminante para la afición argentina. Según sus palabras, esa victoria generó una alegría colectiva que difícilmente podría repetirse, independientemente del desenlace en la final. La selección ya había conquistado el título en Qatar 2022, pero Di María subrayó que el enfrentamiento contra Inglaterra adquirió un significado especial por el historial de enfrentamientos y por el ambiente que rodeó el partido.
Esta postura no implica desmerecer el resto del certamen. Di María evitó cualquier crítica al rendimiento posterior y se limitó a describir su percepción personal. El enfoque permite entender que, para algunos jugadores con trayectorias extensas, ciertos hitos adquieren un valor simbólico que va más allá del resultado final.
Respaldo a Messi y Scaloni
El volante también se refirió al futuro de las dos figuras más visibles del ciclo. Sobre Lionel Messi, a sus 39 años, Di María afirmó que sigue demostrando las razones que lo colocan entre los mejores de la historia. Expresó el deseo de que el capitán continúe mientras él mismo lo decida, sin presiones externas. La declaración refuerza la idea de que la continuidad depende exclusivamente de la voluntad del propio Messi.
En relación con Lionel Scaloni, Di María fue igualmente explícito. Señaló que el entrenador representa la identidad del equipo y deseó que permanezca al frente el tiempo que considere oportuno. La frase “Scaloni es la Scaloneta. Ojalá siga” resume un apoyo público que contrasta con la polémica generada días antes por una publicación institucional de Rosario Central que omitió imágenes de ambos referentes.
El contexto institucional y el rol de referente
El mensaje de Di María llega en un momento en que su figura adquiere peso adicional dentro y fuera del club. Su regreso a Rosario Central no solo respondió a motivos deportivos, sino también afectivos. En ese marco, sus opiniones sobre la selección funcionan como un puente entre la actualidad del club y los logros recientes de la albiceleste.
El respaldo explícito a Messi y Scaloni adquiere mayor significado al observarse el contraste con la publicación del club que generó debate. Di María optó por reforzar públicamente la continuidad del ciclo actual, evitando cualquier ambigüedad. Esta elección consolida su posición como voz autorizada que trasciende el ámbito estrictamente rosarino.
Las declaraciones permiten comprender cómo un jugador con experiencia en tres Mundiales interpreta el cierre de un ciclo. Al situar la semifinal ante Inglaterra como punto final emocional, Di María ofrece una lectura personal que no busca reemplazar la versión oficial, sino complementarla con la perspectiva de quien vivió el torneo desde adentro. El mensaje mantiene el equilibrio entre reconocimiento al presente y respeto por las decisiones futuras de los protagonistas.
