Señales de alerta
La advertencia de los especialistas es directa: en plena ola de calor, los fallos eléctricos domésticos se convierten en un foco crítico de incendio y explosión. En Hanói, las cifras acumuladas desde 2021 hasta el primer trimestre de 2026 superan los 3.800 incendios, con 157 muertos y 135 heridos, un balance que subraya que el problema no es abstracto ni marginal, sino estructural en el uso cotidiano de la electricidad.
Los indicios más peligrosos son conocidos pero suelen ignorarse: enchufes calientes, cables con el aislante dañado, automáticos que saltan con frecuencia, olor a quemado o ruidos anómalos en los equipos. Mantener el uso en esas condiciones eleva el riesgo de cortocircuito y arco eléctrico, dos mecanismos que pueden convertir una avería menor en un incendio en minutos.

EVNHANOI ha reforzado la prevención con campañas públicas, coordinación con la policía y las autoridades locales, y una mini app en iHanoi que permite solicitar inspecciones técnicas en el domicilio. La estrategia apunta a un punto clave: la seguridad eléctrica no depende solo de la red, sino de la revisión del consumo real en cada vivienda y negocio, donde suelen acumularse las prácticas de mayor riesgo.
La recomendación técnica es concreta: usar equipos certificados, dimensionar bien el cableado, instalar protecciones como automáticos, diferenciales y pararrayos, evitar sobrecargar enchufes y cortar la corriente de los aparatos que no se usan. En sistemas solares domésticos o con baterías, la calidad del diseño y la ventilación del área de instalación son decisivas; sin eso, la transición energética también puede convertirse en una nueva fuente de incendio.
