El Teatro Principal de Vitoria lleva dos años fuera de servicio y aún no tiene fecha exacta de reapertura. El último pase sobre su escenario se produjo el 9 de agosto de 2024, en la clausura de las fiestas de La Blanca, cuando el recinto acogió la función Nunca he estado en Dublín ante un público que, además de asistir a la obra, quiso despedirse del espacio con fotografías y vídeos. Hoy el edificio es un esqueleto en plena reconstrucción, después de que meses atrás se levantara por completo la estructura interior afectada por las obras.
Un cierre con valor simbólico
La despedida no fue una función cualquiera. Desde su inauguración oficial el 18 de diciembre de 1918, el Principal ha sido uno de los grandes contenedores culturales de la ciudad y también un termómetro de sus vaivenes urbanos: reformas, cierres temporales, proyecciones cinematográficas, polémicas y programaciones de teatro, danza o magia han marcado su trayectoria. Que el último acto antes del cierre definitivo coincidiera con el final de las fiestas de 2024 refuerza la carga simbólica de una clausura que muchos espectadores percibieron entonces como provisional, aunque ya era evidente que el edificio iba a entrar en una transformación profunda.

Las obras avanzan sin grandes sobresaltos
Hasta ahora, la reforma ha discurrido con pocos contratiempos visibles. El único incidente relevante que se hizo público fue el hallazgo de un muro durante la demolición del patio de butacas, un elemento que obligó a detener temporalmente esa parte concreta del trabajo. Más allá de ese episodio, el calendario sigue, por el momento, dentro de los márgenes previstos. La segunda fase, centrada en la adecuación estructural y envolvente del inmueble, continúa su curso con el objetivo de завершarse en la primavera de 2027. La ejecución corre a cargo de la UTE formada por Tecsa y Ocisa, bajo la responsabilidad del Departamento de Modelo de Ciudad, Urbanismo, Vivienda, Limpieza y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz.
Ese avance es importante porque separa dos momentos distintos del proyecto. Una vez concluidas las obras estructurales, el edificio quedará listo desde el punto de vista constructivo, pero todavía no podrá funcionar como teatro. Para recuperar su actividad escénica necesitará el equipamiento técnico y escénico específico, una fase que depende ya del Departamento de Cultura y que resulta decisiva para fijar la reapertura real.
El regreso dependerá del equipamiento
El contrato de suministro de maquinaria escénica, iluminación, electricidad escénica, sistemas audiovisuales y butacas, con un presupuesto de 9.325.824,23 euros con IVA incluido, está en proceso de adjudicación. Dos empresas se han presentado a la licitación y el Ayuntamiento confía en resolverla este otoño. La secuencia es clave: si las obras terminan en plazo y el equipamiento se instala sin tiempos muertos, el regreso del público a la puerta de San Prudencio podría producirse a lo largo del otoño de 2027. En una intervención de esta complejidad, esa ventana sigue siendo una previsión, no una garantía cerrada.
La reapertura, además, no será neutra desde el punto de vista de la programación cultural. La vuelta del Principal coincidiría con temporadas ya en marcha de Euskadiko Orkestra y la Banda Municipal de Música de Vitoria, y quizá con el Festival Internacional de Teatro de Gasteiz o con el arranque de la campaña navideña. El reto para la Red de Teatros será encajar de nuevo la actividad en una sala central que durante dos años ha obligado a redistribuir funciones y públicos. En 2027, las fiestas de La Blanca seguirán teniendo teatro en el Félix Petite, mientras que Magialdia continuará fuera del Principal y la orquesta vasca mantendrá sus conciertos en el Conservatorio Jesús Guridi, donde el aforo no permite venta de entradas suelta, y la Banda seguirá apoyándose en el Europa, ya insuficiente para su demanda habitual.
Un exilio que ya pesa
El cierre temporal ha puesto a prueba la capacidad de respuesta de la agenda cultural de la ciudad y, al mismo tiempo, ha confirmado que el público ha aceptado con relativa naturalidad el traslado forzoso. El Félix Petite ha asumido buena parte de ese papel de sustitución y, en muchos días del año, cuelga el cartel de completo. Pero la normalidad paralela no elimina la ausencia del Principal ni el impacto de su inactividad sobre la vida cultural de Gasteiz. La espera se alarga, el calendario sigue avanzando y el desenlace dependerá de que la obra y el equipamiento lleguen a tiempo a una reapertura que, por ahora, sigue siendo una promesa condicionada por la obra y por la política municipal que vendrá después.
