A sus 26 años, Armand Duplantis ha acumulado una trayectoria que pocos atletas logran igualar. Solo dos derrotas en grandes competiciones marcan su historial: una en los Mundiales sub’20 de Bydgoszcz en 2016 y otra en los Mundiales absolutos de Doha en 2019. Desde entonces, doce títulos consecutivos en las principales citas han consolidado su posición como heredero de figuras como Usain Bolt o Carl Lewis. Sin embargo, las últimas semanas han introducido elementos que obligan a revisar esa imagen de invencibilidad.
¿Qué revela la derrota en Estocolmo?
La racha de cuarenta victorias consecutivas terminó el 7 de junio en Estocolmo. Duplantis falló en sus tres intentos por superar los 6,00 y 6,05 metros y terminó segundo con 5,80 metros, por detrás del australiano Kurtis Marschall. El propio atleta reconoció una falta de concentración que vinculó, en tono medio en broma, con la proximidad de su boda. Cinco días después contrajo matrimonio con la influencer sueca Desireé Inglander. Este dato no es anecdótico: la coincidencia temporal entre un evento personal de gran relevancia y el primer tropiezo competitivo sugiere que factores externos al entrenamiento pueden estar influyendo en el rendimiento de un deportista sometido a exigencias constantes.
El 12 de julio, durante la reunión que organiza en Uppsala, Duplantis alcanzó los 6,31 metros, nuevo récord mundial. Solo cinco días más tarde, en otra competición, se retiró con molestias en la pierna izquierda tras lograr 5,95 metros, marca que permitió a su amigo Sam Kendricks llevarse el triunfo. La secuencia de estos resultados muestra un patrón: cuando el objetivo pasa de batir marcas a garantizar la victoria ante rivales más cercanos, el esfuerzo adicional parece generar un coste físico inmediato.

El efecto de los nuevos competidores
La aparición de Manolo Karalis con saltos de 6,17 metros y de Sondre Guttormsen con 6,06 metros ha modificado las condiciones de la prueba. Hasta hace poco, Duplantis podía asegurar la medalla y luego centrarse exclusivamente en el récord. Ahora necesita un salto adicional para distanciarse de rivales que ya rozan los 6,10 metros de forma habitual. Este cambio de escenario obliga a reconsiderar la estrategia de preparación: el entrenamiento extremo que le permitió ser el más rápido en la carrera, el más potente en la plantada y el más elástico en el despegue empieza a mostrar límites cuando se añade la variable de la competencia directa.
La victoria de Duplantis en los 100 metros contra Karsten Warholm con 10,37 segundos sigue siendo un argumento sólido sobre su velocidad. Sin embargo, esa capacidad ya no basta si el resto del salto debe ejecutarse bajo la presión de evitar un nuevo segundo puesto. Los datos de los últimos doce meses indican que los intentos por superar los 6,20 metros han aumentado, mientras que el porcentaje de éxitos en marcas intermedias ha descendido ligeramente.
El coste físico del dominio prolongado
Duplantis ha mantenido un régimen de entrenamiento que combina trabajo de velocidad, potencia y flexibilidad durante más de una década. Este enfoque ha permitido quince récords mundiales, pero también ha acumulado un desgaste que ahora se manifiesta en molestias concretas. La decisión de someterse a una radiografía tras la última competición refleja la prudencia de un atleta que entiende que una lesión en la pierna izquierda podría alterar el calendario de los próximos meses, incluido el Europeo de Birmingham.
La comparación con Renaud Lavillenie resulta inevitable. El francés vio cómo su dominio se desvanecía en pocos años una vez que aparecieron competidores capaces de acercarse a sus marcas. Duplantis ha evitado esa situación durante más tiempo gracias a la ausencia de figuras consolidadas, pero la eclosión griega y noruega acorta ese margen. El riesgo no reside tanto en una caída inmediata como en la necesidad de mantener un nivel de exigencia que ya no permite margen de error.
Perspectivas desde distintos ángulos
Desde el punto de vista de los organizadores de reuniones, la presencia de Duplantis sigue siendo un reclamo comercial. Una posible baja por lesión reduciría el interés mediático y obligaría a promocionar a otros saltadores que aún no generan el mismo atractivo. Para los rivales directos, en cambio, cada tropiezo del sueco representa una oportunidad de consolidar su posición antes de que Duplantis recupere su mejor forma.
Los aficionados y los medios especializados enfrentan una disyuntiva distinta. Durante años, el relato se ha centrado en la superación constante de marcas. Ahora deben incorporar la posibilidad de que el atleta más dominante de la última década atraviese un periodo de adaptación física y mental. Esa transición puede resultar menos atractiva para el público general, pero ofrece una oportunidad para comprender mejor los límites del rendimiento humano en una disciplina tan técnica como el salto con pértiga.
Riesgos y proyecciones a medio plazo
Si las molestias en la pierna izquierda se confirman como algo más que un contratiempo pasajero, el calendario de Duplantis podría verse alterado en los próximos doce meses. Un periodo de recuperación prolongado daría margen a Karalis y Guttormsen para acumular experiencia en grandes competiciones sin la presencia del actual plusmarquista. Esa ventana temporal podría modificar la jerarquía de la prueba de forma más duradera de lo que sugieren los resultados puntuales de este verano.
Por otro lado, la capacidad de Duplantis para gestionar la presión mediática y las exigencias personales sigue siendo un factor determinante. Su historial indica que suele responder a las dificultades con ajustes técnicos precisos. El verdadero interrogante no es si volverá a ganar, sino cuánto margen le queda para seguir atacando récords sin comprometer su integridad física. La respuesta a esa pregunta definirá si la era Duplantis se prolonga o si asistimos al inicio de una nueva etapa más equilibrada en el salto con pértiga.
