Estados Unidos ha rechazado la solicitud ESTA de Joan Capdevila, campeón del mundo en 2010, impidiéndole asistir a la final del Mundial 2026 en Nueva York. La decisión se basa en un partido benéfico disputado en Teherán en 2016, que activa automáticamente las restricciones migratorias estadounidenses hacia quienes han visitado Irán.

Capdevila tramitó el permiso como cualquier ciudadano español bajo el programa de exención de visado, pero el sistema lo denegó días antes del viaje organizado por la Federación Española. Sin autorización, ni él ni sus hijos pueden embarcar ni cruzar la frontera, lo que obliga a tramitar un visado ordinario con plazos incompatibles con el calendario del torneo.
Choque entre fútbol y control migratorio
El caso revela la rigidez de las políticas migratorias frente a eventos deportivos globales: un título mundial pesa menos que una visita de hace una década a un país señalado. Capdevila ha pedido públicamente revisar la decisión y ha apelado directamente al presidente Trump, pero salvo un cambio de criterio de última hora, presenciará la final desde España. La historia ilustra cómo controles automatizados pueden desplazar incluso a figuras emblemáticas del deporte en momentos simbólicos.
