El delantero del Celta Borja Iglesias llevó durante el Mundial un Piaget de los años setenta que se convirtió en su talismán personal. El reloj, de esfera de zafiro y caja con incrustaciones de turquesa y lapislázuli, fue adquirido a través de una cadena de contactos que comenzó en la Relojería Nemesio de A Coruña y terminó en Madrid pocas horas antes de su partida a la competición.

El relojero David Rodríguez y el futbolista comparten afición por los relojes. Tras perder una puja inicial, activaron a un contacto en Cataluña que localizó una pieza similar en manos de un particular. La compra se cerró a tiempo y la entrega se realizó el 4 de junio en el estadio de Riazor, justo antes del último amistoso previo al Mundial.
La elección del reloj azul turquesa, de tamaño reducido y estética poco convencional, refleja la decisión de Iglesias de priorizar su propio criterio estético por encima de las expectativas ajenas. Esa misma autonomía de estilo, combinada con la red de confianza tejida entre el jugador y el artesano gallego, convirtió un objeto en símbolo de continuidad durante la campaña que culminó con el título mundial.
