La Vuelta afrontó este domingo una de sus jornadas más críticas por las altas temperaturas. El calor en Córdoba, con registros cercanos a los 43 grados y picos de hasta 44 en los dispositivos de algunos corredores, obligó a reducir de forma drástica la etapa: de los 200 kilómetros previstos entre Palma del Río y Córdoba se pasó a un recorrido de 110,2 kilómetros.

Una decisión de seguridad con consecuencias deportivas
La modificación fue acordada por la organización, los equipos y los comisarios para limitar el riesgo de golpes de calor y evitar un colapso físico del pelotón. La medida permitió concluir una jornada de apenas dos horas y media, pero también evidenció que las previsiones meteorológicas y los protocolos actuales pueden quedarse cortos ante episodios de calor extremo.
Matthew Brennan, corredor del Visma | Lease a Bike, denunció que las condiciones reales sobre el asfalto fueron más severas de lo anunciado oficialmente. Según explicó, su dispositivo llegó a marcar 44 grados durante los momentos de mayor esfuerzo y advirtió de que una exposición así podría terminar con corredores hospitalizados. La comparación con la temperatura de las oficinas de la UCI puso el foco en la distancia entre la gestión institucional y la experiencia directa de los ciclistas.
La emergencia también afectó al suministro de agua. Algunos corredores tuvieron que pedir bidones a auxiliares de equipos rivales, una señal de que la logística de avituallamiento no respondió plenamente a las exigencias de la jornada. En el plano deportivo, Enric Mas reforzó su posición al aventajar en 27 segundos a Primoz Roglic y Felix Gall, mientras Jakob Omrzel se impuso en solitario en una etapa marcada tanto por la competición como por la supervivencia.
El episodio reabre el debate sobre el calendario ciclista y la obligación de establecer umbrales más claros para neutralizar, aplazar o modificar etapas. La reducción del recorrido evitó una exposición todavía mayor, pero confirmó que el calor ya no es un factor secundario: condiciona el resultado, altera la planificación y puede convertir una prueba profesional en un riesgo laboral difícil de justificar.
