El Celta ha cerrado el mercado de fichajes con diecinueve operaciones y una plantilla que Marco Garcés considera equilibrada, planificada y competitiva. El director de fútbol admite, sin embargo, que queda una cuenta pendiente: concretar una venta importante que ayudara a reforzar la economía del club. La entidad decidió priorizar la estabilidad deportiva al entender que una buena participación en la Europa League podría compensar parte de ese ingreso.

Una plantilla sin más movimientos
Garcés confirmó que no habrá nuevas incorporaciones ni salidas en los próximos días. El club rechazó propuestas porque, a su juicio, perjudicaban más al proyecto deportivo de lo que aliviaban las cuentas. Entre ellas figuró una oferta llegada desde Turquía en las últimas horas, presumiblemente por Ilaix Moriba, cuya valoración económica está lejos de las cifras publicadas, según el ejecutivo. También explicó que una propuesta por Javi Rueda no alcanzaba un nivel que hiciera imprescindible la operación: solo cantidades cercanas a 30 o 40 millones habrían cambiado la decisión.
La planificación se apoya en cubrir la producción ofensiva de los jugadores que salieron, responsables de dos goles y cinco asistencias, mediante los fichajes y la evolución de los canteranos. Esa apuesta implica un riesgo financiero: no vender puede reducir el límite de coste de la plantilla de la próxima temporada, aunque los ingresos y el rendimiento europeo podrían reducir ese impacto. El objetivo deportivo expresado por Garcés se traduce en 53 puntos, mientras que espera que el regreso de Stefan Bajcetic, previsto con prudencia para evitar recaídas, aporte un salto diferencial.
Con el mercado clausurado, el foco pasa a las renovaciones. El Celta ha reservado parte de su margen salarial para negociar acuerdos relevantes; salvo Carl Starfelt, todos los jugadores cuentan con al menos dos años de contrato. Garcés también negó una ruptura con Claudio Giráldez: reconoce debates constantes entre la visión inmediata del entrenador y su enfoque a largo plazo, pero asegura que ambos alcanzan acuerdos en el 99 % de los casos. El balance final combina confianza en el bloque y una presión clara: el rendimiento europeo deberá justificar la renuncia a la venta que el club esperaba cerrar.
