La victoria del Deportivo en La Cerámica no se explica únicamente por su eficacia ante la portería rival. El equipo de Antonio Hidalgo volvió a exhibir una estructura reconocible, capaz de alternar fases de posesión elaborada con mecanismos defensivos muy trabajados. Ante un Villarreal que continúa sin conocer el triunfo en la campaña, el conjunto coruñés sostuvo su plan incluso en los tramos de mayor presión local y encontró en sus futbolistas de menor estatura, pero elevada calidad técnica, el camino para controlar el juego.
El resultado refuerza una idea que ya había dejado señales ante el Valencia: Hidalgo no plantea un fútbol de supervivencia. Su Deportivo busca atraer, asociarse y progresar mediante pases cortos, aunque dispone también de recursos para atacar la espalda de las defensas. La combinación entre paciencia con balón, llegada de los laterales y una delantera complementaria está dando al equipo una identidad competitiva en LaLiga.

Un cuadrado interior para dominar los espacios
La principal base ofensiva volvió a ser el 4-4-2, con Lorenzo Amatucci situado entre los centrales para iniciar las jugadas. El italiano alcanzó un 96% de precisión en el pase, un dato que refleja tanto su limpieza técnica como la importancia de su posición en la salida. Por delante de él, Mario Soriano actuó como enlace, mientras Luismi Cruz y Riki ocuparon los costados interiores. El resultado fue un cuadrado de centrocampistas móviles, preparado para generar apoyos constantes y escapar de la presión amarilla.
La fórmula tiene una lectura táctica relevante. Frente a rivales que adelantan líneas y aceleran los duelos en la medular, acumular futbolistas de buen pie por dentro permite al Deportivo conservar la pelota en espacios reducidos. Amatucci ordena desde atrás, Soriano encuentra recepciones entre líneas y Luismi y Riki aportan conducciones, giros y llegada. El gol de Luismi, incorporándose desde segunda línea, confirmó que ese reparto no persigue sólo asegurar la posesión: también busca poblar el área con sorpresa.
El Villarreal dificultó el arranque con una presión alta y una defensa adelantada que redujo los tiempos de decisión. El Deportivo padeció para superar esa primera barrera, especialmente al inicio de cada mitad. Sin embargo, el momento posterior al gol encajado abrió un escenario más favorable para los visitantes: aparecieron metros, crecieron las secuencias de pases y el bloque pudo instalarse más arriba. La respuesta no fue abandonar el plan, sino ejecutarlo con mayor continuidad.
La salida desde Leo Román como herramienta de control
Leo Román tuvo una participación mucho más profunda que la de un guardameta limitado a proteger su área. El portero ibicenco fue el punto de reinicio cuando el equipo no lograba avanzar o cuando una recuperación no permitía lanzar una transición inmediata. Con 47 contactos de balón y 25 pases precisos en campo propio, asumió la responsabilidad de atraer la presión rival para habilitar una salida corta más limpia.
Ese uso del guardameta exige convicción colectiva. Los centrales deben abrirse, los mediocampistas han de ofrecer líneas de pase y el equipo debe aceptar el riesgo de volver atrás para volver a empezar. Cuando no existía pase cercano porque el Villarreal se estiraba, Román recurrió al desplazamiento largo: acertó cinco de sus 17 envíos. La cifra evidencia que el Deportivo no monopolizó cada fase, pero sí mantuvo una jerarquía clara de soluciones: primero asociar; después, si el contexto lo imponía, buscar profundidad.
Un debut defensivo que amplía las opciones
La única novedad en el once fue la presencia del internacional uruguayo, incorporado para liderar la zaga. Su estreno respondió a esa expectativa desde el primer córner, resuelto con un despeje, y continuó con una defensa de la línea adelantada, capacidad para evitar que el bloque se hundiera prematuramente y seguridad en el juego aéreo. También dejó una muestra de su desplazamiento largo al asistir a Aubameyang en una acción que el delantero gabonés estuvo cerca de convertir.
Su relevo por Loureiro a los 65 minutos no alteró la valoración de un primer encuentro sólido. Hidalgo, que no repite alineación desde noviembre del pasado año, mantiene abierta la competencia y ajusta sus piezas según la necesidad de cada partido. La llegada de un central con mando y pase amplía el repertorio de un equipo que necesita defender lejos de su área en determinados momentos, pero que tampoco renuncia a construir desde atrás cuando el rival aprieta.
La línea de cinco protege un plan ambicioso
La apuesta ofensiva del Deportivo convive con un mecanismo defensivo muy definido. El equipo comenzó replegando en 4-5-1, con Aubameyang cubriendo inicialmente el costado izquierdo. Tras los primeros diez minutos, el delantero pasó a la derecha para cerrar en 5-4-1, con Luismi Cruz asumiendo funciones de carrilero. En la segunda parte, cuando el bloque se hundió más, Adama Traoré ocupó esa responsabilidad sin balón.
La modificación no es improvisada. Hidalgo ya utilizaba esta conversión a línea de cinco en Segunda División y la mantiene como uno de sus movimientos más reconocibles. La lógica es proteger el área y los centros laterales sin renunciar a dejar una referencia para la salida. El riesgo de defender tan bajo es conceder iniciativa y segundas jugadas; la ventaja es que el equipo conserva un dibujo compacto y una respuesta preparada para resistir los picos de dominio rival.
Aubameyang, profundidad y alivio para el bloque
Aubameyang es la pieza que conecta ambos registros. Su aportación no se limita al remate ni a su presencia en el área: baja a recibir, descarga de cara para los centrocampistas y ofrece una vía directa cuando el rival adelanta la defensa. Su velocidad en carreras cortas facilita las rupturas inmediatas, mientras que su aceleración a campo abierto permite al Deportivo romper el ritmo de partidos en los que debe defender más cerca de su portería.
La presencia de Bil en la doble punta ayuda a liberar al gabonés de las disputas físicas más exigentes y le permite elegir mejor sus desmarques. Esa complementariedad explica la insistencia de Hidalgo en mantener dos delanteros. El Deportivo ha encontrado un equilibrio poco habitual entre el juego combinativo de sus interiores y la amenaza vertical de su ataque. Si consigue sostener esa disciplina defensiva y mejorar la continuidad en los inicios de partido, la victoria en La Cerámica puede ser más que una sorpresa: puede ser la confirmación de un modelo competitivo.
