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El Deportivo recupera su sociedad más determinante

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El Deportivo empieza a recuperar en Coverciano algo más importante que dos futbolistas: una parte esencial de su identidad competitiva. Después del desplazamiento desde Hamburgo hasta Florencia, el conjunto coruñés completó su primera sesión de trabajo en suelo italiano con David Mella y Yeremay Hernández integrados durante toda la mañana junto al grupo. La imagen tiene un valor especial porque ambos no compartían entrenamiento completo desde hacía meses y tampoco habían vuelto a coincidir sobre el terreno de juego desde el partido frente al Eibar disputado en febrero.

La noticia llega en un momento delicado de la preparación. El equipo afronta esta semana sus dos últimos compromisos de peso antes del estreno liguero, ante la Fiorentina y el Genoa, y necesita convertir el trabajo de pretemporada en certezas tácticas. Sin embargo, la presencia de Mella y Yeremay en Coverciano no implica que vayan a participar de inmediato en esos amistosos. La prioridad señalada por el club es que ambos puedan estar disponibles el lunes 17 de agosto, cuando el Deportivo reciba al Elche en Riazor para abrir su campaña en LaLiga.

La pausa que interrumpió un ascenso

La relevancia de esta recuperación se entiende al reconstruir la trayectoria reciente del Deportivo. Mella y Yeremay fueron dos de los principales argumentos ofensivos del equipo en el camino desde Primera RFEF hasta la élite del fútbol español. Su influencia no se limitó a la producción de goles o asistencias. También obligaban a los rivales a defender más atrás, ampliaban el campo y permitían que el conjunto gallego atacara con mayor velocidad después de recuperar el balón.

Cuando una plantilla pierde durante cinco meses a una pareja que concentra tanta capacidad de desequilibrio, el problema no se resuelve simplemente sustituyendo dos nombres en una alineación. Cambia el comportamiento colectivo. Los laterales deben escoger cuándo incorporarse, los centrocampistas reciben menos líneas de pase en los costados y los delanteros pueden quedar más aislados. La ausencia prolongada de los extremos obliga además al entrenador a buscar soluciones alternativas, generalmente con sistemas más conservadores o con futbolistas que ofrecen equilibrio, pero no necesariamente la misma amenaza individual.

Ese proceso explica por qué el regreso a los entrenamientos completos tiene una dimensión táctica. El técnico Hidalgo puede volver a ensayar mecanismos que habían dado resultado antes de la interrupción: cambios de orientación hacia las bandas, desmarques interiores de los extremos, presión inmediata tras pérdida y ataques rápidos en los que Mella y Yeremay reciben con espacio. La recuperación física no garantiza que esas secuencias aparezcan automáticamente, pero permite reconstruirlas con los protagonistas que las hicieron eficaces.

El dato más significativo de la sesión es que los dos futbolistas trabajaron con el grupo durante toda la mañana. No se trata todavía de una confirmación competitiva, pero sí de un paso distinto respecto a las fases anteriores de su recuperación. En una pretemporada comprimida, la diferencia entre entrenar parcialmente y completar una sesión puede determinar la capacidad de un jugador para soportar esfuerzos repetidos, interpretar las ayudas defensivas y mantener la intensidad en los minutos finales.

El calendario impone prudencia

El Deportivo tiene por delante una decisión de gestión compleja. Los amistosos contra la Fiorentina y el Genoa ofrecen una oportunidad para medir al equipo ante rivales de tradición y exigencia, pero también pueden convertirse en una fuente de riesgo si se fuerza el regreso de dos jugadores que todavía deben consolidar su carga de trabajo. La cercanía del debut liguero hace que el valor de una victoria en Italia sea menor que el de llegar al 17 de agosto con la pareja disponible y sin una recaída.

La pretemporada suele premiar la continuidad más que la urgencia. Un futbolista que participa unos minutos antes de estar preparado puede obtener una sensación positiva inmediata, pero una lesión muscular o una sobrecarga puede dejarlo fuera durante varias semanas. En el caso de Mella y Yeremay, el coste potencial sería doble: el Deportivo perdería a dos piezas conectadas entre sí y volvería a modificar un plan ofensivo que ha permanecido incompleto durante gran parte del año.

Por eso, la ausencia esperada de ambos en los amistosos no debe interpretarse como un retroceso. Puede responder a una estrategia de protección que prioriza la competición oficial. El objetivo real no es presentar la mejor fotografía posible en Florencia, sino que los dos estén en condiciones de jugar con regularidad cuando empiece una temporada en la que cada punto tendrá un peso considerable. La prudencia, en este contexto, forma parte de la planificación deportiva y no de una falta de ambición.

Más amplitud para un proyecto exigente

El retorno de la dupla también puede modificar el equilibrio de toda la plantilla. Con dos extremos capaces de superar rivales en el uno contra uno, el Deportivo puede fijar a las defensas en los costados y crear más espacio en la zona central. Esa amenaza obliga al rival a enviar ayudas, y cada ayuda genera una consecuencia: un lateral que abandona su posición, un centrocampista que se desplaza o un delantero que queda con menos apoyo para presionar. El beneficio, por tanto, no se mide únicamente en las acciones directas de Mella y Yeremay.

La cuestión será cómo integrar sus características en un equipo que debe adaptarse a un nivel superior. En la élite, los defensores suelen conceder menos tiempo para controlar y encarar, mientras que las pérdidas en campo rival se castigan con transiciones más rápidas. La pareja tendrá que aportar desequilibrio sin convertir cada ataque en una acción individual aislada. Para que su talento tenga un efecto sostenido, el Deportivo necesitará acercar apoyos, proteger mejor las pérdidas y coordinar las subidas de los laterales.

Ese desafío puede hacer que la recuperación de ambos funcione como una prueba de madurez colectiva. El equipo ya conoce el rendimiento que pueden ofrecer en contextos de dominio y espacios abiertos. Ahora deberá demostrar que también puede utilizarlos cuando el adversario presione alto, cierre las líneas de pase o reduzca el partido a posesiones muy disputadas. La capacidad de convertir sus virtudes en soluciones frente a diferentes escenarios será decisiva para medir la adaptación del Deportivo a LaLiga.

La profundidad de plantilla vuelve al centro

El hecho de que Adrià Altimira y Jonathan Asp-Jensen fueran los únicos jugadores que se ejercitaron al margen del grupo introduce otra lectura. La recuperación de dos futbolistas importantes mejora el panorama, pero no elimina la necesidad de contar con alternativas fiables. Una temporada larga exige administrar cargas, responder a sanciones y absorber lesiones inevitables. Si el equipo depende de manera excesiva de una sola pareja para progresar por las bandas, cualquier ausencia volverá a tener un efecto desproporcionado.

La experiencia de los últimos meses ofrece una evidencia concreta. La baja simultánea o prolongada de jugadores determinantes no solo reduce la calidad del once inicial; también modifica los planes de partido y obliga a utilizar futbolistas fuera de sus posiciones naturales. Esa cadena puede afectar a la confianza de los suplentes, a la estabilidad de la defensa y a la capacidad del entrenador para cambiar el ritmo desde el banquillo. El regreso de Mella y Yeremay debe aliviar esa presión, pero también servir para que el club evalúe qué perfiles necesita alrededor de ellos.

La planificación de un recién ascendido, o de un equipo que vuelve a la máxima exigencia, no puede basarse únicamente en sus mejores titulares. Los rivales estudian rápidamente las fortalezas más visibles y buscan neutralizarlas con marcas dobles o bloques bajos. En ese escenario, disponer de extremos alternativos, laterales con recorrido y centrocampistas capaces de acelerar el juego evita que el sistema quede atado a una única vía de ataque.

Riazor como punto de llegada

El partido frente al Elche aparece ahora como el horizonte que ordena todas las decisiones. La expectativa de que ambos estén disponibles para ese encuentro otorga al debut una carga simbólica y deportiva. Riazor podría recibir a una pareja que representa buena parte del vínculo entre el último ascenso y el nuevo desafío, pero el estadio también exigirá respuestas inmediatas. La emoción por el regreso no sustituirá la necesidad de competir con intensidad, proteger el balón y sostener el esfuerzo durante noventa minutos.

El Deportivo deberá evitar que la expectativa se convierta en dependencia. Si Mella y Yeremay vuelven a la convocatoria, su participación puede ser gradual, con minutos controlados y funciones ajustadas a su estado físico. Un regreso inteligente no tiene por qué coincidir con una titularidad automática. La verdadera recuperación se demostrará cuando puedan encadenar jornadas, mantener su rendimiento y participar en la dinámica del equipo sin que cada partido suponga una incógnita médica.

La sesión de Coverciano, por tanto, representa un avance relevante, pero no el final del proceso. El cuerpo técnico todavía tendrá que valorar la respuesta de los futbolistas, el impacto de las cargas y la evolución de quienes permanecen al margen. La Fiorentina y el Genoa servirán para comprobar cuánto ha progresado el resto del grupo; el Elche determinará si esa mejora puede trasladarse a la competición oficial. Entre ambos momentos se juega una parte importante del futuro inmediato del Deportivo: recuperar su principal argumento por las bandas sin comprometer la continuidad que exige su regreso a la élite.

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