La clasificación de Andrea Sanabria Jiménez y Marco Antonio Hernández Salazar para competir en Suiza constituye mucho más que una noticia deportiva. La presencia de una atleta indígena cabécar y de un joven agricultor costarricense en las pruebas Thyon-Dixence y Sierre-Zinal coloca en el escenario internacional dos historias vinculadas con territorios rurales, trabajo comunitario y acceso no convencional al alto rendimiento. Ambos corredores llegan tras ganar La Cumbre Sky Race, organizada por la Federación Costarricense de Deportes de Montaña (FECODEM) en San Gerardo de Dota, y competirán ante participantes con amplia experiencia internacional.
El convenio entre la FECODEM y la organización de Sierre-Zinal abre una vía relevante para que atletas de Costa Rica participen en uno de los circuitos más exigentes del trail running y el skyrunning. Sin embargo, el valor de esta oportunidad no debería medirse únicamente por la posición que ocupen en la clasificación. También será necesario observar si la experiencia se convierte en una política sostenida de desarrollo deportivo, inclusión territorial y protección para los competidores que representan al país.
Una vitrina internacional para talentos fuera del centro
El primer efecto positivo puede producirse en la visibilidad de atletas que normalmente quedan fuera de los principales programas de detección. Andrea Sanabria vive en la comunidad cabécar de Sitio Hilda, en Turrialba; es madre de cuatro hijos, trabaja como cocinera en una escuela y ha ganado diez veces la tradicional competencia al Chirripó. Su trayectoria demuestra que el talento deportivo no está concentrado en los centros urbanos ni depende exclusivamente de academias, gimnasios o equipos profesionales.
La participación de Sanabria puede tener una repercusión particular entre niñas y jóvenes indígenas. Su presencia en una carrera de prestigio internacional desafía la idea de que la representación femenina indígena debe limitarse a ámbitos culturales o comunitarios. Al mismo tiempo, ofrece un referente cercano para mujeres que enfrentan barreras adicionales: responsabilidades familiares, menor acceso a transporte, escasa infraestructura, limitaciones económicas y, en algunos casos, la necesidad de justificar socialmente la práctica deportiva.
El caso de Marco Antonio Hernández muestra otra dimensión. A sus 22 años combina el entrenamiento con la recolección de fresas y moras en Altos del Jaular, en Pérez Zeledón. Esa combinación evidencia una realidad frecuente en el deporte costarricense: atletas con resultados competitivos que no cuentan con ingresos suficientes para dedicarse de tiempo completo. Su título en la Carrera al Chirripó de 2025 y la medalla de bronce en el Campeonato Continental de Skyrunning celebrado en México le otorgan credenciales, pero también hacen visible la distancia entre el rendimiento alcanzado y el respaldo disponible.

La difusión de sus historias podría fortalecer el interés por las carreras de montaña en Costa Rica. El país cuenta con condiciones naturales favorables, una geografía diversa y comunidades con experiencia en recorridos de alta dificultad. Un aumento ordenado de la participación puede estimular escuelas deportivas, pequeños negocios, servicios de guías y actividades vinculadas con el turismo rural. El beneficio, no obstante, dependerá de que la promoción no reduzca a las personas atletas a imágenes inspiradoras sin atender sus necesidades materiales.
El deporte como puente para territorios rurales
La selección de Sanabria y Hernández puede contribuir a equilibrar la representación geográfica del deporte nacional. Mientras buena parte de los recursos y competencias se concentra en el Gran Área Metropolitana, las carreras de montaña se desarrollan en zonas donde el paisaje, los caminos y la relación cotidiana con el terreno forman parte de la vida local. Ese vínculo puede convertirse en una ventaja competitiva, pero no debe confundirse con la ausencia de entrenamiento especializado.
Para las comunidades de Turrialba y Pérez Zeledón, la participación internacional puede generar orgullo y mayor reconocimiento de sus capacidades. También puede impulsar inversiones en rutas, seguridad, transporte y organización de eventos. Si las autoridades locales y los organizadores incorporan a las comunidades en la toma de decisiones, la actividad podría distribuir ingresos y oportunidades en lugar de concentrarlos en empresas externas. La contratación de guías locales, la compra de productos comunitarios y la promoción de alojamientos familiares serían mecanismos concretos para que el impacto económico sea más amplio.
Existe, sin embargo, un riesgo de explotación simbólica. La identidad cabécar de Sanabria puede ser utilizada como elemento promocional sin que exista una participación real de su comunidad en los beneficios o en la definición de la narrativa pública. La representación indígena exige respeto a su historia, su autonomía y su contexto, no solo fotografías y frases motivacionales. Una cobertura responsable debería evitar presentar la pobreza, la maternidad o el trabajo rural como obstáculos exóticos que el atleta debe superar para entretener al público.
Prestigio, preparación y límites del salto competitivo
Thyon-Dixence y Sierre-Zinal no son únicamente pruebas de resistencia. La altitud, los cambios de clima, la inclinación, la duración, el tipo de superficie y la experiencia de los corredores pueden modificar sustancialmente las exigencias respecto de una competencia nacional. El traslado a Suiza supone además un proceso de adaptación al viaje, al huso horario, a la alimentación, al idioma, a los reglamentos y a un entorno competitivo desconocido.
La clasificación obtenida en La Cumbre Sky Race confirma un nivel de rendimiento, pero no garantiza un resultado equivalente en Europa. La comparación entre carreras debe hacerse con cautela: las distancias, el desnivel acumulado, la altitud y las condiciones meteorológicas pueden ser diferentes. Una eventual posición rezagada no debería interpretarse como fracaso nacional ni como prueba de falta de capacidad. La participación internacional puede tener valor formativo aunque los atletas no terminen cerca de los primeros lugares.
El principal desafío será evitar que la presión mediática transforme una oportunidad deportiva en una obligación de obtener un resultado extraordinario. En especial, la etiqueta de “Reina del Chirripó” puede elevar las expectativas sobre Sanabria hasta niveles difíciles de sostener. La experiencia acumulada en una competencia local es valiosa, pero cada carrera tiene una dinámica propia. La preparación debe priorizar la salud, la estrategia y la adaptación, no únicamente la promoción de una hazaña.
También hay riesgos físicos que requieren atención. El trail running combina impactos repetidos, descensos técnicos y esfuerzos prolongados; el skyrunning añade condiciones de montaña que pueden complicar una lesión o una descompensación. Un programa mínimo de acompañamiento debería incluir evaluación médica, fisioterapia, nutrición, planificación de cargas, seguro de viaje y protocolos de emergencia. Cuando los atletas proceden de contextos con recursos limitados, cualquier lesión puede afectar no solo su carrera, sino también sus ingresos familiares.
La oportunidad de profesionalizar sin perder identidad
El convenio entre la FECODEM y Sierre-Zinal puede ser un punto de partida para ampliar la cooperación internacional. Dos cupos son significativos para los corredores seleccionados, pero resultan insuficientes si el objetivo es construir una estructura competitiva permanente. La federación podría aprovechar la experiencia para establecer criterios transparentes de clasificación, categorías de desarrollo, campamentos de preparación y programas de seguimiento para atletas de distintas regiones.
La profesionalización no debería implicar copiar de forma automática modelos diseñados para países con mayor financiamiento. Costa Rica necesita un sistema compatible con las responsabilidades laborales y familiares de sus deportistas. Becas parciales, apoyo para transporte, convenios con centros de salud, asistencia para equipamiento y flexibilidad en los calendarios pueden ser más útiles que un programa basado exclusivamente en concentraciones prolongadas.
La participación de Hernández también plantea la necesidad de reconocer el costo de oportunidad del entrenamiento. Un joven que recolecta fresas y moras enfrenta una relación directa entre tiempo trabajado e ingresos. Si los entrenamientos aumentan sin una compensación adecuada, la carrera deportiva puede volverse económicamente inviable. El respaldo privado podría ayudar, aunque debería formalizarse mediante acuerdos claros para evitar que el atleta quede sujeto a compromisos publicitarios desproporcionados o inestables.
Turismo de montaña: beneficios con una factura ambiental
El éxito internacional de los corredores puede aumentar la demanda de carreras, visitas y actividades en zonas montañosas costarricenses. Ese crecimiento ofrece posibilidades para el turismo rural, pero también puede agravar problemas ya conocidos: erosión de senderos, acumulación de residuos, presión sobre fuentes de agua, perturbación de fauna y congestión en comunidades con infraestructura limitada. Las montañas no son escenarios ilimitados para eventos deportivos; tienen una capacidad de carga que debe ser evaluada.
Los organizadores tendrían que vincular la expansión del calendario con estudios ambientales, límites de participantes, manejo de desechos, señalización temporal y restauración de rutas. El éxito de una competencia no debería medirse solo por el número de inscripciones o por la presencia de patrocinadores. Si los costos ambientales recaen sobre las comunidades mientras los beneficios se concentran en operadores externos, la legitimidad del deporte puede deteriorarse.
La seguridad merece una consideración equivalente. Más carreras y más visitantes implican mayores necesidades de rescate, atención prehospitalaria y coordinación con autoridades. En territorios remotos, una emergencia puede requerir largas horas de traslado. La planificación debe incluir comunicación confiable, personal capacitado y protocolos diferenciados para condiciones climáticas adversas. Promocionar la montaña como una experiencia accesible sin informar sobre sus riesgos puede incentivar comportamientos imprudentes entre corredores aficionados.
Qué debería quedar después de la competencia
La experiencia en Suiza tendrá un impacto más duradero si se documentan sus aprendizajes y se traducen en acciones concretas. La FECODEM podría publicar criterios de selección, costos de la delegación, resultados técnicos y medidas de seguimiento, con el fin de fortalecer la confianza de atletas y comunidades. También sería conveniente que Sanabria y Hernández participen posteriormente en clínicas, encuentros escolares o actividades comunitarias, siempre que ello no implique cargarles responsabilidades que deberían asumir las instituciones.
El resultado deportivo será importante, pero la verdadera prueba institucional estará en lo que ocurra después. Si la clasificación se convierte en un episodio aislado, su efecto quedará limitado a la cobertura periodística y al reconocimiento personal de los corredores. Si, en cambio, abre oportunidades para más mujeres, atletas indígenas, trabajadores rurales y jóvenes de regiones periféricas, el convenio habrá demostrado un alcance mayor que el de una delegación de dos personas.
Costa Rica puede aprovechar esta representación para proyectar una imagen deportiva vinculada con la diversidad y el esfuerzo comunitario, pero debe hacerlo sin romantizar la precariedad ni trasladar a los atletas toda la responsabilidad de inspirar un cambio. El desafío consiste en acompañar el talento con recursos, proteger los territorios donde se practica y garantizar que la inclusión sea verificable. En las montañas suizas se medirá el rendimiento de Andrea Sanabria y Marco Antonio Hernández; en Costa Rica se medirá la capacidad de las instituciones para convertir esa oportunidad en un camino más seguro, justo y sostenible.
