La UD Las Palmas afronta una decisión estratégica en su portería que trasciende la simple cobertura de una posición. Tras cerrar la temporada 2025-26 como el segundo equipo menos goleado de Segunda División con 40 goles encajados, el club canario debe resolver la continuidad de Dinko Horkas, la posible renovación de José Antonio Caro Churripi y el rol futuro de Adri Suárez. La llegada de Rubén de la Barrera como entrenador a partir de julio añade presión temporal, pues el equipo reanudará los entrenamientos el 13 de julio con el cupo de porteros aún por definir.
Valor de mercado y expectativas económicas
Transfermarkt ha elevado el valor del portero croata hasta los cinco millones de euros, duplicando su estimación de hace apenas unos meses. La UD, sin embargo, busca una venta cercana a los diez millones, una cifra que refleja tanto el rendimiento mostrado como la escasez de guardametas con su perfil en el mercado español. Esta brecha entre valoración y precio de salida introduce un riesgo claro: si ningún club paga esa cantidad antes del cierre del mercado, Las Palmas podría verse obligada a retener a un jugador que ya ha manifestado su deseo de dar un salto de categoría.
El caso de Horkas ilustra cómo un buen rendimiento en Segunda puede generar plusvalías significativas. El club invirtió en su fichaje en 2024 y ahora contempla multiplicar esa inversión por cuatro o cinco veces. No obstante, la historia reciente del fútbol español muestra que las ventas de porteros por cifras elevadas son menos frecuentes que las de otros puestos, lo que añade incertidumbre al plan financiero del verano.

El impacto del cambio de entrenador
La contratación de Rubén de la Barrera modifica las condiciones de la decisión. El nuevo técnico necesitará definir rápidamente su jerarquía en portería, especialmente porque Churripi apenas disputó 230 minutos la temporada pasada y su único partido como titular en Liga terminó con una derrota. De la Barrera heredará un debate ya existente entre la fiabilidad demostrada por Horkas y la experiencia de Churripi, quien llegó al Cádiz tras rescindir contrato y ha demostrado capacidad para ser titular en categorías superiores.
Desde la perspectiva del cuerpo técnico, mantener a Horkas hasta que se concrete una oferta adecuada parece la opción más segura. Sin embargo, si la venta se produce tarde, el nuevo entrenador podría verse obligado a trabajar con un portero que ya tiene la cabeza en otro destino, afectando la cohesión del vestuario.
Perspectivas de los jugadores implicados
Churripi afronta una encrucijada personal. La oferta de renovación por un año más representa estabilidad, pero también la posibilidad de seguir siendo suplente si Horkas permanece. Su carrera ha estado marcada por la irregularidad: tras destacar en el Burgos y llegar a Las Palmas en una operación de urgencia, apenas ha podido demostrar su nivel. Una salida al Granada en invierno se frustró, lo que ahora le obliga a decidir entre esperar una oportunidad o buscar minutos en otro club.
Adri Suárez, por su parte, representa la apuesta a largo plazo. Con contrato hasta 2029, su situación es la más cómoda, aunque su falta de minutos oficiales limita cualquier valoración real sobre su capacidad para competir al nivel requerido. El presidente Miguel Ángel Ramírez lo mencionó explícitamente en la rueda de prensa de balance, señalando que forma parte del proyecto futuro.
Riesgos y tendencias futuras
El principal riesgo radica en la concentración de minutos en un solo portero. Horkas demostró capacidad para enmendar errores en balones aéreos, pero cualquier lesión prolongada dejaría a Las Palmas con un portero de 230 minutos de experiencia reciente. La alternativa de promocionar a Adri Suárez sin haber debutado en partido oficial añade otro factor de incertidumbre.
En el mercado de porteros de Segunda División se observa una tendencia clara: los clubes prefieren retener talento consolidado antes que asumir el coste de incorporaciones costosas. Si Las Palmas no logra vender a Horkas en los términos deseados, la opción más probable será renovar a Churripi y mantener la estructura actual, aceptando que la plusvalía se materializará en un mercado posterior. Esta estrategia, aunque conservadora, reduce el riesgo de inestabilidad competitiva en una categoría donde la solidez defensiva sigue siendo determinante para el ascenso.
