Jordi Alba disputó once temporadas con el Barcelona y convirtió 27 goles en total, una cifra notable para un lateral izquierdo que siempre priorizó funciones defensivas. Su único doblete se produjo el 3 de febrero de 2021 en un partido de Copa del Rey contra el Granada que terminó 3-5 tras prórroga, tras remontar un 2-0 en los minutos finales. Ese resultado clasificó al Barcelona a semifinales y formó parte del camino que culminó con el título copero ante el Athletic de Bilbao.

El primer tanto de Alba, en el minuto 90+2, obligó a jugar media hora extra. El segundo, ya en la prórroga, cerró el marcador definitivo. Ambos goles nacieron de la conexión con Antoine Griezmann y Lionel Messi, una triangulación que el propio Alba describió como una jugada ensayada: “Es una jugada que Leo y yo la hacemos siempre”.
La conexión Griezmann-Alba como factor diferenciador
En aquella tarde el francés actuó como enlace entre la mediapunta y la banda izquierda. Su asistencia al segundo gol de Alba demostró que la llegada de Griezmann había modificado los espacios que el lateral podía explotar. Datos del partido reflejan que Alba recibió 14 pases en los últimos 30 metros, el doble de su media en Liga esa temporada. Esta variación táctica permitió que un jugador con perfil defensivo terminara con dos goles y una asistencia indirecta.
Desde la perspectiva del cuerpo técnico de Ronald Koeman, el resultado reforzó la idea de que la Copa del Rey podía compensar una temporada irregular en Liga. El club necesitaba títulos para estabilizar el vestuario tras la salida de Messi al final de esa campaña. Para el Granada, el partido evidenció las limitaciones de un equipo que, pese a liderar el marcador durante 87 minutos, no supo cerrar espacios en la zona de Griezmann.
El efecto en la trayectoria de los protagonistas
Para Alba aquel doblete marcó un punto de inflexión en su narrativa personal. Hasta entonces se le asociaba principalmente con centros y recuperaciones; desde ese día su capacidad de remate se incorporó al relato de su carrera. Griezmann, por su parte, vivió uno de sus mejores partidos como azulgrana y utilizó esa confianza para mejorar su rendimiento en las semanas posteriores. Messi, autor del tercer gol y generador de las jugadas, consolidó su rol de salvador en eliminatorias.
El Granada, en cambio, experimentó el impacto psicológico de ver escaparse una victoria ya cantada. Su entrenador, Diego Martínez, señaló después del partido que la falta de concentración en los últimos minutos había costado la eliminatoria. Esa percepción influyó en la planificación de la siguiente temporada, donde el club andaluz reforzó su defensa de área.
Riesgos de depender de remontadas tardías
El análisis de los datos de la Copa del Rey 2020-21 muestra que el Barcelona necesitó prórroga o goles en los últimos diez minutos en tres de sus cinco eliminatorias. Esta tendencia genera un riesgo estructural: el desgaste acumulado puede afectar el rendimiento en competiciones de mayor exigencia física como la Liga de Campeones. En el caso concreto de Alba, sus dos goles exigieron un esfuerzo adicional en la prórroga que, repetido con frecuencia, podría acelerar el desgaste físico de un lateral que ya acumulaba más de 400 partidos oficiales.
Desde el punto de vista de los aficionados y la dirección deportiva, el partido también ilustra el valor simbólico de los títulos coperos para mantener la cohesión del vestuario en momentos de transición. Sin embargo, la dependencia de resultados ajustados aumenta la presión sobre los jugadores clave y reduce el margen de error en la planificación de plantillas futuras.
El doblete de Alba en Granada sigue siendo un ejemplo de cómo una actuación puntual puede alterar la percepción de un jugador y contribuir al éxito colectivo en una competición secundaria que, en aquel momento, resultaba esencial para el proyecto del Barcelona.
