El empate ante el Leganés (1-1) ha destapado una crisis abierta en el Girona. Según ha informado AS, el vestuario vivió una fuerte trifulca tras el partido, con Tsygankov y un integrante del cuerpo médico entre los implicados. El conflicto no responde solo a un incidente puntual: refleja el choque entre varios jugadores que quieren salir y un club obligado a proteger sus activos mientras busca aliviar su límite salarial.
El caso Tsygankov
El extremo ucraniano, con contrato hasta 2027, se negó a vestirse para el estreno liguero pese a haber sido incluido en la convocatoria a última hora. Quique Álvarez confirmó después que el futbolista estaba en condiciones físicas, pero no quiso cambiarse. Tsygankov había comunicado en pretemporada que no deseaba continuar y sostiene, según la información publicada, que existen compromisos contractuales incumplidos por parte de directivos del club.

Su malestar aumentó al conocer acuerdos del Girona con Trabzonspor y New York City, destinos que no interesan al jugador. Tsygankov prioriza continuar en LaLiga o dar el salto a Inglaterra, mientras la entidad pretende obtener una cifra elevada por su traspaso. La distancia entre el valor económico que exige el club y el proyecto deportivo que busca el futbolista ha convertido su salida en el principal foco de tensión.
Un problema colectivo
La fractura alcanza a más nombres. Vanat permaneció en el banquillo sin jugar, Van de Beek estuvo en la grada y Ounahi no se vistió de corto. No todos los casos tienen necesariamente el mismo origen, pero la coincidencia revela una plantilla afectada por la incertidumbre del mercado. La dirección deportiva necesita ventas o pactos para inscribir fichajes, una presión financiera que limita su margen de negociación y alimenta el desgaste interno.
A dos semanas del cierre de mercado, el Girona afronta una cuestión de autoridad y de planificación. Mantener jugadores descontentos puede depreciar su rendimiento y deteriorar el grupo; aceptar salidas en condiciones desfavorables comprometería la reconstrucción. La respuesta del club en los próximos días determinará si Montilivi recupera estabilidad o si la crisis deportiva se profundiza antes de que la temporada tome ritmo.
