Manolo González salió del RCDE Stadium con un punto y una queja de fondo: la falta de claridad sobre el fuera de juego que anuló el gol de Omar El Hilali. El técnico del Espanyol sostuvo que la explicación recibida —la posición de Marcos Fernández en la trayectoria de la jugada— no despeja por qué se invalidó una acción que podía haber cambiado el partido frente al Sevilla.

Una decisión con efecto competitivo
Para el entrenador blanquiazul, el posible 1-0 tenía más peso que el posterior tanto sevillista de Stassin, en el minuto 85. La jugada nacía de un centro de mérito de Javi Hernández y de una llegada precisa de El Hilali; marcar primero habría obligado al rival a exponerse y habría modificado el plan de partido. El empate llegó finalmente en el minuto 98, con Marcos Fernández como protagonista, pero no borró la sensación de oportunidad perdida.
González sí avaló la expulsión de Sangante en el 58: aunque el defensa tocó el balón, entendió que su contacto posterior impedía a Roberto encarar al portero. La diferenciación revela que su crítica no se dirige a toda decisión arbitral, sino a la inconsistencia interpretativa en acciones de fuera de juego posicional, un terreno donde los equipos reclaman criterios previsibles.
Autocrítica pese al punto
El técnico también señaló problemas propios. Consideró que el Espanyol movió el balón con demasiada lentitud en la primera mitad, facilitando el orden defensivo del Sevilla. La entrada de Marcos Fernández respondía a la búsqueda de dos delanteros y de más presencia en el área, una apuesta que terminó dando resultado. La prioridad inmediata, sin embargo, está en la salida de balón: el equipo quiere proponer y dominar, pero sus errores en la construcción siguen penalizando una idea que exige más velocidad y precisión.
