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El golpe de Tirante

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Thiago Tirante firmó en Cincinnati la victoria más relevante de su carrera al derrotar a Novak Djokovic por 2-6, 6-4 y 6-4 en la segunda ronda del Masters 1000, tras 2 horas y 44 minutos de juego. El argentino, de 25 años, nacido en La Plata y ubicado en el puesto 50 del ranking ATP, resistió la presión de enfrentar al ex número 1 del mundo y actual 5 del circuito, en un partido que amplía su nombre dentro de una temporada de consolidación.

El triunfo tiene un peso histórico inmediato: Tirante se convirtió en el primer argentino en vencer a Djokovic en la última década, desde Juan Martín del Potro en Río 2016, y apenas el octavo en hacerlo en el registro general. La estadística contextualiza la dimensión del resultado. En 68 cruces entre argentinos y el serbio, la efectividad nacional ha sido baja, de modo que esta victoria se inscribe como un hito más allá del recorrido individual del platense.

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Respeto y decisión en el cierre

La escena final también dejó una señal del modo en que Tirante entiende estos desafíos. Cuando Djokovic envió largo el último tiro, el argentino no celebró con desahogo excesivo: se acercó a saludarlo con cordialidad y luego se tapó la boca, todavía incrédulo por el resultado. En la transmisión televisiva, sostuvo que la clave fue seguir creyendo después de varias oportunidades de quiebre desaprovechadas. Su declaración, en español, reflejó más alivio que euforia: sabía que había superado algo que excede un triunfo más en el calendario.

Un recorrido construido desde muy temprano

La historia ayuda a entender por qué el partido tuvo tanta carga simbólica. Tirante creció dentro de una familia ligada al tenis, comenzó a jugar cuando apenas era un bebé y, según recordó, tomó la raqueta a los nueve meses. Pasó su infancia en el club La Cumbre, propiedad de sus abuelos, y hoy trabaja con sus tías como entrenadoras. Esa formación doméstica, sostenida durante años, explica la naturalidad con la que transitó desde el circuito junior hasta el profesionalismo.

Su proyección internacional empezó a tomar forma en 2019, cuando alcanzó el número uno del ranking junior y ganó Roland Garros en dobles en esa categoría. Ese mismo año fue sparring en el ATP Finals de Londres, una experiencia que lo puso cerca de la elite. También entrenó con Roger Federer y Rafael Nadal, dos referentes que marcaron su generación y que él mismo identificó como modelos desde niño. Más tarde llegó su primer título profesional, en el M15 de Monastir en 2020, y desde allí inició una progresión sostenida en el ATP Challenger Tour, donde ya suma seis trofeos.

La maduración de un jugador más completo

El salto de calidad de Tirante no se limita al ranking. Su crecimiento deportivo se apoya en un perfil ofensivo, un saque sólido, una derecha agresiva y una adaptación cada vez más confiable a distintas superficies. Ese progreso quedó expuesto este año con su debut en Copa Davis como líder de un equipo argentino renovado y con victorias que lo fueron sacando del encasillamiento de especialista en polvo de ladrillo. También había mostrado capacidad para competir en canchas rápidas al vencer a Ben Shelton en Houston y a Taylor Fritz en Montreal, ambos integrantes del top ten.

En la temporada acumula 24 triunfos y 13 derrotas, una marca consistente para un jugador que busca estabilizarse entre los mejores cien del mundo. Antes de enfrentar a Djokovic, había superado al británico Jan Choinski en una primera ronda agotadora, también definida en tres tiebreaks. La secuencia de partidos durísimos confirma que su evolución no depende solo del golpe aislado, sino de una resistencia competitiva que empieza a sostenerlo en torneos de máxima exigencia.

Ahora, con la victoria más resonante de su carrera ya instalada en su expediente, Tirante deberá procesar un resultado que cambia su visibilidad y refuerza su condición de figura en ascenso. En la próxima ronda lo espera el español Martín Landaluce, pero el torneo ya le dejó una marca mayor: la certeza de que puede competir y vencer en escenarios reservados para los nombres más pesados del circuito.

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