Muchas personas eliminan la yema por temor a elevar el colesterol y aumentar el riesgo cardiovascular. Sin embargo, el cardiólogo Phạm Mạnh Hùng sostiene que, para la mayoría de los adultos sanos, el problema no está en un alimento aislado, sino en el patrón dietético completo y en la forma de consumirlo.
Un huevo grande aporta unas 70-80 kilocalorías, entre 6 y 7 gramos de proteína de alta calidad, además de vitamina B12, vitamina D, colina, selenio, luteína y zeaxantina. También contiene aproximadamente 180-200 miligramos de colesterol, concentrado principalmente en la yema. Esa cifra explica la preocupación, pero no determina por sí sola el nivel de colesterol en sangre.

La dieta completa pesa más
El organismo, especialmente el hígado, produce buena parte del colesterol. Además, la respuesta al colesterol alimentario varía entre individuos. La evidencia citada por el especialista indica que las grasas saturadas suelen influir más en el LDL, conocido como colesterol “malo”, que el colesterol contenido en un huevo. Carnes grasas y procesadas, mantequilla, lácteos enteros, bollería industrial y frituras representan, por tanto, una preocupación mayor cuando se consumen con frecuencia.
En una alimentación equilibrada, rica en verduras, frutas, cereales integrales y baja en grasas saturadas, una persona sana puede consumir aproximadamente un huevo entero al día. La preparación también importa: se recomiendan huevos cocidos, escalfados, al vapor o hechos con muy poco aceite, en lugar de fritos en grasa animal o sumergidos en aceite.
Combinar el huevo con salchichas, embutidos, carnes ahumadas o productos ultraprocesados puede reducir el beneficio de una dieta favorable al corazón por su contenido de grasas saturadas y sodio. El riesgo de infarto o ictus depende de un conjunto de factores —presión arterial, glucosa, peso, actividad física y antecedentes médicos—, no de una sola yema. Quienes ya tienen dislipidemia, diabetes o enfermedad cardiovascular deben ajustar la cantidad con orientación profesional.
