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El impacto duradero de un joven Messi

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Luis de la Fuente recordó en la previa de la final del Mundial un partido juvenil de 2004 en el que enfrentó por primera vez a Lionel Messi. El entonces entrenador del Sevilla juvenil vio cómo un argentino de 16 años le endosaba cuatro goles en pocos minutos tras un marcaje individual fallido. Aquella experiencia sigue presente en su preparación táctica dos décadas después.

El encuentro formó parte de la eliminatoria de Copa del Rey juvenil entre el Barcelona y el Sevilla. Messi, ya con minutos en el primer equipo de Rijkaard, abrió el marcador en el minuto 52 y completó su exhibición con goles en el 58, el 61 y el 70. El Sevilla llegó al tramo final con opciones, pero el plan defensivo se desmoronó cuando el marcaje personal fue anulado por expulsión.

El hecho concreto revela cómo un talento precoz puede alterar esquemas establecidos incluso en categorías formativas. De la Fuente ha utilizado esa memoria para justificar su rechazo actual a defensas individuales cerradas contra jugadores de élite.

El primer aviso táctico

Aquel partido funcionó como laboratorio involuntario. El Sevilla intentó neutralizar la amenaza con un recurso clásico del fútbol base: asignar un defensor exclusivo. La expulsión del marcador en el minuto 70 liberó a Messi y precipitó la avalancha de goles. El resultado final fue 5-0, pero los cuatro tantos del argentino llegaron en un intervalo de dieciocho minutos, no quince como recordó el seleccionador.

Esta discrepancia cronológica no altera el significado del episodio. Lo relevante es que un adolescente consiguió condicionar por completo la estrategia rival en el tramo decisivo de una eliminatoria a ida y vuelta. Los datos del partido muestran que Messi participó en el 80 por ciento de las acciones ofensivas del Barcelona en la segunda mitad.

Lecciones para la selección española

La decisión de De la Fuente de no repetir marcajes individuales contra Messi en la final del Mundial responde a una conclusión extraída de aquella derrota juvenil. El fútbol contemporáneo penaliza más que antes las concentraciones excesivas de defensores en un solo jugador, porque abre espacios para compañeros. España llega a la final con un sistema basado en posesión y rotaciones constantes que evita dejar huecos claros.

Sin embargo, la historia también plantea una cuestión pendiente: si los equipos que han enfrentado a Messi en torneos recientes han logrado neutralizarlo mediante sistemas colectivos o si han terminado cediendo ante su capacidad individual para romper estructuras. Los datos de la Copa del Mundo muestran que Argentina promedia 1,8 goles por partido cuando Messi recibe más de 45 pases en zonas de tres cuartos.

Perspectivas desde los clubes implicados

Desde el Barcelona, aquel partido confirmó la apuesta por un jugador que ya alternaba con el filial. La Masía obtuvo un retorno inmediato en forma de confianza y minutos de alto nivel. Para el Sevilla, la derrota sirvió como referencia interna sobre los límites de las medidas defensivas reactivas ante perfiles excepcionales. Ambos clubes han repetido en años posteriores estrategias de contención similares sin éxito duradero.

Los jugadores que compartieron campo con Messi en 2004 coinciden en que la diferencia no radicaba solo en la velocidad o el regate, sino en la lectura anticipada de las transiciones. Esa misma cualidad sigue presente en el Messi de 2026, aunque ahora se combine con un rol más organizativo dentro del esquema argentino.

Riesgos de subestimar el talento precoz

El caso ilustra un riesgo recurrente en el desarrollo de categorías inferiores: la tendencia a aplicar soluciones defensivas convencionales contra jugadores que operan fuera de los patrones habituales. Equipos que han repetido ese error en competiciones europeas han visto cómo un solo futbolista condicionaba series enteras de eliminatorias.

En el plano de la selección española, el peligro radica en confiar excesivamente en la solidez colectiva sin prever ajustes específicos para el día del partido. La final del Mundial representa el escenario donde cualquier margen de error táctico se magnifica por la calidad del rival.

Evolución del perfil de Messi

Desde aquella eliminatoria juvenil hasta la final del Mundial, Messi ha transitado de ser una promesa local a convertirse en referente global. El cambio más notable no es físico, sino en la manera en que los rivales deben distribuir recursos para limitarlo. Lo que en 2004 requería un solo defensor ahora exige coordinación de líneas completas y ayudas constantes.

Los datos de tracking de los últimos torneos indican que los equipos que conceden a Messi más de 0,35 asistencias esperadas por 90 minutos sufren un incremento del 22 por ciento en goles encajados. España tendrá que equilibrar su posesión habitual con una vigilancia que no comprometa su propio estilo.

La anécdota de De la Fuente funciona así como recordatorio de que ciertos talentos obligan a redefinir los marcos tácticos cada vez que aparecen. La final del Mundial será el próximo capítulo de esa relación iniciada hace más de veinte años en un campo de juveniles.

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