El Abierto de Estados Unidos 2025 no solo ha establecido récords de partidos que se extienden hasta las 2 de la mañana, sino que también ha provocado un rechazo notable entre los jugadores y una disminución en la energía de las gradas. Con asientos vacíos en el Arthur Ashe y estrellas del circuito agotadas tras jornadas que se extienden hasta la madrugada, el evento que alguna vez fue sinónimo de la electricidad nocturna del tenis bajo las luces está cuestionando su propio modelo de programación. Este fenómeno va más allá de un detalle logístico: refleja una tensión profunda entre la tradición del Grand Slam estadounidense y las demandas reales de recuperación, salud y sostenibilidad del circuito profesional.
NUEVA YORK (AP) — Alexander Zverev no estaba de humor para mucha conversación. Con asientos vacíos por todas partes después de terminar su partido de primera ronda del Abierto de Estados Unidos en las primeras horas de la madrugada, respondió dos preguntas de los reporteros en la cancha y lo cerró rápidamente. “Creo que todo el mundo está cansado. Todo el mundo quiere irse a dormir”, comentó Zverev. La ciudad que nunca duerme se está pasando un poco de la raya este año.

Este año, el US Open ya ha registrado tres finales que se jugaron después de las 2 de la mañana en los primeros seis días, además de otras dos que continuaron más allá de la 1 a.m. Estos horarios han generado preocupación sobre cuánto es demasiado después de la medianoche en un estadio tan grande como el Arthur Ashe. Jessica Pegula, tercera del ranking femenino, señaló que aunque se entiende la complejidad de la transmisión y la televisión para garantizar que ciertos partidos comiencen a una hora determinada, “uno tiene que preguntarse si de verdad es lo correcto que los jugadores estén terminando a las 2 de la mañana, sobre todo cuando no es que — o sea, yo no lo estoy viendo por televisión. Yo estoy durmiendo. Algunas personas se quedan, pero hay mucha gente que necesita irse a casa”.
Comparación con otros Grand Slams: Un modelo que se resiste a cambiar
El contraste con otros torneos es revelador y pone en evidencia las diferencias estructurales que definen cada Grand Slam. Wimbledon instauró un toque de queda a las 11 de la noche, Roland Garros en París programa solo un partido por noche y el US Open, famoso por terminar tarde, parece haber alcanzado un extremo peligroso este año. Venus Williams tuvo que enfrentar el inicio más tardío en la historia del torneo, a las 12:13 de la mañana, tras la eliminación de Novak Djokovic en primera ronda tras 4 horas y 36 minutos. Gran parte del público se quedó para presenciar lo que podría ser el último partido individual de Grand Slam de la jugadora de 46 años, una derrota ante Sofia Kenin. Sin embargo, el horario en sí fue un desafío. “No es lo ideal”, manifestó Williams. “Habría preferido otra cosa, definitivamente. No fue bueno para ninguna de las dos, así que creo que ambas hicimos lo mejor posible. Simplemente no conozco ningún otro deporte en el que tengas que empezar tan tarde. Sin duda creo que hay margen de mejora ahí”.
Esta comparación no es meramente histórica; revela cómo cada torneo equilibra su identidad con las necesidades reales de los participantes. Mientras el francés prioriza un ritmo más controlado para evitar fatiga acumulada durante la temporada, el británico impone límites estrictos de horario, y el estadounidense ha optado por mantener la tradición de la noche extendida, aunque a costa de generar distorsiones significativas en el cronograma global del circuito.
El récord de partidos consecutivos y el primer hombre cabeza de serie
Los dos primeros partidos de Zverev terminaron a la 1:55 y a las 2:15 de la mañana, convirtiéndolo en el primer hombre cabeza de serie en disputar partidos consecutivos a cinco sets para comenzar un major en la era Abierta, que data de 1968. El partido de segunda ronda de Ben Shelton, que comenzó la noche del viernes, se prolongó hasta las 2:07 de la mañana del sábado, gracias a que el partido de dobles de las hermanas Williams duró más de tres horas. Cuatro de los 17 finales más tardíos en la historia del torneo han ocurrido este año. El récord sigue siendo las 2:50 de la mañana, de cuando Carlos Alcaraz venció a Jannik Sinner en los cuartos de final en 2022 camino a su primer título del Abierto de Estados Unidos. “No es fácil”, dijo Shelton después de derrotar a Denis Shapovalov en 3 horas y 22 minutos. “Es la primera vez que experimento jugar tan tarde”. Shelton calculó que lo más temprano que podría dormirse sería a las 5 de la mañana.
Este patrón no solo afecta individualmente a cada tenista, sino que redefine la experiencia competitiva del Grand Slam. Los jugadores cabeza de serie como Zverev enfrentan la presión de mantener un nivel alto en condiciones extremas de fatiga, lo que puede alterar la dinámica de enfrentamientos futuros y crear un precedente peligroso para los jugadores más jóvenes que dependen de estos eventos para consolidar su ranking.
Los efectos en el rendimiento y la recuperación
Aryna Sabalenka, número uno del ranking, que hace dos años disputó lo que ahora es el cuarto partido femenino más tardío, no es partidaria de jugar después de la medianoche ni de los efectos que podrían prolongarse. “Cuando terminas tarde, al día siguiente se te desplaza mucho”, explicó Sabalenka. “O sea, igual necesitas tus horas de sueño, así que empiezas más tarde. Realmente puedes desajustar tu horario”. Estos comentarios subrayan un impacto sustancial en la industria del tenis profesional. Los jugadores de élite enfrentan un dilema ético y físico: participar en un evento icónico que atrae millones de espectadores versus cuidar su salud para la temporada entera. El agotamiento acumulado puede llevar a una mayor incidencia de lesiones, menor concentración y, en casos extremos, al retiro prematuro de torneos.
Desde una perspectiva más amplia, este fenómeno afecta directamente el calendario de la WTA y el ATP, donde la recuperación adecuada es esencial para mantener la calidad del tenis de élite. Los tenistas femeninas, en particular, enfrentan un mayor riesgo porque los ciclos de recuperación son más críticos para prevenir lesiones en un deporte de alta intensidad física y emocional. El desajuste horario no solo afecta el sueño individual, sino que puede propagarse a todo el sistema de entrenamiento y preparación de los equipos.
El rechazo de las gradas: Un síntoma de cambio cultural
Los asientos vacíos no solo reflejan el cansancio de los jugadores, sino también el de los aficionados. En un torneo donde la energía de la multitud es parte integral de la experiencia, la falta de presencia constante en las noches tardías sugiere que el público está evaluando si vale la pena quedarse despierto o si prefiere horarios más razonables. Este fenómeno genera un círculo vicioso: menos apoyo en vivo puede afectar la atmósfera y, a su vez, influir en decisiones de programación. Los asientos vacíos indican que la “electricidad” que alguna vez caracterizó los partidos nocturnos del US Open está perdiendo fuerza, y que una nueva generación de fans, con diferentes hábitos de ocio y trabajo, está cuestionando la relevancia de seguir el torneo hasta tan altas horas.
Este rechazo no es solo cuantitativo; tiene implicaciones cualitativas profundas para la imagen del torneo. Cuando las gradas se vacían, el torneo pierde parte de su magia única, la que lo distingue de otros eventos deportivos. Los organizadores deben confrontar la realidad de que el modelo tradicional de “noche eterna” ya no es indiscutiblemente positivo, sino que genera resistencia tanto entre los que participan como entre los que observan.
Perspectivas de diferentes actores involucrados
Desde la perspectiva de los jugadores, como Pegula, Williams y Sabalenka, el foco está en la recuperación y el bienestar personal. Organizadores del torneo, conscientes de las demandas de transmisión y televisión, justifican los horarios por razones logísticas y de audiencia global. Los medios como AP destacan estos problemas para informar al público, mientras que los sponsors podrían ver riesgos en la percepción de marca si el evento se asocia con agotamiento extremo. La controversia se intensifica porque no hay consenso claro sobre el equilibrio. Algunos jugadores defienden la tradición del US Open, argumentando que la noche es parte del legado del Grand Slam estadounidense, pero otros, como Williams, ven margen de mejora evidente.
Esta tensión entre tradiciones y realidades modernas crea un terreno fértil para debates internos que podrían extenderse más allá del torneo actual. Los jugadores de élite representan un grupo clave porque su opinión influye directamente en la percepción del evento, mientras que los organizadores deben equilibrar la tradición con las necesidades de un circuito globalizado donde la salud de los atletas es cada vez más prioritaria.
Proyecciones para el futuro: Riesgos y oportunidades
Si este patrón continúa, el US Open podría enfrentar riesgos significativos. El burnout de jugadores podría traducirse en menor participación en próximos torneos, lesiones que afecten el circuito entero y una erosión de la popularidad del evento entre audiencias más jóvenes que valoran el equilibrio vida-trabajo. En el largo plazo, es probable que el torneo adopte horarios más tempranos, similar a Wimbledon, o que se instituyan reglas para limitar partidos nocturnos. Una tendencia razonable es la incorporación de sistemas de streaming para finales tarde que atraigan a fans que no pueden asistir en persona, aunque esto podría diluir la experiencia única del Arthur Ashe.
El riesgo principal radica en que, sin cambios, el US Open pierda su estatus de “el torneo de la noche” y se convierta en un evento más comparable a otros en términos de horarios, perdiendo su identidad distintiva. Al mismo tiempo, esta situación representa una oportunidad para innovar: los organizadores podrían explorar formatos híbridos que mantengan la esencia nocturna pero incorporen protocolos de recuperación más estrictos para los jugadores. La industria del tenis entero podría verse beneficiada si se logra equilibrar la tradición con la salud de los atletas, pero el riesgo de fragmentación del circuito es real si no se actúa con prontitud.
En definitiva, el US Open 2025 marca un punto de inflexión en la historia del tenis profesional. Mientras los récords de horarios tardíos celebran la pasión del deporte, también revelan tensiones estructurales que exigen una reevaluación cuidadosa para preservar la integridad del evento y el bienestar de sus protagonistas en un futuro cada vez más exigente.
