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El Madrid mide su profundidad en plena pretemporada

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El Real Madrid completó este miércoles en Valdebebas su tercer entrenamiento de la semana con la mirada puesta en el amistoso del próximo sábado frente al Ferencváros en Budapest. La sesión, marcada por una elevada carga física, estuvo condicionada por varias ausencias que obligan a José Mourinho a gestionar con precisión una plantilla todavía incompleta y sometida a ritmos desiguales de preparación. La situación no define por sí sola el estado competitivo del equipo, pero sí ofrece una primera radiografía de los problemas que pueden acompañar al club durante las próximas semanas.

Dean Huijsen volvió a trabajar al margen después de sufrir molestias musculares, mientras que Franco Mastantuono se ejercitó en el gimnasio a la espera de resolver su cesión a la Fiorentina. A ellos se sumaron las ausencias de Asencio, Éder Militão, Rodrygo y Ferland Mendy, todos ellos pendientes de la evolución de sus respectivas lesiones. Tampoco participaron los internacionales que disputaron el Mundial y aún disfrutan de sus últimos días de vacaciones. El resultado es un grupo dividido entre quienes ya afrontan sesiones exigentes, quienes recuperan su condición física y quienes todavía no se han incorporado.

Una pretemporada condicionada por calendarios desiguales

La principal dificultad para Mourinho no consiste únicamente en preparar un partido concreto, sino en construir una base colectiva cuando los futbolistas llegan en momentos distintos. La pretemporada moderna ha dejado de ser un periodo homogéneo: los jugadores que compiten durante el verano acumulan partidos y viajes, los lesionados siguen programas individuales y los internacionales reciben descansos calculados para evitar una sobrecarga inmediata.

Ese contexto modifica el valor de cada entrenamiento. Una sesión intensa puede ser necesaria para elevar la capacidad aeróbica y recuperar hábitos tácticos, pero también aumenta el riesgo de que una molestia menor se convierta en una baja prolongada si el cuerpo aún no está preparado. El caso de Huijsen ilustra esa tensión. Después de haber trabajado con el grupo, su regreso al entrenamiento individual indica una política de prudencia, no necesariamente la existencia de una lesión grave. Sin embargo, cualquier interrupción en esta fase reduce el tiempo disponible para asimilar automatismos defensivos y entender las exigencias del nuevo cuerpo técnico.

La ausencia de varios defensores tiene además un efecto acumulativo. Militão y Mendy representan experiencia en partidos de máxima exigencia; Huijsen aporta presencia física y capacidad para iniciar el juego; Asencio forma parte de una generación que necesita minutos para consolidarse. Cuando coinciden varias bajas en una misma línea, el entrenador no solo pierde alternativas, sino que debe modificar las parejas, las coberturas y el modo de presionar. En pretemporada, esos cambios pueden servir para probar soluciones, aunque también dificultan la evaluación individual de cada futbolista.

El trabajo físico como mensaje y como riesgo

La intensidad de la sesión responde a una lógica reconocible. Mourinho suele conceder gran importancia a la estructura física porque entiende que la organización táctica pierde eficacia cuando el equipo no puede sostener esfuerzos repetidos, defender lejos de su área o reaccionar tras una pérdida. El encuentro ante el Ferencváros será, en ese sentido, menos un examen de resultados que una oportunidad para comprobar la respuesta del grupo ante una carga alta.

El problema aparece cuando la exigencia no se acompaña de una dosificación individual. Un central que regresa de una lesión, un lateral con antecedentes musculares y un jugador joven que intenta ganarse un lugar no pueden recibir necesariamente el mismo estímulo. Los clubes de élite han desarrollado departamentos médicos y sistemas de seguimiento capaces de medir cargas, aceleraciones y fatiga, pero esos recursos no eliminan la incertidumbre. La aparición de molestias musculares durante la preparación demuestra que la planificación debe ajustarse diariamente.

La gestión de estas semanas tendrá consecuencias más allá del amistoso de Budapest. Si el cuerpo técnico consigue elevar la intensidad sin aumentar la lista de bajas, el mensaje será de control y competitividad interna. Si, por el contrario, se acumulan nuevas ausencias, la discusión se desplazará hacia la conveniencia de las cargas y la profundidad real del plantel. En temporadas con calendarios cada vez más extensos, la preparación física ya no es un asunto auxiliar: se ha convertido en uno de los principales factores de rendimiento y disponibilidad.

Huijsen y la estabilidad de la defensa

La situación de Huijsen merece una atención especial porque afecta a una posición en la que el Madrid necesita continuidad. El central no solo debe estar disponible para competir, sino también integrarse en un sistema que puede exigirle defender espacios amplios, iniciar jugadas bajo presión y coordinarse con compañeros de perfiles diferentes. Cada entrenamiento perdido en esa fase retrasa la construcción de una relación defensiva que normalmente requiere partidos y repetición.

El club deberá encontrar un equilibrio entre acelerar su reincorporación y protegerlo de una recaída. La experiencia reciente del fútbol europeo ofrece numerosos ejemplos de lesiones musculares que, tras un retorno precipitado, derivan en nuevas interrupciones. En un calendario con partidos oficiales, viajes y compromisos internacionales, una baja de varias semanas puede tener un impacto desproporcionado: obliga a cargar minutos sobre los defensores disponibles y aumenta a su vez el riesgo de nuevas lesiones.

Mientras Huijsen trabaja por separado, la ausencia simultánea de Militão y Asencio reduce las posibilidades de formar una línea estable. El entrenador puede recurrir a futbolistas polivalentes o modificar la altura del bloque, pero cada solución provisional tiene un coste. Un equipo que defiende con una zaga improvisada suele necesitar más ayudas del centro del campo, retrocede metros o renuncia a una presión más agresiva. Así, una baja individual puede alterar el comportamiento del conjunto completo.

Mastantuono y la dimensión deportiva del mercado

El caso de Mastantuono introduce una variable diferente: la planificación deportiva queda vinculada a una operación de mercado. Mientras se resuelve su cesión a la Fiorentina, el futbolista se ejercita en el gimnasio y no participa en la preparación colectiva. La decisión puede responder a razones prácticas, administrativas o de protección física, pero sus efectos son concretos: el jugador pierde sesiones de adaptación y el cuerpo técnico deja de contar temporalmente con una pieza que podría haber sido evaluada.

Las cesiones se presentan a menudo como una vía para que los jóvenes acumulen minutos, aunque su utilidad depende de varios factores. El destino debe ofrecer un entorno competitivo, un entrenador dispuesto a utilizar al jugador y una posición coherente con su desarrollo. Un club como la Fiorentina puede proporcionar exigencia y protagonismo, pero el Madrid tendrá que analizar no solo cuántos partidos disputa Mastantuono, sino también qué responsabilidades asume, en qué zonas interviene y cómo responde cuando el rival limita sus espacios.

La operación revela una tensión habitual en las grandes plantillas. El Madrid necesita resultados inmediatos, pero también debe tomar decisiones que protejan el valor futuro de sus jóvenes. Retener a un futbolista sin garantías de minutos puede frenar su progresión; enviarlo fuera implica renunciar a una alternativa de corto plazo. La ausencia de Mastantuono durante esta fase permite observar una consecuencia poco visible de los mercados: las negociaciones deportivas afectan directamente a la calidad y la continuidad de los entrenamientos.

El calendario mundialista cambia las prioridades

Los internacionales que aún disfrutan de vacaciones representan otra pieza decisiva. Su descanso está justificado por la necesidad de compensar el desgaste acumulado, pero su incorporación tardía puede generar una brecha entre la preparación del grupo y la de los jugadores más importantes. Cuando regresen, Mourinho deberá decidir si los introduce de inmediato, si les concede minutos progresivos o si adapta temporalmente el equipo para evitar que disputen demasiados esfuerzos.

Este escenario será cada vez más frecuente mientras aumenten las competiciones de selecciones y se amplíen los calendarios de clubes. La planificación anual ya no puede dividirse con claridad entre temporada y vacaciones: existen periodos de recuperación, viajes intercontinentales, concentraciones y reinicios escalonados. Los equipos con mayor número de internacionales pueden tener más talento, pero también afrontan una preparación más fragmentada.

Para el Madrid, esa fragmentación obliga a definir prioridades. Los amistosos de pretemporada deben servir para dar minutos a quienes están disponibles, probar mecanismos colectivos y acelerar la puesta a punto de los recién llegados, sin convertir cada encuentro en una prueba definitiva. El resultado ante el Ferencváros tendrá valor limitado si el grupo principal todavía no está reunido. En cambio, la manera en que el equipo gestiona las ausencias, corrige errores y evita sobrecargas ofrecerá información más útil.

Lo que está en juego antes de Budapest

El partido del sábado permitirá medir tres aspectos. El primero será la capacidad para sostener el ritmo después de una semana de trabajo físico intenso. El segundo, la consistencia de una defensa que probablemente volverá a presentar combinaciones provisionales. El tercero, la respuesta de los futbolistas que buscan aprovechar la ausencia de varios titulares o que necesitan convencer al nuevo entrenador de que pueden formar parte de la rotación.

También será una prueba de comunicación interna. En plantillas sometidas a competencia permanente, los jugadores que no participan por lesión o por una negociación de salida pueden quedar en una zona de incertidumbre. El club necesita mantener claros los mensajes sobre los plazos médicos, las expectativas deportivas y el futuro contractual. Una gestión opaca puede alimentar rumores y afectar la confianza; una comunicación precisa ayuda a proteger al jugador y evita que cada entrenamiento se interprete como una señal definitiva.

La fotografía de Valdebebas no permite anticipar cómo terminará la temporada, pero sí señala los desafíos que definirán sus primeros meses. Mourinho debe poner en forma a un equipo incompleto sin forzar a los lesionados, integrar a los internacionales sin precipitar su regreso y participar en decisiones de mercado que afectan a la preparación diaria. El éxito no dependerá únicamente de la intensidad de las sesiones, sino de la capacidad para convertir esa intensidad en disponibilidad, continuidad y una estructura colectiva reconocible.

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