El fútbol español atraviesa una etapa de máximo reconocimiento internacional, pero ese prestigio no se refleja en los banquillos de sus dos grandes clubes. Mientras Luis de la Fuente ha guiado a la selección hacia el Mundial, la Eurocopa y la Nations League, Luis Enrique suma dos Champions con el París Saint-Germain y Mikel Arteta ha devuelto al Arsenal a la cima de la Premier, el Real Madrid y el Barcelona continúan confiando principalmente en técnicos extranjeros.
Una paradoja en la élite
La tendencia también se extiende al resto de los equipos españoles presentes en la Champions. Atlético de Madrid mantiene a Diego Simeone desde hace 15 temporadas, una excepción marcada por la estabilidad, mientras el Villarreal cuenta con Iñigo Pérez. Real Madrid, Barcelona, Betis y Real Sociedad, en cambio, afrontan la temporada con José Mourinho, Hansi Flick, Manuel Pellegrini y Matarazzo, respectivamente.

El dato más revelador está en el Clásico: en la última década, solo durante cuatro meses coincidieron entrenadores españoles en los banquillos del Madrid y el Barça. Ocurrió en 2018, con Julen Lopetegui en el equipo blanco y Ernesto Valverde en el azulgrana. La etapa terminó pronto: Lopetegui fue despedido apenas 137 días después de asumir el cargo, tras la goleada madridista por 5-1 en el Camp Nou.
Desde entonces, ambos clubes han encadenado proyectos dirigidos por Zidane, Ancelotti, Flick y otros técnicos extranjeros. El Madrid no cuenta con un entrenador español laureado desde la salida de Vicente del Bosque, mientras que el Barça conserva el recuerdo de los éxitos obtenidos con Guardiola y Luis Enrique. La paradoja sugiere que el problema no es la falta de talento nacional, sino la escasa disposición de las directivas a asumir el riesgo de confiar en él cuando se trata de los proyectos más exigentes del fútbol español.
