El Barcelona afrontará la pretemporada y el inicio de la temporada con al menos siete futbolistas ausentes por el Mundial sub-20 de Polonia. El impacto puede prolongarse durante semanas y alcanzar la primera jornada de la Champions, en un formato en el que cada punto y cada gol pueden resultar decisivos. El calendario europeo podría enfrentar al equipo azulgrana con rivales como Arsenal, Bayern, Chelsea u Olympique de Lyon.

Ausencias que alteran la planificación
La cifra, por sí sola, no explica el problema. Clara Serrajordi y Aïcha Camara, convocadas por España, forman parte del once habitual de Pere Romeu y no son piezas de rotación. Además, el técnico se quedará prácticamente sin laterales naturales durante buena parte de ese periodo: solo Esmee Brugts estará disponible para esa posición. El Real Madrid también perderá a seis jugadoras, una muestra de que el conflicto afecta a todo el fútbol femenino, aunque no con las mismas consecuencias deportivas.
Las futbolistas no tienen responsabilidad en esta situación y difícilmente pueden renunciar a disputar un Mundial. La decisión responde a un calendario de la FIFA que invade el arranque de la competición de clubes, mientras las federaciones priorizan reunir a sus mejores jugadoras para competir por el título. El debate no cuestiona el valor del torneo, sino su encaje con una temporada profesional cada vez más exigente.
La coincidencia también perjudica el desarrollo individual. Rosalía Domínguez, Julia Torres y Noa Jiménez utilizaban la pretemporada para convencer a Romeu y ganarse un puesto en el primer equipo; el Mundial les ofrece experiencia internacional, pero les arrebata el principal escaparate para consolidarse en Barcelona. Hace un año, Serrajordi y Camara aprovecharon precisamente esas semanas para dar el salto definitivo.
La comparación con el fútbol masculino resulta reveladora: cuesta imaginar a Lamine Yamal o Pau Cubarsí perdiéndose el inicio de la Champions para jugar un Mundial sub-20 tras asentarse con la selección absoluta. Mientras los clubes ven alterada su planificación y las jugadoras pierden oportunidades decisivas, el fútbol femenino sigue aceptando un calendario que sería difícilmente tolerado en otros contextos.
