El Paris Major ya tiene definidos sus cuadros y el sorteo ha confirmado una certeza: el segundo gran torneo de la temporada no ofrecerá margen para la relajación. Del 7 al 13 de septiembre, Roland Garros acogerá una cita con 2.000 puntos en juego para las parejas campeonas, en un momento especialmente delicado de la lucha por el número 1. Agustín Tapia-Arturo Coello y Ale Galán-Fede Chingotto, los dos binomios que llegan con mayor presión competitiva, han quedado situados en caminos de alta exigencia.
La competición llega apenas unas horas después del desenlace del Madrid P1, una circunstancia que añade un componente físico y mental relevante. El calendario no permite una verdadera pausa entre dos escenarios de máxima importancia, por lo que la gestión del desgaste puede tener tanta influencia como la calidad del juego. En París, cada ronda no solo acercará al título: también puede modificar de forma significativa la carrera por el trono mundial.

Los campeones de París deberán volver a empezar desde la máxima exigencia
Tapia y Coello afrontan el torneo con un objetivo evidente: defender la hegemonía que han construido en Roland Garros, donde conquistaron las ediciones de 2023, 2024 y 2025. Sin embargo, el sorteo no les ha reservado una ruta cómoda. Los líderes del ranking comparten mitad del cuadro con Juan Lebrón y Leo Augsburger, una combinación que proyecta una posible semifinal de enorme atractivo, aunque antes ambos equipos tendrán que superar varios obstáculos.
Los llamados Golden Boys podrían iniciar su recorrido frente a Libaak-Alfonso. Más adelante aparecen como posibles rivales Álex Ruiz-Javi García o Tolito-Pablo García, mientras que en cuartos de final podrían esperar parejas como Leal-Guerrero o Jofre-Bautista. La lectura del cuadro es clara: Tapia y Coello no solo necesitarán imponer su ritmo habitual, sino también responder ante duplas capaces de cambiar el guion con potencia, defensa o mayor agresividad en la red.
En la misma sección, Lebrón y Augsburger también tendrán que atravesar una zona compleja. Barahona-Sánchez Blasco, Arroyo-Jiménez o Momo-Campagnolo figuran entre los cruces que podrían aparecer en su camino. La hipotética semifinal entre ambas parejas, por tanto, no puede darse por descontada: el verdadero riesgo para los favoritos está en llegar a esa ronda con el menor desgaste posible.
Galán y Chingotto afrontan el desafío de confirmar su impulso
En el lado opuesto del cuadro se encuentran Galán y Chingotto, recientes campeones en Madrid. El triunfo en el P1 madrileño les permite llegar con confianza, pero también eleva las expectativas sobre una pareja que busca consolidar su posición frente a la élite. Tello-Arce y De Pascual-Chozas aparecen como posibles adversarios en octavos, mientras que Coki-Nieto o Goñi-Alonso podrían cruzarse en los cuartos.
La dificultad no termina ahí. En la parte superior de esa mitad se concentran varios equipos con argumentos para aspirar a las semifinales: Stupa-Sanz, Paquito-Di Nenno, Garrido-Bergamini y Sanyo-Esbrí. La acumulación de candidatos convierte esta zona en una de las más imprevisibles del torneo. Para Galán y Chingotto, el reto será mantener la solidez que les llevó a ganar en Madrid sin caer en el error de interpretar el nuevo escenario como una simple continuación del torneo anterior.
El cuadro femenino también castiga a las principales favoritas
La exigencia se repite entre las mujeres. Gemma Triay y Delfi Brea, números 1 del ranking, tampoco han recibido un recorrido sencillo. En una eventual ronda de octavos podrían encontrarse con Nuria Rodríguez-Dal Pozzo, mientras que Icardo-Jensen aparece como posible obstáculo en cuartos. Si avanzan, el premio sería una semifinal frente a Claudia Fernández-Martina Calvo, una de las parejas más en forma después de su victoria en el P1 de Londres.
El posible duelo entre las líderes y Fernández-Calvo tendría además un componente generacional y competitivo particular. Las jóvenes, de 20 y 18 años, han demostrado que ya no ocupan un papel secundario en los grandes torneos, pero antes deberían superar a rivales como Virseda-Fassio o Guinart-Alonso. Su presencia en la zona alta del cuadro confirma la progresiva renovación de la parte más competitiva del pádel femenino.
En la otra mitad, Ari Sánchez-Andrea Ustero y Bea González-Paula Josemaría parten como principales aspirantes a alcanzar las semifinales, aunque tampoco dispondrán de un trayecto despejado. La pareja catalana podría enfrentarse a Rufo-Iglesias en octavos y a Caldera-Goenaga o Salazar-Osoro en cuartos. González y Josemaría, por su parte, tendrían que vigilar cruces ante Montes-Barrera, Velasco-Eugenio o Araujo-Ortega, entre otras combinaciones capaces de alterar las previsiones.
París puede pesar más en la clasificación que en cualquier otro torneo
El valor del Paris Major excede la dimensión simbólica de jugar en Roland Garros. Los 2.000 puntos convierten cada victoria en una pieza decisiva para una clasificación cada vez más comprimida, y el formato del cuadro aumenta la importancia de los detalles: una eliminación temprana de un favorito puede cambiar de inmediato el equilibrio de la temporada.
Por eso, el torneo medirá algo más que el talento de las parejas principales. La adaptación a la pista, la recuperación tras Madrid y la capacidad para sobrevivir a rondas exigentes serán factores determinantes. En un calendario sin tregua, París no premiará necesariamente a quienes lleguen con más brillo, sino a quienes sepan sostener su nivel cuando la acumulación de partidos y la presión por el número 1 empiecen a pesar.
