Durante años, Abdulmanap Nurmagomedov diseñó un proyecto deportivo tan ambicioso como metódico para colocar a varios de sus discípulos en la élite de las artes marciales mixtas. El entrenador daguestaní, fallecido en plena pandemia, concebía la UFC no como la meta de un solo campeón, sino como el escenario en el que una misma familia y su entorno de trabajo podían sostener una hegemonía prolongada. A ese proyecto se le conoce desde entonces como Father’s Plan.
La primera gran pieza fue su hijo, Khabib Nurmagomedov, convertido en una de las figuras más dominantes de la historia de la UFC. Campeón del peso ligero, defendió el cinturón en tres ocasiones y selló una trayectoria invicta que terminó con un registro profesional de 29 victorias y ninguna derrota. Su victoria más recordada, la lograda ante Conor McGregor, reforzó una imagen de superioridad deportiva que Abdulmanap había imaginado años antes como parte de una cadena más larga de éxitos.

La muerte del entrenador alteró el orden inmediato, pero no deshizo su diseño. Khabib decidió retirarse poco después, convencido de que competir sin su padre ya no tenía sentido. Desde entonces, asumió un papel distinto, más cercano al de supervisor y heredero del método que al de protagonista dentro del octágono. Esa continuidad fue clave para que el plan no quedara reducido a una sola carrera deportiva.
El siguiente nombre en confirmar la vigencia de esa escuela fue Islam Makhachev. El peleador ruso amplió la dimensión del legado al convertirse en uno de los campeones más sólidos de la organización. Primero estableció el récord de defensas del título ligero, con cuatro, y más recientemente añadió otro hito al convertirse en el primer luchador en defender el cinturón en ligero y wélter. Su balance, con 29 victorias y solo una derrota, refuerza la idea de una generación moldeada bajo un mismo patrón competitivo.
El proyecto, sin embargo, no se limita a los campeones ya consagrados. Usman Nurmagomedov, sobrino de Abdulmanap y primo de Khabib, es la siguiente apuesta para llevar ese dominio a la UFC. Ya ha conquistado el título del peso ligero en PFL y su eventual salto a la gran liga sería interpretado como una extensión natural del plan familiar. A la vez, Umar Nurmagomedov, hermano de Usman, peleará por el cinturón gallo de la UFC, dos divisiones por debajo, con el objetivo de sumar otro campeón a una estructura deportiva que se ha construido durante años.
Los números ayudan a medir la magnitud del fenómeno. Usman permanece invicto con 22 triunfos profesionales, mientras Umar acumula 20 victorias y una sola derrota. Entre Khabib, Islam, Usman y Umar, el clan Nurmagomedov suma 100 victorias y solo dos tropiezos, una cifra inusual incluso en una disciplina donde la longevidad competitiva es excepcional. Más allá del impacto estadístico, el caso ilustra cómo un trabajo de base, con disciplina extrema y una jerarquía muy marcada, puede generar una sucesión de élite en un deporte de alta rotación y castigo físico.
En la UFC, donde cada reinado depende de márgenes estrechos y de una competencia constante, el Father’s Plan ha dejado de ser una simple idea para convertirse en una línea de continuidad deportiva con resultados comprobables. Su verdadero alcance dependerá de si Usman y Umar logran trasladar al máximo nivel mundial el mismo patrón que convirtió a Khabib e Islam en referentes de la categoría. Por ahora, la herencia de Abdulmanap sigue produciendo campeones y manteniendo viva una de las historias más singulares de las MMA modernas.
