La mención de Guillermo Viscarra en la carpeta de San Lorenzo no surge de un simple repaso de mercado, sino de la relación directa que el guardameta boliviano mantuvo con Néstor Gorosito durante su paso por Alianza Lima. Ese vínculo personal explica por qué el técnico argentino insiste en traerlo al club que dirige en la actualidad. La operación, todavía sin oferta formal, depende en gran medida de que Orlando Gill deje el plantel argentino tras el interés que despertó en Europa tras el Mundial 2026.
La confianza personal como motor del interés
Gorosito conoce las virtudes y limitaciones de Viscarra mejor que cualquier otro entrenador que pudiera evaluarlo desde la distancia. Durante el semestre que compartieron en Matute, el arquero boliviano disputó la mayoría de los partidos de la Liga 1 y respondió en partidos clave de la Copa Libertadores. Esa continuidad no fue casual: el estratega valoró su capacidad para organizar la defensa y su temple en los momentos de presión. Ahora, al frente de San Lorenzo, el mismo criterio se aplica para decidir quién competirá por el puesto de titular. La decisión no responde únicamente a estadísticas de la temporada actual, sino a una evaluación previa que ya demostró resultados concretos en el fútbol peruano.
Desde el punto de vista del club argentino, incorporar a un jugador que ya respondió a las exigencias del mismo técnico reduce el riesgo de adaptación. San Lorenzo necesita un arquero que pueda integrarse rápidamente al sistema de juego sin requerir un periodo extenso de ajuste. Viscarra, a los 33 años, aporta experiencia internacional acumulada en Bolivia, Israel y Brasil, además de su rol como titular absoluto en la selección de su país. Esa combinación de madurez y conocimiento mutuo con el entrenador constituye el principal argumento a favor de la operación.
La salida de Gill redefine las prioridades
El posible traslado de Orlando Gill a Europa obliga a San Lorenzo a anticipar escenarios. El paraguayo se consolidó como una de las figuras emergentes del plantel y su marcha dejaría un vacío que no se resuelve con cualquier recambio. El club ya ha empezado a revisar alternativas y el nombre de Viscarra ganó peso precisamente porque Gorosito puede avalar su rendimiento en tiempo real. Esta dinámica muestra cómo las decisiones individuales de un jugador pueden alterar la planificación de todo un equipo en pleno semestre.
Para Alianza Lima, la situación plantea un dilema distinto. Viscarra sigue siendo pieza importante en el esquema actual y su salida en mitad de temporada complicaría la búsqueda de un reemplazo de similar nivel. El club peruano no ha recibido ofertas formales, pero el interés real de San Lorenzo podría traducirse en una negociación si se concreta la marcha de Gill. El equilibrio entre retener al arquero y no obstaculizar su carrera profesional dependerá de la postura que adopte la dirigencia íntima en las próximas semanas.

Perspectivas cruzadas entre tres mercados
El interés de San Lorenzo revela patrones que van más allá de un caso aislado. Los entrenadores sudamericanos que han dirigido en varios países tienden a replicar esquemas de confianza cuando llegan a un nuevo club. Gorosito ya demostró esa preferencia al llevarse a otros jugadores con los que coincidió previamente. Esta práctica acelera la conformación del plantel, pero también genera debates sobre si prioriza el conocimiento personal por encima de una evaluación más amplia del mercado. En el caso de Viscarra, el argumento a favor es que su rendimiento bajo la misma dirección fue verificable y reciente.
Desde la óptica boliviana, el posible regreso de Viscarra a un club argentino representa una oportunidad de mayor visibilidad. El arquero titular de la selección nacional podría beneficiarse de la competencia en una liga más exigente, aunque también enfrenta el desafío de adaptarse a un contexto donde los márgenes de error son menores. Su trayectoria previa en The Strongest y Bolívar le da herramientas para lidiar con la presión, pero el salto a Argentina exige una nueva curva de aprendizaje a una edad en la que muchos arqueros ya priorizan estabilidad.
Riesgos y proyecciones a mediano plazo
El principal riesgo radica en la edad del arquero y en la posibilidad de que su rendimiento actual no se mantenga estable en un entorno más competitivo. A los 33 años, Viscarra conserva condiciones físicas demostradas, pero la adaptación a un nuevo país y a un esquema táctico diferente puede requerir tiempo que San Lorenzo no siempre puede otorgar. Además, si Gill permanece en el plantel, la competencia interna se vuelve más compleja y el boliviano podría quedar relegado a un rol secundario, afectando su continuidad.
En términos de mercado, este tipo de movimientos podría repetirse con mayor frecuencia. Los entrenadores que acumulan experiencia en varias ligas sudamericanas construyen redes de jugadores confiables que facilitan las transiciones entre clubes. Sin embargo, esa misma dinámica puede limitar la renovación de planteles si se privilegia sistemáticamente el conocimiento previo sobre la búsqueda de nuevos perfiles. San Lorenzo deberá equilibrar la urgencia por reforzar el arco con una evaluación objetiva de las opciones disponibles antes de cerrar cualquier acuerdo.
El desenlace dependerá de cómo evolucione la situación de Gill y de la respuesta que Alianza Lima dé ante una posible oferta. Por ahora, el interés de Gorosito mantiene viva la posibilidad de un reencuentro que, de concretarse, ilustraría cómo las relaciones técnicas pueden influir en las decisiones de mercado más allá de las cifras puramente deportivas.
