Santander vivió un regreso largamente esperado: 5.223 días después de Anoeta, el Racing volvió a Primera con un empate ante el Villarreal que confirmó dos cosas a la vez, la magnitud del reencuentro y la fragilidad de un equipo que sigue instalado en el ida y vuelta. El Sardinero respondió como una ciudad en estado de memoria activa: banderas, familias, exabonos y una grada que convirtió el estreno en una celebración colectiva antes incluso del pitido inicial.

En el campo, el Racing sostuvo durante media hora la energía del día con un arranque contundente y goles de Andrés Martín y Sergio Martínez, pero el Villarreal castigó el exceso de vértigo con dos tantos en el descuento que dejaron el marcador en tablas. La lectura es clara: el equipo de José Alberto tiene identidad, iniciativa y un estadio detrás, pero en Primera cada concesión se paga al instante. La vuelta ya no es una promesa; ahora empieza la prueba real de resistencia.
